Hannah Arendt usó la expresión «banalización del mal» para caracterizar a individuos que actúan dentro de las reglas del sistema sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por las consecuencias de sus actos, solo por el cumplimiento de las órdenes. La tortura, ejecución de seres humanos o actos de exterminio no son considerados a partir de su resultado final, con tal que las órdenes para ejecutarlos provengan de estamentos superiores.
Arendt discurre sobre la complejidad de la condición humana y alerta que es necesario estar siempre atento a lo que llamó la “banalidad del mal”.
Hoy la frase tiene significado universal para describir el comportamiento de algunos personajes que cometieron actos de extrema crueldad y sin ninguna compasión para con otros seres humanos, para los que no se han encontrado traumas o arrepentimiento. En resumen: eran «personas normales», a pesar de los actos que cometieron.
En el Uruguay ya hemos ingresado a un estadio superior y posterior, y si Hannah Arendt viviera seguramente aggiornaría su concepto al analizarnos y lo cambiaría por la “Bananización del Mal”. Esto es, disfrazar el mal causado con excusas y razonamientos “bananas” o para consumo del “grébano”. (Disculpen la vulgaridad) Solo así puede entenderse la sarta de disparates que hemos oído en las últimas horas para justificar episodios bochornosos dentro de la administración frenteamplista.
Al igual que Arendt las explicaciones de errores y horrores no solo no ruborizan. Tampoco suenan inteligentes ni creativas
Ante el trágico incendio con 4 víctimas en ex Comcar, el ministro del Interior y la legisladora Bettiana Diaz han ensayado una “bananísima” explicación del insuceso. Para ellos todo “es culpa de la LUC”.
¿Piensan que somos todos idiotas?
No encuentro otra explicación. La LUC no existía y ocurrieron insucesos similares a gobiernos propios. O ¿cuántos presos fallecieron incendiados en Rocha? ¿No recuerdan cuando un recluso se “comió” a otro en Comcar? ¿Cómo pueden usar ese tipo de argumentos hoy? Y Negro además, aprovechando la desgracia para plantear el eufemismo de la desprisionalizacion. Debo ser honesto. Me quedó la sensación que están esperando desgracias en las cárceles para justificar la tal desprisionalizacion. Salvo el ex ministro socialista Diaz, ninguno de ellos sabe lo que quiere decir. Y así nos fue.
Pero la semana vino cargada con más perlitas.
El ministro Oddone (a quien reconozco autoridad intelectual) no podría hacerse el desentendido respecto de la ajenidad del Estado en el rescate de Caja de Profesionales. Menos cuando su existencia está pautada por ley. Y mucho menos cuando su descalabro se produjo durante el gobierno de su propio Partido.
Esa “Bananizacion del Mal” lo ha llevado a decir que «quienes no tienen hijos profesionales no deberían estar rescatando la caja de los profesionales”.
Cuanta hemiplejia retórica del ministro. Si fuera así la sociedad toda no debería estar pagando pensiones y jubilaciones a terroristas y familiares. Y no olvide Ud Ec. Oddone que cuando una persona no profesional necesita una intervención quirúrgica en un hospital público -que yo sepa- no acuden a un curandero.
En Uruguay se ha banalizado el mal y bananizado su excusa. Un caso que lo demuestra es el del desvío de dineros del Fondo de Viviendas de Sunca hacia fines partidarios. El Fiscal Rodríguez ya ha sido más que claro al señalar que ese mismo fue el destino de parte del dinero. Es insólito que la presidenta de la Asamblea General Carolina Cosse salga a defender a Andrade y a inmiscuirse en la tarea de otro Poder del Estado. Y mas insólito es el silencio stampa del resto del sistema político respecto de este atentado al principio de separación de poderes.
Se bananiza el mal con las explicaciones absurdas de la directora de la Biblioteca Nacional justificando un cierre con argumentos sin sustento.
Arendt estaría orgullosa de su teoría si contemplara la inmoralidad institucional de nuestro sistema político que permite tamaña intromisión.
En cualquier caso nada igualara al premio “bananizacion del mal junio 2025 a la tonta queja del diputado Federico Preve pidiendo fueros “de gorro” parlamentarios en una Tienda. Cerrá y vamos!
¡Coaligados, a defender lo que queda de nuestro Estado de Derecho!
