“No puedes forzar a una mente a producir. Puedes esclavizar el cuerpo, pero no la mente”. Ayn Rand (La rebelión de Atlas)
Si se analiza el Siglo XX, tan lleno de hechos significativos, el año de 1957 es bastante pobre en materia de sucesos extraordinarios. Como el año de nacimiento de este oscuro columnista, de un país que el mundo ni registra, no constituye acontecimiento que merezca mencionarse. En cambio hay uno que sí lo es, particularmente relevante, y prueba de ello es que en torno a él centraremos el análisis en esta columna.
Se trata de la publicación en los Estados Unidos de la obra magna de Ayn Rand “La rebelión de Atlas” y ese sí que constituye un hito que perdura. La extensísima novela -que bien podría decirse está a medio camino del ensayo- se sitúa en unos EE.UU que se hunden progresivamente víctima del intervencionismo, las continuas regulaciones, y el crecimiento del sentimiento anti empresarial, de rechazo de todo individualismo y la deificación del altruismo como bien supremo administrado -e impuesto- por el Estado.
En “Atlas Shrugged” Ayn Rand utiliza el mito como metáfora del titán de la mitología griega, que sostiene el mundo sobre sus hombros, para ilustrar su filosofía del objetivismo y criticar el colectivismo. La metáfora se desarrolla a través de la idea de que los individuos más productivos, creativos y racionales de la sociedad —los «Atlas» modernos, como inventores, empresarios e innovadores— son quienes sostienen el progreso y la prosperidad del mundo mediante su esfuerzo, inteligencia, creatividad y, cómo no, ambición.
Rand plantea que estos individuos son perseguidos por un sistema crecientemente colectivista que les impone regulaciones opresivas, redistribución de riqueza -uno de los nombres dados a la confiscación cuando quien la hace es el Estado- y una moral altruista que castiga el mérito y exalta la mediocridad.
La «rebelión» del título ocurre cuando los “Atlas” inspirados por John Galt, deciden «encogerse de hombros» (en inglés, shrug), es decir, retirar su talento y esfuerzo del mundo, negándose a seguir sosteniendo una sociedad que los parasita. Vale decir, deciden ir a la huelga que es como originalmente llamó a la novela. Esto lleva al colapso de la civilización, mostrando que el mundo depende de la mente y la libertad individual.
La metáfora enfatiza el mensaje central de Rand: el valor supremo del individuo racional y productivo, y la necesidad de un sistema que respete la libertad y el mérito para que la sociedad prospere. Una sociedad centrada en los constructores en lugar de los predadores refugiados tras sus roles de planificadores. Es una crítica al socialismo y al intervencionismo, y una defensa del capitalismo.
Productores y empresarios amenazados: La sombra de Atlas sobre Uruguay
«No produciré en un mundo que me castiga por mi virtud«. John Galt
Rand imagina un mundo donde los productores, hartos de un sistema que los castiga por su creatividad, «desaparecen», dejando que la economía colapse bajo el peso de burócratas y oportunistas.
En los capítulos IV a VII de la Segunda Parte de Atlas, la Comisión de Planificación de Wesley Mouch, aliada con el Capo supremo de los sindicatos Fred Kinnan (arquetipo de los Abdalas del mundo) impone la Directiva 10-289, una medida que congela empleos, salarios, y producción -pero no los impuestos-, justificándola como «estabilidad». El resultado es la desmoralización de los empresarios, como Hank Rearden, que ven sus esfuerzos penalizados por regulaciones y tributos. Muchos «desaparecen», retirándose al valle de Galt, mientras la economía colapsa.
Lo que en los Estados Unidos de mitad de siglo era una distopía con tonos apocalípticos, comenzó a convertirse en una realidad de pesadilla a medida que el Estado, tras el “veranillo” instalado por Reagan, retomó su imparable avance regulador y crecimiento burocrático en desmedro de las libertades que en los dos siglos anteriores lo había convertido en la gran potencia.
Salvo los tecnológicos, más difíciles de controlar a partir de un mundo conectado en tiempo real -refugiados en el “valle de Galt” que es Silicon- tomaron el camino del exilio, la deslocalización hacia el tercer mundo y en particular, China.
No muy distinto fue el proceso seguido por los Atlas argentinos durante las décadas kirchneristas, en particular la cristinista, conformando un éxodo que tuvo como refugio al Uruguay que vivía su propio veranillo de un gobierno de coalición apenas un poco menos estatista y que, tímidamente, ensayó algunas reformas en el sentido correcto.
Poniendo proa al pasado
En Uruguay, desde el triunfo electoral del socialismo colectivista conformado por la variopinta sociedad del Frente Amplio, el Pit-Cnt, la UDELAR y toda suerte de “colectivos” afines -encargados de “acumular” para el proyecto corporativista gramsciano- y, en particular desde la conformación del Gabinete -especialmente con el otorgamiento al Partido Comunista irreductiblemente marxista-leninista, del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, o sea, las claves y llaves del conflicto institucionalizado- las empresas comienzan a anunciar intenciones de retiro, o cancelación de proyectos de inversión o, como la japonesa Yasuki, el retiro inmediato, liso y llano, hartos de años de un clima de guerracivilismo, y encima, agobiadas por impuestos asfixiantes, burocracia excesiva y despilfarros inaceptables.
No menos paradigmático es el caso de la pesca, por estos días presa de un conflicto salvaje que va camino a provocar la pérdida de una zafra entera, sino también los miles de puestos de trabajo de una industria intensiva en demanda de mano de obra -especialmente, mujeres, muchas de ellas jefas de hogar- y tirar por la borda negocios y mercados de exportación que, ausente Uruguay incumpliendo compromisos asumidos, serán captados por otros países productores. En este ámbito, podemos estar asistiendo a la muerte, lisa y llana, de una actividad económica entera que, en condiciones normales, posee un enorme potencial nunca bien aprovechado. Claro, ese conflicto sucede fronteras adentro de la República Autártica del Puerto donde, desde siempre reinó y reina el brazo armado sindical del Partido Comunista, desde el “contenedor de Juan Castillo”.
Ofensiva anticapitalista
Pero la ofensiva anticapitalista de los destructores no se detiene ahí. El llamado al denominado “Diálogo por la Seguridad Social” convocado desde Presidencia con el auspicio del PitCnt, amenaza con desconocer el resultado de las urnas en el plebiscito, y con ello reinstalar el clima de inseguridad jurídica que, en este asunto en particular tiene especial relevancia.
Peor aún que el eventual engendro que pueda salir de allí, lo es que responde al más perfecto modelo corporativista propio del fascismo primigenio, dejando a un lado -y, por tanto, vaciándolo de contenido- al Poder Legislativo.
No es, lamentablemente, el único asunto de relevancia que seguirá ese derrotero: el demiurgo ajedrecista instalado en el Piso 11 de Torre Ejecutiva ha instalado, o se propone hacerlo, otro ámbito de diálogo con el propósito de estudiar la propuesta de creación de un Ministerio de Justicia, con el agregado de una revisión y modificación del Código del Proceso Penal y de la Ley General de Fiscalía (ambos pergeñados y aprobados durante el gobierno Mujica, a instancias del propio Dr. Jorge Díaz).
Otra vez, aquí, se saltea el ámbito natural de Montesquieu reservó para el estudio de las leyes, el Poder Legislativo. Una maniobra esta, que conoce un antecedente bastante reciente en la amiga República Bolivariana de Venezuela donde el gorila gobernante, habiendo perdido el control de la Asamblea Legislativa, inventó una “Asamblea Nacional Constituyente” que se arrogó, de facto, facultades legislativas y declaró “en desacato” a la electa por voto popular.
La “balcanización” uruguaya
Lo expuesto párrafos arriba, son apenas algunos de los hechos más significativos de estos apenas 100 días del FAPIT en el gobierno.
Desde la muerte de Mujica, o quizás desde antes dada su inminencia durante todo el proceso electoral, el Frente Amplio y sus oenegés asociadas, viven un proceso que bien podría calificarse de creciente balcanización donde cada sector, cada ministerio, directorio o empresa, marca terreno y alambra su chacra y el ruido de los sables dentro de Torre Ejecutiva se oye desde la Plaza Independencia.
Colonización, el Presidente que debió renunciar -pero sigue en el cargo-, la compra de “la chacra” que resultó Estancia de lujo en homenaje al “viejo”, el Canciller puesto a importar palestinos, la histeria derogatoria y los propósitos que más nunca vuelva la derecha al gobierno, conforman solo alguno de los aspectos de ese proceso.
Material para otra, u otras, columnas.
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