Mi amigo Carlos, libertario irredento, vuelve a la carga con otro artículo sobre el tema de federalizar Uruguay dotando a cada Departamento de todas las competencias hoy reservadas al país, menos las relaciones internacionales. En este artículo busca refutar (pero ya veremos que no lo logra) mi crítica hacia su propuesta de cantonalización, centrándose en los siguientes aspectos:
- No es cierto que las asimetrías entre regiones obsten para la cantonalización (uso este término a falta de uno mejor, pero en este artículo siempre alude a la hipótesis de Carlos de que los 19 Departamentos actuales pueden federalizarse con sus actuales características) y, en realidad, las asimetrías son consecuencia del unitarismo.
- No es cierto que una historia convulsa y una matriz cultural diversa sea sinónimo de evolución hacia el federalismo, ni que la matriz cultural homogénea sea sinónimo de evolución hacia el unitarismo.
- No es cierto que “los uruguayos no están habituados” o “preparados” para tomar decisiones a nivel local.
Carlos y yo tenemos una diferencia fundamental. Carlos lleva en su sangre y sus genes la inclinación pasional hacia la épica, el espíritu caudillista que Alejandro, Napoleón o Bolívar usaron para empezar desde una tiendita y crear un imperio, aunque en el caso de Carlos esa pasión lo impulse a la desagregación del país, no a la construcción de un imperio. Yo, mucho menos pasional, con el espíritu del analista intelectual muy poco dado a la acción, tengo una impronta mucho más fría y racional, más en la línea de Frankin y Jefferson en USA, Pericles en Grecia, Bismarck en Prusia, von Metternich en Austria, Taylerand en Francia o Grotius en los Países Bajos. Consecuentemente, donde Carlos arremete con hoplón y dory en sus Termópilas virtuales, yo tengo que actuar como abogado del diablo trayendo a la luz las oscuridades subyacentes a los heroísmos carlistas. Por lo tanto, como dice Carlos, ¡manos a la obra!
(Dicho sea de paso, si quieren un condensado de este artículo en forma de pdf, lo pueden descargar acá en Español y acá en Inglés. O, si prefieren los videos, en este link lo van a encontrar en Español castizo).
Asimetrías regionales
Carlos dedica una extensa parte de su artículo a rebatir mi argumento de que es conveniente ecualizar en lo posible las características socioeconómicas de las regiones antes de proceder a una disminución de las regiones administrativas que, a posteriori, puedan adquirir el estatus de provincias dentro de un estado federal. Los ejemplos que pone son de países europeos, estados norteamericanos y un par de países sudamericanos. Tenemos entonces que considerar cada situación.
Europa
En principio me niego a rediscutir la cantonalización suiza, porque eso ya lo estudié in extenso y demostré que la situación es incomparable con la de Uruguay. Como Carlos no desmonta ninguno de mis argumentos, no concedo el punto y no veo razón para rediscutirlo. Suiza no es un ejemplo aplicable a Uruguay.
También Carlos menciona a Luxenburgo, Islandia, Malta, Liechtenstein como países exitosos (que lo son) y concluye que el tamaño del país no es un predictor adecuado del éxito. Acá hay tres asuntos. Primero una falacia del hombre de paja, yo nunca argumenté que hubiera una correlación entre tamaño y éxito de un país. De cualquier forma, siendo economista, Carlos no puede desconocer que el consumo es el componente mayoritario del PIB de un país (67% en promedio mundial de acuerdo al Banco Mundial). Por lo tanto, desmontando la pequeña trampa que hace Carlos al usar el PIB per cápita en lugar del total, notemos que el consumo en Liechtenstein (datos 2022) fue 3.697 millones de dólares, mientras que el de Alemania fue 2.3 BILLONES (2,259,530,000,000 dólares). Una notable diferencia que, por supuesto, está vinculada a la cantidad de gente que vive en ese país.
La segunda cosa importante es que esos países chicos (se podría mencionar también a Mónaco, Andorra, Chipre, Montenegro y San Marino) no son estados federados, sino países independientes completamente dentro de una unión fundamentalmente económica (la Unión Europea) o incluso fuera de ella (Liechtenstein y San Marino, por ejemplo). Pero no debemos olvidar que existe el centralismo incluso en esta proto-confederación laxa. Algunos ejemplos son las medidas de austeridad impuestas a Grecia en 2010-2018 durante la crisis de la deuda, el rechazo del presupuesto de Italia en 2018, la retención de fondos a Polonia y Hungría por preocupaciones por independencia judicial, corrupción y erosión democrática (algo que sigue aún en estas fechas) o las sanciones económicas contra Polonia, Hungría y Chequia por violar las cuotas de recepción de refugiados. Estas cosas son las mismas que pasan en un país unitario, sólo que en este caso ni Bruselas es la capital de Europa ni Europa es una confederación.
Finalmente, la terceera cosa que Carlos infravalora es la historia de esos territorios. Voy sólo a los cuatro que él menciona para no extender en demasía este artículo, pero las reflexiones pueden extenderse fácilmente a otros países. Hay dos de ellos que nos la ponen fácil. Tanto Islandia como Malta son islas, por lo que es fácil entender que sean independientes. Pero veamos caso a caso. Islandia (hoy en las miras del presidente Trump) fue una posesión danesa desde el siglo XIV, se transformó en estado soberano después de la primera guerra y durante la segunda, cuando Alemania conquistó Dinamarca, se proclamaron completamente independientes. Es un territorio naturalmente rico en recursos naturales (energía, pesca, aluminio) y su baja población le da el grado de riqueza per cápita que mencionaba Carlos. Malta era una colonia británica que se independizó en tiempos muy recientes, su fuerte es el turismo y los servicios digitales. Tampoco integra una confederación, aunque a diferencia de Islandia, sí integra la UE. Luxemburgo fue un Gran Ducado (i.e. independiente) en unión personal, a través del rey, con los Países Bajos. Su independencia total fue un proceso traumático que estuvo a punto de provocar una guerra entre Francia y la Prusia de aquella época. Tampoco integra ninguna confederación, aunque sí la UE, y sus fuentes de riqueza están basadas en servicios financieros (como Suiza en parte). Finalmente, Liechtenstein era de por sí un principado independiente, formado por la unión de los condados de Vaduz y Schellenberg bajo la familia Liechtenstein, como parte del Sacro Imperio Romano. O sea, como Qatar, un emprendimiento personal y familiar. Como se ve, la única similitud que estos estados pueden tener con Uruguay o algún Departamento de Uruguay es su tamaño. Su historia muestra efectivamente rasgos evolutivos que nosotros nunca tuvimos. Lo más parecido que puede decirse respecto a las alegaciones de Carlos es que Uruguay es a Brasil y Argentina lo que Liechtenstein o Islandia son respecto a Alemania y Francia, pero nada más.
USA
El segundo ejemplo que usa Carlos es el de los Estados Unidos de Norteamérica. Ya el propio nombre muestra que no se trata de una división de arriba hacia abajo de algo preexistente, sino de la unión de estados que en principio tenían cierto grado de independencia. USA creció por acrecencia desde los estados fundadores, que eran colonias británicas (no independientes pero sí con cierta autonomía administrativa). Las razones por las cuales las 13 colonias fundadoras no eran una sola son (como a Carlos no le gusta) históricas y socio-económicas. Por ejemplo, Georgia se fundó como colonia penal, Virginia en torno a las plantaciones de tabaco, Massachusets y Rhode Island como colonias separadas para puritanos y disidentes, otras como concesiones reales a individuos (Pennsylvania a William Penn o Maryland a Lord Baltimore), etc. Los británicos, a diferencia de los españoles que establecían virreinatos, usaban una política llamada negligencia benéfica, que le proporcionaba una considerable autonomía a cada colonia que se creaba. Cuando se produjo la revolución americana, estas 13 colonias ya eran de hecho «estados» y los artículos de la Confederación creada por ellos antecede en 10 años al establecimiento de la Constitución en 1887.
A partir de esa semilla inicial, ya confederada, se sumaron otros territorios por compra directa (Alaska a Rusia, Florida a España, Louisiana a Francia), «cesion» forzada de México (Nuevo México, Arizona, etc), anexión (la república de Tejas o la república de California) o anexión imperialista (el reino de Hawai). Sólo en 4 casos se crearon estados por separación de otros. Kentucky separado de Virginia por la barrera de los Apalaches, Tennessee se separó de Carolina del Norte tras un intento de esta de convertirse en república independiente, Maine (estado libre) que se separó de Massachusets (esclavista) y West Virginia que se separó de Virginia por la guerra de secesión (West Virginia era unionista). Queda claro entonces que el proceso de creación de la confederación americana es un aluvión de situaciones distintas pero preexistentes, excepto en 4 casos donde la ruptura se dio por problemas geográficos o sociales.
Brasil
En viniéndose hacia nuestro continente, dice Carlos «Hay ejemplos de federalización por agregación (Estados Unidos o Suiza) y por desagregación (Brasil pasó de ser un imperio unitario a un país federal).» Pero en este único ejemplo de federalización post-unitarismo (Brasil) Carlos se equivoca.
Brasil fue una colonia portuguesa desde el descubrimiento por Pedro Álvares Cabral en 1500 y en aplicación del Tratado de Tordesillas. Inicialmente dividido en capitanías hereditarias, en 1549 se creó el Gobierno General en Salvador de Bahía para centralizar el control. En 1808, la corte portuguesa se trasladó a Río de Janeiro huyendo de Napoleón, elevando a Brasil a la categoría de reino unido a Portugal (Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve en 1815). Esto no implicó independencia de provincias; todas eran subordinadas a la corona portuguesa. Pero las provincias ya existían.
Homogeneidad vs. heterogeneidad
La uruguayez
Nota para el exterior: El uruguayo no protesta, el uruguayo «se amarga». Y la amargura se cura con un mate amargo, generando un bucle infinito de retroalimentación melancólica que nos impide prenderle fuego a cualquier cosa que no sea el parrillero el domingo (si es que el carbón no subió un 400%).
Somos campeones mundiales de la resignación elegante. No rompemos nada, no gritamos mucho, no incomodamos. Aceptamos el ajuste como quien acepta un enero en Rivera con 45 grados a la sombra, sin aire acondicionado: con molestia, pegajosos de sudor y de mal humor, pero igual seguimos abanico en mano, porque “ya se van a ir estos desgraciados”, mientras que sabemos en nuestro interior (profundo) que su lugar va a ser ocupado por otros desgraciados de la misma calaña.
