Beatriz me contestó ayer (17/5/26) con un artículo erudito, prolijo, con citas a Maturana implícitas (siempre implícitas, pero eso lo dejo para más adelante) así que vamos a seguirla hoy.
La tesis de Beatriz es nítida: para hablar del humano hay que hablar desde la biología, y todos los que no lo hacemos andamos diseñando puentes sin saber qué es la gravedad. Le agradezco la respuesta, en serio. Porque hay puntos en los que tiene razón, otros en los que decimos lo mismo desde galaxias distintas, y otros en los que, con todo el cariño, creo que se equivoca, con elegancia, pero de cabo a rabo. Vamos por partes, como decía Jack.
Cuando yo concurría a congresos masivos, cosa que ya no hago, había un profesor japonés que siempre desarrollaba la misma estrategia. Muy amablemente, en el turno de preguntas, empezaba por señalar las bondades y los méritos de la presentación que acababa de escuchar. Sonrisa de oreja a oreja y tono muy moderado. A continuación hacía una pequeña pausa y empezaba a desgranar punto por punto las cosas en las que el ponente había errado, a veces muy mal, pero claro, uno se quedaba con la impresión de que la crítica había sido honesta y bien intencionada, cosa que espero Beatriz también interprete de lo que voy a decir.
Las coincidencias
Como dije antes, el artículo está bien estructurado y muy prolijo. Coincidimos en lo más importante: el humano (o lo humano) no es una construcción fija, una escencia eterna, sino un constructo que evolucionó y lo sigue haciendo. Yo opté por la vía filosófico-tecnológica (Nietzsche + Kurzweil), el humano como etapa, no como destino, y ella lo hace por la vía Maturana, el humano no nace humano, sino que se hace tal en la convivencia. En los dos diagnósticos, el sujeto cartesiano con esencia, el humano-dado-de-fábrica, está muerto. Me parece una coincidencia conceptual central.
Concidimos también en otros dos aspectos, aunque no necesariamente por las mismas razones. A ambos nos parece charlatanería barata el management vulgar, los coaches que mezclan PNL con autoayuda y los MBA que dicen «somos seres racionales y punto» como si nadie acabara de decir una barbaridad. Beatriz los crucifica con razón, yo nunca los defendí, y ella misma reconoce que el liberalismo serio (el de Hayek) no afirma a ese homúnculo. Bien por ahí. Brindemos. También compartimos un tercer punto, el diseño actual de políticas y tecnologías «para humanos» tiene un desfasaje brutal con los humanos realmente existentes (lo que claramente se ve en el distanciamiento de los políticos de la vida general de la población). Yo dije que somos un Windows 95 biológico tratando de correr en procesadores cuánticos; ella dice que somos sistemas vivos en acoplamiento estructural a los que el tablero ejecutivo no entiende. Mas o menos lo mismo, aunque dicho desde diferentes estrados.
Pequeña pausa
Acá es donde el japonés se aclaraba la garganta…
Las discrepancias menores
Las enumero para que sea más fácil, cuando Beatriz responda, conectar los contraargumentos. Van en el orden que me surgieron al leer, no por importancia.
- El «pequeño experimento» en redes no demuestra lo que ella dice que demuestra. Preguntó en LinkedIn (lleno de coaches PNL) y en X (lleno de filósofos de bolsillo) y concluyó que «nadie respondió desde la biología». Pero las plataformas seleccionan las respuestas: ¡si la misma pregunta se hace en un congreso de neurociencias, las respuestas son otras!. Eso no es geografía intelectual de una época, es el sesgo de muestreo confundido con sociología. El experimento dio, consciente o inconscientemente, la respuesta que coincide con lo que Beatriz opina (y conste que mi respuesta fue desde la biología, proyectada al transhumano). Antes de que me cobre impuestos: sí, yo también filtro. Mi marco selecciona benchmarks y deja afuera alucinaciones, fracasos de razonamiento causal, errores groseros en tareas humanas básicas. La diferencia es que yo no presento mi selección como evidencia empírica de algo, la presento como argumento. Su experimento se presentó como diagnóstico de época.
- Que la gente conteste con PNL no prueba que falte biología en la conversación pública, prueba que sobra pseudociencia. La biología en serio, la que se hace en los laboratorios, está ahí, produciendo CRISPR, AlphaFold (proteínas plegadas por una IA casualmente), neuroprótesis, edición génica. Es justamente la biología que yo cito en mi artículo. Decir «falta biología» porque los influencers de LinkedIn no la mencionan es como decir «falta física» porque el marido de mi tía no habla de Feynman en el asado.
- Bill Gates como argumento de autoridad (o, en general, cualquier «notable» como argumento de autoridad). Beatriz cita una nota donde Gates marca tres sectores «blindados» frente a la IA, entre ellos la biología. Acá vale la parecisión: yo también cito autoridades (Nietzsche, Kurzweil). La diferencia no es retórica, es de dominio. Nietzsche habla de filosofía y yo lo uso para pensar filosóficamente. Gates habla de empleos profesionales en investigación médica y farmacéutica, y vos Beatriz lo invocás para resolver una pregunta filosófico-antropológica. Son dos preguntas distintas y Gates contestó la primera. El tío Guillermo Portones está hablando de empleo profesional en investigación médica y farmacéutica, no de la pregunta filosófico-antropológica «qué es un humano«. Son dos preguntas distintas. Y segundo, sobre el fondo, el blindaje de la biología es altamente discutible. AlphaFold ya mostró hace rato que la IA puede entrar profundo en la biología molecular, el diseño de fármacos con IA (Isomorphic Labs, BenevolentAI, etc., la primera un spin-off de DeepMind dedicado al diseño de fármacos, ahora con 2.1 mil millones en financiamiento serie B) es ya una realidad, como la predicción de estructuras de anticuerpos y diseño de terapias, ScGPT, single-cell RNA-seq, Evo 2, ChatGPT para CRISPR y muchos otros. Apoyarse en una declaración del CEO como si zanjara la cuestión es lo opuesto de hacer ciencia. Acá Beatriz puede contraatacar diciendo que esto refuerza su tesis: la biología es central, gana relevancia, no la pierde. Tiene razón parcial. pero está hablando de la biología equivocada para nuestro debate. La biología que crece es ingenieril, computacional, generativa, no la biología del observador vivo en acoplamiento estructural que ella usa para definir lo humano. Esa biología, la de Maturana, sigue exactamente donde estaba: como marco descriptivo del mamífero humano sano. Lo cual es valioso, pero no es lo mismo que el motor del cambio antropológico que viene.
- Beatriz introduce al chileno Maturana, sin nombrarlo, presentándolo como «la biología«. La biología contemporánea no es una sola voz: Friston con la inferencia activa, Damasio con los marcadores somáticos, las neurociencias predictivas, la biología evolutiva, la genética. Autopoiesis es una escuela, respetable pero también contestada. Presentarla como «la biología» sin más es un movimiento retórico, no científico. Y Beatriz lo usa a cara de perro «El lenguaje no es una capacidad que el humano tiene. Es el modo en que el humano efectivamente existe.«, «Un humano se hace humano en el lenguajear con otros humanos. Aislado, un humano no se desarrolla como humano.» Esa es la marca registrada de Humberto Maturana, el biólogo chileno. Él acuñó el neologismo lenguajear justamente para enfatizar que el lenguaje no es una cosa que se tiene, sino una actividad que se hace, una coordinación de actividades conductuales entre seres vivos. Aparece en sus libros con Varela (El árbol del conocimiento, 1984) y después en La objetividad: un argumento para obligar y en los textos sobre biología del amar. No está mal que Beatriz se afilie a una escuela de pensamiento específica (acoplamiento estructural, deriva natural, biología del conocer, lenguajear, sistema vivo en convivencia) pero hay que hacerlo explícito y avisar que no es la verdad revelada. Dicho sea de paso, respecto a «Un humano se hace humano en el lenguajear con otros humanos.» parece una tautología. No lo es, si se acepta que los dos términos «humanos» operan en niveles distintos: el primero es el mamífero biológico, el segundo el sujeto cultural-lenguajeante pleno. Es una definición operacional legítima. Mi crítica real es otra: aun siendo correcto ese aserto, describe un proceso de constitución que no contesta mi pregunta. Saber cómo se hace humano un Homo sapiens no me dice qué pasa con la categoría «humano» cuando aparecen entes no biológicos que lenguajean mejor que el resultado del proceso.
- Beatriz me acusa de hacer «comentario cultural elegante» en lugar de «respuesta biológica«. Pero el grueso de su propio artículo es metacomentario cultural: sobre el estado intelectual de Uruguay, las consultoras, los MBA, Microsoft, Deloitte, el IDH, Corea del Sur, el burnout. Acá ella tiene un escape legítimo: como su marco postula que la biología explica los fenómenos culturales, aplicarlo a MBA, burnout, Microsoft y Corea del Sur es coherencia, no contradicción. Pero le mantengo la objeción: el grueso de su artículo es descripción cultural en clave biológica, no biología operacional pura. Si su tesis es que solo la biología contesta la pregunta, debería poder contestarla con biología sola, no necesitar a Deloitte para ilustrar el punto.
- La metáfora del puente. «Diseñar políticas sin saber qué es un humano es como diseñar puentes sin saber qué es la gravedad.» Suena bien y hasta coincido con la primera parte, pero la comparación es errónea. Concedo que Beatriz no defiende una «naturaleza humana» esencialista; ella postula regularidades operacionales del sistema vivo (homeostasis, acoplamiento, lenguajear). La gravedad permite calcular la carga máxima de un puente con margen de error acotado y verificable. Las «regularidades operacionales» del sistema vivo humano todavía no tienen ese estatus predictivo. Un mal ingeniero que ignore la gravedad construye un puente que invariablemente se cae; un político que ignora la autopoiesis construye políticas que pueden funcionar bastante bien (Suiza, Dinamarca, Uruguay en varios frentes) o no. La analogía gana fuerza retórica pero pierde fuerza epistémica. No es un detalle.
Las discrepancias mayores
Mi pregunta no era definicional («¿qué es un humano operacionalmente?«). Era estructural: ¿qué pasa con la categoría «humano» cuando entes no humanos hacen mejor las cosas que definían al humano?. La definición biológica, por más rica que sea, no contesta eso. Decir «el humano es lenguajear en convivencia» no nos dice qué hacemos cuando un LLM «lenguajea» más rápido, con más coherencia y sin dormir. La respuesta biológica es una respuesta a otra pregunta quizá, pero no a la mía.
Para ser justos, hay una crítica suya que vale la pena rescatar. En mi artículo definí al humano por enumeración de conductas, consumimos dopamina, delegamos en algoritmos, posteamos al gato. Eso es una foto, no una ontología. Beatriz tiene razón en que toda norma reposa sobre una descripción implícita del sujeto, y que conviene hacerla explícita. Acepto. Pero que la descripción esté implícita en mi artículo no significa que falte. Quiero acotar mi definición para no morir del flanco antropológico: no estoy hablando del humano universal, estoy hablando del humano moderno post-Ilustración, la criatura cuya autonomía cognitiva pasó a ser el patrón de medida del sentido del mundo. El humano medieval medía desde Dios, el antiguo desde el cosmos, el tribal desde los ancestros. La autonomía cognitiva como ancla es invención reciente, siglos XVII-XVIII. Mi tesis acotada: ese humano específico, el moderno, se vacía cuando otra cosa mide mejor. No requiero ontología fuerte para diagnosticar esto. Las curvas de capacidades de los modelos no demuestran por sí solas que el humano se vacía, eso es un salto interpretativo. Pero las curvas más la observación de que sectores enteros del trabajo cognitivo están siendo absorbidos (programación, diseño legal, análisis financiero, redacción) más la dirección clara del capital y del talento hacia esa absorción, sí permiten diagnosticarlo razonablemente.
El artículo de Beatriz responde mejor una pregunta (como decía más arriba, quizás): cómo entender operacionalmente al mamífero humano sano en convivencia con otros mamíferos humanos. Si la conversación fuera diseñar mejores escuelas, mejores terapias, mejor liderazgo organizacional, mejor crianza, su marco conceptual es más apropiado que el mío. La biología del conocer, con todos sus límites, es una herramienta poderosa para ese terreno.
Pero la pregunta que yo hacía no era esa. La pregunta era otra: ¿qué pasa con la categoría humano cuando entes no humanos hacen mejor lo que el humano usaba para reclamar su lugar privilegiado en el cosmos?. Y para esa pregunta, mi marco se ajusta mejor, no por lindo, sino porque integra cuatro cosas que el suyo deja afuera:
- La tecnología real de hoy: LLMs con desempeño superior al humano en tareas de razonamiento extendido (la medalla de oro en la IMO 2025, no a través de un sistema especializado sino con un modelo general de razonamiento), robots humanoides en producción comercial (Atlas firmado con Hyundai para despliegue de decenas de miles de unidades), edición genética somática aprobada clínicamente, interfaces cerebro-computadora con pacientes humanos activos.
- La hibridación ya en curso (no somos puramente biológicos desde hace décadas). Específicamente no estoy diciendo que lentes y marcapasos nos hacen cyborgs en sentido fuerte. Eso vaciaría el concepto. Estoy diciendo que hay un continuo, y que el extremo fuerte del continuo (Neuralink con doce pacientes implantados, CRISPR germinal, ya ocurrido aunque ilegal, prótesis con feedback sensorial cerrado) ya está acá. La pregunta no es si somos cyborgs, es a qué velocidad se mueve la frontera y a quién deja afuera.
- La consecuencia política concreta: élites adaptadas vs. masas no adaptadas. Acá Beatriz puede pedirme predicciones falsables y tiene razón en pedirlas. Le ofrezco dos. Para 2035: más del 5% de la población activa en países OCDE habrá usado alguna forma de potenciación cognitiva farmacológica o tecnológica de manera regular en su trabajo. Para 2040: el primer país habrá legislado restricciones de acceso a tecnologías de potenciación, lo que producirá la primera batalla política explícita por la asimetría cyborg. Acá traigo a colación un relato de ciencia ficción, una pelea entre un usamericano y un ruso. El usamericano tenía puños como martillos y castigaba duramente la cabeza de su adversario, que apenas se defendía. Con todo, consiguió conectar varios jabs y llegar al final indemne, ganando por puntos. El coach norteamericano increpó al ruso «algo no puede ser, ese tipo ha recibido tantos golpes en la cabeza que debe tener el cerebro hecho gelatina»… a lo que el ruso respondió «¿Ud. ha visto que se sentara?»
- Un marco filosófico capaz de pensar la transición (Nietzsche: caída del fundamento, dos salidas, último hombre o transvaloración). Acá no presento a Nietzsche como autoridad empírica, lo presento como herramienta conceptual. Así que la diferencia con Gates es importante.
La biología, en el horizonte que viene, no pierde importancia, al revés, gana. Pero la biología que gana es la biología transformada por la ingeniería computacional, no la biología del observador vivo. Pretender que el marco Maturaniano siga siendo el ancla cuando el genoma se edita en el cigoto, el cerebro se interviene quirúrgicamente y la cognición se externaliza en máquinas, es una nostalgia respetable. No es un programa de futuro.
Concluyendo, que es gerundio
Humanos y ¿humanos?. Los primeros, sin signos de interrogación, son los que ya existieron y existen: el mamífero bípedo lenguajeante que Beatriz describe bien. Cabe preguntarse (pregunto, no afirmo) qué hacemos con los Neandertales y los Denisovanos, que probablemente tuvieron alguna forma de comunicación simbólica pero cuyo lenguaje, si lo tuvieron, era probablemente distinto del nuestro. ¿Eran humanos? La biología dice una cosa (sí, mismo género, fertilidad cruzada con sapiens), el criterio del lenguajear pleno quizás otra. Esa contradicción ya está dentro del concepto, antes de que llegue la IA.
Los segundos, entre signos de interrogación, son los que vienen: editados, aumentados, acoplados a máquinas, eventualmente superados, los transhumanos y sus descendientes. La pregunta de fondo es si las dos palabras se siguen refiriendo a lo mismo. Mi apuesta es que no. La de Beatriz, leída con generosidad, es que la convivencia y el lenguaje son tan estructurantes que el sucesor también va a ser, en algún sentido, humano. Puede ser. Pero ese «en algún sentido» tiene la grandeza y la trampa de toda continuidad nominal: tranquiliza más de lo que aclara. El pavo matemático de Bertrand Russell (que en realidad era una gallina) se sentía muy tranquilo porque cuando graficaba cantidad de comida que le daban vs. tiempo, auguraba un futuro venturoso. Hasta que llegó el Día de Acción de Gracias, que su modelo no podía predecir.
Nuestras diferencias más importantes se pueden resumir en casi memes. Yo defino el humano anclado en 2026 y mirando para adelante (Deep Blue 97, AlphaGo 16, GPT-4 bar exam, LLM IMO 25, Atlas/Optimus/Figure, Xiaoice, Replika), Beatriz habla genéricamente de IAG como una categoría general, pero sin detalles incómodos. Yo asumo y desarrollo la hibridización en curso empezando la transhumanización (Neuralink, CRISPR germinal, prótesis sensoriales cerradas) mientras que Beatriz niega eso apelando al «sistema vivo«. En mi análisis hay capacidad predictiva, la bifurcación Nietzscheana (ser el último humano vs. la transvaloración) y el concepto de élites adaptadas dominantes vs. masas dominadas, Beatriz hace tan sólo un diagnóstico estructural que tiene cero capacidad predictiva. A partir de lo anterior, yo deduzco consecuencias políticas directas (quién gana, quién pierde, dominación de las élites adaptadas) mientras que Beatriz hace una consideración emocional y hasta estética (dolor humano contemporáneo). Otra cosa que no es menor, yo hablo de algo que puede considerarse como la manifestación más sublime y directa de la humanidad, el amor y el sexo (sexo y vínculo afectivos con robots, fictosexualidad, Replika, el duelo por un compañero virtual, las muñecas con LLM) y Beatriz todo eso lo esquiva sin nombrarlo. En lo que yo escribí hay básicamente una definición de autoconciencia (una respuesta favorable a la preeminencia e incluso la mera exidtencia del humano no está asegurada en absoluto) mientras que Beatriz se refugia en el dogma («conviene aceptar», «conviene asumir») y, modestamente, el rango conceptual de mi análisis es mayor (historia + filosofía + tecnología + economía política + antropología) mientras que Beatriz apela recurrentemente al único punto central de su dogma: «falta biología».
Beatriz va a contestar, espero. Eso es lo lindo de Contraviento (este sitio que no lee nadie, donde hombres provectos, con causal jubilatoria, embelesados por la tecnología, incluyéndome, por supuesto, que se jactan de conocer el sabor del caracú antes de bajarse del auto y a quienes pagan para que los aplaudam claro) el debate sigue, nadie tiene la última palabra, y los lectores son los que terminan ganando. Pero por hoy dejo planteado: el humano biológico es real, sí. Pero ya no es el horizonte. Es el punto de partida desde el cual una civilización está construyendo, a tropezones y sin saberlo del todo, a su propio sucesor.
Y eso, querida Beatriz, no se entiende solo con biología. Se entiende con biología más Nietzsche más Kurzweil más una mirada honesta a lo que sale, todos los días, de los laboratorios y los servidores. Y la biología, hasta ahi. Los experimentalistas han mostrado que pueden hacer que distintas variedades de grandes simios aprendan lenguaje (Washoe ~250, Koko ~1000 signos) y se comunican en forma imperativa (no hacen preguntas). La mayoría de los lingüistas y muchos primatólogos coinciden en que no hay evidencia clara de preguntas abiertas (“¿por qué el cielo es azul?” o “¿qué pasó ayer?”) en décadas de estudios. Esto se considera una de las diferencias cognitivas clave entre humanos y otros grandes simios: los humanos tenemos una curiosidad declarativa (queremos saber por saber) muy fuerte. Pero ¿qué va a pasar cuando conectemos a un simio con una IA? No lo sé. Pero la pregunta misma, tanto da que las preguntas las hiciera el simio, el modelo, o la combinación, ya es del territorio que el marco Maturaniano no cubre.
Bienvenidos al futuro. Sigue habiendo lugar para los humanos.
Por ahora.
