Liderazgo y sentido de urgencia

Por Félix Besio

A partir del tweet de @jmartinezjorge sobre Uruguay como "la Gran Neozelandesa" o la
Suazilandia, nació un debate.
En https://x.com/yucayo/status/2051473849183584716 , sobre liderazgos políticos
Carlos Abel dice que a él le parece que los liderazgos irán surgiendo de a poco como
parte del proceso de cambio Pienso que no necesariamente. Los liderazgos no surgen por generación espontánea.
Para que surjan liderazgos en procesos de cambios, yo creo que tienen que darse ciertas
circunstancias. Por un lado, la ciudadanía tiene que percibir una situación de urgencia.

Y si bien estamos en una crisis nacional en diferentes áreas, no estoy seguro de que la ciudadanía
lo esté percibiendo de esa forma. Nos lo muestran diferentes índices cuyos indicadores
son medidos en buena medida a través “percepciones”.
Por ejemplo, estamos bien posicionados en el índice de libertad económica, siendo que
la realidad indica que somos un país lleno de regulaciones, restricciones, monopolios y
trabas que atentan contra esa libertad económica y que, dicho sea de paso, perjudican al
ciudadano común a la vez que favorecen corporaciones sindicales y empresariales.
Somos democracia plena, pero el ciudadano tiene restricciones al momento de elegir, ya
que no puede alterar la sábana de votación (si quiere votar al que le gusta, tiene que
votarlo junto al que no le gusta, es todo o nada); no se puede cruzar voto entre niveles
de representación (diputados – senadores – fórmula presidencial), ni entre niveles de
gobierno (Intendencia Municipal – municipio local), y hasta existen “perversiones” que

hacen que un candidato que ni siquiera tiene votos suficientes para ser diputado por él
mismo, pueda terminar siendo senador (¿a quién representa esa persona en el Senado si
no tienen representados?).
Y ni que hablar del índice de “felicidad”, ya que somos el país más feliz de Sudamérica.
Y eso que tenemos altísimas tasas de suicidios y de homicidios sobre cantidad de
habitantes, con la mitad de los jóvenes que no terminan secundaria, con cada vez menos
comprensión lectora, pensamiento propio y demás tragedias que todos conocemos.
Eso en lo que tiene que ver con la ciudadanía.

En lo relativo a los liderazgos, antes que nada tienen que haber visión estratégica de estadista, visión de largo plazo. En base a un modo de ver el mundo y la realidad (ideología y valores) tienen que saber hacia dónde
liderar. Y si algo nos demuestran los liderazgos actuales es que son cortoplacistas. Su
“visión” no va más allá de los próximos 5 años. Por eso somos los reyes de la
procrastinación y, por qué no decirlo, de una mediocridad tal que nos está llevando en
espiral descendente hasta que el choque con el piso sea inminente. Condenamos, en
reiteración real y sin escrúpulos, a las generaciones por venir.

Tal vez todo esto sea mucho bajón, pero sí puede haber una salida, aunque dada la
situación, pienso que la salida pasa sí o sí por sacrificios. Y yo visualizo esa salida con
dos pilares. Por un lado, volver a un sistema educativo que también mire los contenidos,
reincorporando las humanidades y la filosofía, herramientas éstas para que los jóvenes
tengan pensamiento propio. O sea, no sólo hay que “saber hacer” algo, sino que también
hay que “saber por qué se hace”.
Por otro lado, deberá haber líderes que estén dispuestos a sacrificios personales. Que
expliquen con lujo de detalles a la ciudadanía las bombas de tiempo que tenemos
ticking en nuestro país, las posibles soluciones y los consecuentes sacrificios que hay
que hacer para desarmar esas bombas. Porque, moralmente, ya no vale procrastinar.

Ese liderazgo deberá aceptar para sí los costos políticos que todo ello conlleva. Algo así
como un buque insignia que, sin ser rompehielos, vaya abriendo el camino en el hielo,
para que otros barcos puedan seguirlo, navegando en su estela. Probablemente el buque
insignia termine en el fondo del mar con su casco destrozado, pero habrá abierto el
camino para que otros pudiesen cruzar la zona helada de la mediocridad, de la desidia,
de la pusilanimidad, de la “acá siempre se hizo así”, todo lo cual constituye nuestro
propio y sepulcral “Mar de los Sargazos”.

En definitiva, liderar para que otros puedan alcanzar alcanzar «el otro lado», el camino al desarrollocamino al desarrollo.

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