El mundo, con su habitual falta de originalidad, lleva más de 150 años resolviendo el transporte urbano de la misma manera aburrida: hace hoyos en el suelo, pone rieles, mete vagones y listo. Londres, París, Nueva York, Buenos Aires, São Paulo, Santiago, Ciudad de México, Tokio. Todos iguales. Todos sin imaginación. Todos, básicamente, equivocados.
Montevideo, en cambio, pensó diferente. Y eso hay que reconocerlo.
Acá la solución que se viene es soterrar 18 de Julio para meter… ómnibus. Los mismos ómnibus que hoy circulan por arriba, pero abajo. El mismo vehículo, el mismo chofer, el mismo olor, la misma señora con el carrito de feria que se traba en la puerta, pero todo en un túnel de cientos de millones de dólares. En realidad hablan de ómnibus más largos y articulados, lo cual suena moderno hasta que uno recuerda que las articulaciones, con la edad, traen problemas de meniscos. Es una idea tan original que el resto del planeta ni siquiera la intentó. Probablemente porque son menos creativos.
El proyecto contempla dos líneas: una de Ciudad Vieja hasta Zonamérica, y otra de Plaza Independencia hasta El Pinar. Los estudios, realizados por consultoras de Brasil, Argentina y Uruguay que facturaron lo suyo, indican que el viaje que hoy lleva 68 minutos se reduciría a 43. Una mejora extraordinaria que, convengamos, también se podría lograr coordinando semáforos, despejando los autos en doble fila, ordenando a los peatones que cruzan en cualquier lado y sobreviviendo a bicicletas y motos haciendo zig zag, pero eso no requiere 800 millones de dólares y tampoco genera tanto entusiasmo en las licitaciones.
Porque acá viene la parte interesante. El proyecto ya tiene 800 millones de dólares de financiamiento. La CAF puso plata. El gobierno nacional está entusiasmado. El Rey del Transporte Colectivo, cuya empresa operaría los ómnibus del túnel, declaró que es una obra de “magnitud histórica”, comparable a la construcción de la rambla. Lo cual es cierto: la rambla también se hizo con plata pública y terminó valorizando activos privados durante décadas. Las grandes obras, como los buenos vinos, mejoran con el tiempo y con el dueño adecuado.
Y acá uno no puede evitar entonar, bajito, el grito de tribuna: si esto no es lobby, el lobby ¿dónde está? Aunque también sabemos que las hinchadas se equivocan. Nunca tienen todos los datos sobre la sanidad del equipo.
Porque a ver: el metro lo descartaron. Un metro real, con rieles, frecuencia alta y capacidad para miles de personas, fue desechado por su “extensión limitada”. En una ciudad de 1,3 millones de habitantes con un área metropolitana perfectamente abarcable. En cambio, un túnel para ómnibus, cuya supuesta empresa operadora ya estaría identificada, ya tendría nombre y apellido, ya estaría electrificando su flota con créditos internacionales y ya tendría todo previsto para que nada cambie demasiado en los próximos años, ese sí es viable. Ese sí tiene estudios. Ese sí tiene financiamiento. Ese sí llega justo donde conviene que llegue. Qué sincronización tan admirable.
El intendente Bergara, hay que decirlo, puso alguna alerta. Dijo que el diálogo con el gobierno está “un poco estancado” y que no está claro si habrá túnel o no, ni cuánto va a durar, ni qué pasa con los comercios del Centro que van a estar cuatro años viendo pasar topadoras por la puerta. Nadie sabe si habrá subsidios para ellos. Lo que sí se sabe es que el consorcio que construye las nuevas paradas de ómnibus ya viene atrasado y la Intendencia lo está “tolerando”. Datos que invitan al optimismo.
Pero bueno. El mundo pone rieles. Nosotros ponemos ómnibus bajo tierra. El mundo hace metro. Los BRT ((Bus Rapid Transit), en casi todas partes, circulan en superficie o elevados, con carriles exclusivos para que los ómnibus no compitan con autos, motos, peatones ni señoras con carritos de feria. Son rápidos justamente porque van separados del tránsito. Nosotros hacemos algo que se llama BRT subterráneo, una combinación conceptual que suena tan novedosa que obliga a googlearla antes de opinar, lo cual, dependiendo de cómo se mire, es un logro o una señal de alerta.
Yo lo miro de las dos formas. Y pido dos boletos, por favor. Uno para cada línea.
Hasta la próxima, si es que hay…
