Por Graziano Pascale
Si la Coalición Republicana nació para quedarse en el escenario de la política uruguaya, más tarde o más temprano deberá encaminarse hacia un formato diferente al actual. Esta es la conclusión más clara de la investigación realizada por la Consultora Radar para CONTRAVIENTO, cuyo informe final resumimos en dos artículos en la última semana.
El trabajo, realizado en la modalidad de «focus group» entre votantes de la actual Coalición de gobierno, dejó en claro que los participantes, tanto de Montevideo como del interior, dividido en franjas etarias de 25 a 35 años, y de 45 a 55, se identifican con la Coalición, y critican los «personalismos» y los «egos» que impiden que su actuación sea más armoniosa. Entiende, además, que esos factores obstaculizan su proyección al futuro, en el que desean ver nuevamente a la Coalición al frente del gobierno nacional.
La investigación deja en evidencia que entre los votantes del actual gobierno ha ido creciendo un sentimiento «coalicionista», que parece ser el embrión de un nuevo bloque político por encima de las divisas tradicionales. Para usar una expresión acuñada en su momento por Julio María Sanguinetti, estamos en presencia de una «familia ideológica» que se expresa en un nivel que supera los partidos de origen de los que provienen sus votantes.
Parece claro, a la luz de esta comprobación, que el sistema de partidos se encuentra en una fase de transición, que en algún momento dejará atrás las viejas identidades partidarias, para asumir una «nueva piel» luego de la experiencia de la Coalición Republicana.
Los partidos que en las elecciones del año 2019 lograron vertebrar una coalición, bautizada entonces por el presidente Lacalle Pou como «multicolor», cuentan en su liderazgo con una conducción cuyas raíces aún se encuentran en el pasado, mientras que en buena parte de sus votantes, especialmente en las generaciones más jóvenes, las viejas tradiciones y mitos partidarios pesan cada vez menos.
Al no encontrar aún una «casa común», esos votantes están obligados a elegir entre las actuales opciones partidarias. Un difuso ideario que se vertebra en torno de las ideas de libertad y de la búsqueda personal de las propias aspiraciones individuales, parece estar en la base de ese grupo de ciudadanos que se expresarán en las urnas el año próximo. Se trata de un desafío para el propio sistema de partidos que forman la actual Coalición Republicana, que debe plasmarse en una renovación de prácticas, estilos, programas y liderazgos.
El Presidente Lacalle Pou parece haber percibido que este fenómeno ya está en marcha, y de alguna manera su exhortación a los Intendentes del Partido Nacional a plasmar «coaliciones departamentales» en las próximas elecciones parece ir en esa dirección.
En Montevideo, sin gran convicción, ya ocurrió en las últimas dos elecciones departamentales, pero sin un compromiso mayor de los partidos en dar vida a una opción permanente, como parece demostrarlo el abandono de Laura Raffo del escenario montevideano, para lanzarse a una aventura electoral a nivel nacional.
A diferencia de la elección nacional, en la que el sistema del balotaje obligaba a los partidos de la Coalición a presentarse con candidatos propios en la primera vuelta, a nivel departamental la ausencia de una segunda vuelta obligaba a los partidos a unificarse bajo un mismo lema, pero la falta de visión política impidió que la oferta electoral fuera más amplia, dejando a la Coalición con una única candidatura del Partido Nacional, que por obvias razones no estimuló por igual al resto de los partidos en la contienda electoral.
Esa fallida experiencia deja en claro que deben revisarse los criterios, los nombres y la estrategia aplicados en Montevideo. De la mano de esa profunda revisión de lo actuado, debería sobrevenir un nuevo acuerdo, tanto a nivel departamental como nacional.
Falta, entonces, el último paso, que consiste en trasladar al ámbito nacional la idea lanzada por el Jefe de Estado. Los «coalicionistas» todavía huérfanos, mientras esperan quizás en vano que los dirigentes asuman ese desafío, deben comenzar a analizar la posibilidad de dar ese paso desde el llano, en la esperanza de que el mensaje llegue a los dirigentes. Más tarde o más temprano va a ocurrir. Es inevitable.
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Ilustración: Silvio Moreira
