No aclares que ennegreces

Enrique Guillermo Hernández
​¡Qué semana, mis amigos! Si pensaban que el Palacio Legislativo era un lugar de sobriedad, es porque no vieron las piruetas discursivas de catorce horas que se mandó el oficialismo este jueves para defender lo indefendible. Por suerte, para poner un poco de orden en el circo, apareció Pedro Bordaberry, que volvió al ruedo con el colmillo afilado y un archivo que te lo recita de memoria mientras se hace el nudo de la corbata. Del otro lado, sudando la gota gorda, nuestro flamante Ministro del Interior, el bueno de Negro.
​Y miren que el apellido le sienta de novela, porque para Negro está el panorama, aunque él se empeñe en decirnos que estamos viviendo en una sucursal de Suiza con vista al Río de la Plata.
​Bordaberry, con esa flema colorada que lo caracteriza, le tiró un centro que era un yunque: “Por más que se vista de seda la mona, mona queda”. Básicamente le dijo que su Plan Nacional de Seguridad es el mismo verso de siempre, pero con perfume nuevo. Pedro, que de tonto no tiene un pelo, le sacó la radiografía al asunto sin anestesia: nos comparó con Asunción y hasta con la Medellín de los peores tiempos. ¡Un optimismo bárbaro el del Senador!
​Pero lo más pintoresco fue cuando le preguntó, con la mayor de las ironías, si su plan estratégico tenía bases marxistas. ¡Casi se nos infarta el plenario! Negro, que para aclarar las cosas tiene una habilidad asombrosa para dejarnos todo más oscuro, se atrincheró en un Excel. Según sus cuentas, los homicidios bajaron un 6,7%. ¡Un éxito rotundo! Lástima que a la salida del Palacio te descuentan hasta las ganas de vivir, pero bueno, los números del Ministro no mienten… solo se distraen un poco.
​Es irónico, ¿no? Se apellida Negro, pero se la pasó toda la noche tratando de convencernos de que todo es color de rosa. Nos tiró un bombardeo de porcentajes sobre la baja de los femicidios —que ojalá sea cierto y no otro «ajuste técnico»— mientras los heridos por arma de fuego suben. O sea, el delincuente tiene peor puntería, pero las ganas de gatillar están intactas. ¡Esa es la gestión! Se ve que, como en tiempos de Bonomi, una «gestión exitosa» es mera cuestión de puntería; tal cual dijo en su momento el otrora ministro en conferencia al terminar un clásico suspendido, cuando a un inadaptado se le dio por lanzar una garrafa de gas desde lo alto de la tribuna. En fin… más de lo mismo.
​Al final, como era de esperar en este bendito país, el Frente Amplio le dio el «máximo respaldo». Claro, si no se respaldan entre ellos, se les apaga la luz. La coalición, por su parte, se fue con una «enorme preocupación». Yo me fui con un dolor de cabeza digno de un tratado de geopolítica en el Cáucaso.
​En resumen: una interpelación donde Pedro puso los puntos sobre las íes y Negro nos dejó el futuro… bueno, haciendo honor a su apellido. ¡Salud, y que Dios nos agarre confesados si este es el «quiebre de tendencia»!

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