Nadie tiene interés en conocer cómo funciona el motor del transporte público que utiliza. Como tampoco le interesa saber qué tipo de combustible usa y mucho menos dónde y cómo se abastece. Solo requiere que se le preste un servicio regular, confiable y seguro.
Ocurre igual con la IA. Las personas requieren eficiencia en las tareas que se le encomiendan. No están interesadas en los métodos utilizados para responder, calcular o realizar tareas. Solo esperan obtener un servicio eficiente.
Está muy bien que sea así. Al menos, hasta que el día en que se corta el suministro de electricidad. Ese día experimentaremos que: «La infraestructura de IA no funciona con esperanzas ni sueños, sino con electricidad, y en cantidades asombrosas». Tal la afirmación de la revista Forbes de enero 2025, que es preámbulo del tema de hoy.
No es tanto plug and play
Un dato del estudio de la Agencia Internacional de Energía (IEA) sobre el consumo mundial de la IA sostiene que «una sola solicitud de ChatGPT requiere diez veces más electricidad que una búsqueda en Google». Tanto es así que durante 2024 los centros de datos representaron el 1,5 % de la demanda mundial de electricidad. La estimación es que para 2030 sea del 3%, volumen similar al actual consumo de electricidad durante todo un año de Japón.
Los centros de datos tradicionales (Data Centers) alojan servidores que almacenan y distribuyen información consumiendo entre 10 y 25 megavatios (MW) de energía, según sea su desarrollo. Un centro de datos IA, que integra arquitecturas avanzadas de computación, redes y almacenamiento para entrenar, implementar y entregar aplicaciones y servicios de IA, puede consumir el equivalente anual de una pequeña ciudad de 200.000 hogares. El mayor centro de datos IA, en proceso actual de construcción en Abilene, Texas, podría consumir electricidad equivalente al consumo anual de 5 millones de hogares.
Otro aspecto a considerar es que los centros de datos IA son grandes consumidores de agua como refrigerante. Sus componentes generan tanto calor que requieren de sistemas de refrigeración líquida. No es un dato menor, se estima que para 2027 la demanda mundial de IA consuma entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua. Volumen similar al consumo anual en Dinamarca. Si bien el agua es un elemento reutilizable, su suministro no deja de representar otro problema a resolver.
Y por casa cómo andamos
La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, incluye el diseño e implementación de un plan de infraestructura digital avanzada para el desarrollo y uso de IA. Si bien en el Plan de Gobierno Digital 2025, se habla de impulsar el uso de Inteligencia Artificial, nada expresa sobre obras concretas de infraestructura. En Uruguay, en 2024, la generación eléctrica creció 3,9% en relación con el año previo 2023. En los últimos diez años, desde 2014, la demanda eléctrica creció un total del 18%. Atentos a este dato porque actualmente la generación de energía es suficiente, aunque levemente superior a la demanda.
Según las cifras 2024 de su Gerencia de Planificación, casi la mitad de la generación fue hidráulica y el resto mayormente eólica. Por lo que si consideramos la variabilidad climática en el llenado de las represas, además de la buena voluntad de Brasil en permitir caudales adecuados, sumando la intermitencia de las fuentes alternativas solar y eólica, estamos ante una hipótesis de déficit de suministro para la IA.
La variabilidad incluye la omnipotencia sindical que no dudaría en dejar sin suministro eléctrico a los centros de datos, incluso al país entero si esto fuera favorable a sus intereses. En tanto, el organismo estatal UTE, según publica en su sitio, estaría más ocupado en cumplir con la Agenda 2030 que en generar infraestructura que asista a un incremento importante en la demanda de energía. Quien invierta en inteligencia artificial en Uruguay, deberá incluir una fuente de energía independiente, segura, confiable y estable.
