¡A los botes que el Niño nos hunde!!

Se empieza a leer en distintos medios las advertencias de agencias meteorológicas sobre la posible llegada de un Súper Niño en 2026/2027.

El Niño, para quien no esté al tanto, es ese fenómeno climático bastante conocido que consiste en el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial. Los pescadores peruanos lo bautizaron así porque solía aparecer cerca de Navidad, como un invitado inoportuno que llega a la fiesta sin traer nada y se queda más de la cuenta.

Los meteorólogos lo declaran oficialmente cuando la temperatura del mar supera en 0,5 °C el promedio histórico. Pero ahora algunos pronósticos hablan de subas de 2 °C a 3 °C, lo que ya llevó a ponerle nombres más cinematográficos: “Súper Niño”, “Niño Godzilla” y, si sigue así, en cualquier momento “Niño Apocalipsis: edición extendida del director”.

El detalle interesante es que El Niño no reparte sus efectos con la misma generosidad en todo el continente. Mientras en Centroamérica y el Caribe suele traer sequías, incendios y problemas para la agricultura, en el Cono Sur hace lo contrario: llueve más de lo normal. Mucho más. O sea que para Uruguay el asunto no viene en modo desierto sino en modo pecera. Traducido a criollo: exceso de agua. Demasiada. La clase de agua que no se queda en los charcos sino que decide mudarse directamente a la calle, al cordón de la vereda, a los garajes y, con algo de entusiasmo, al living de la gente.

Si uno se guía por las imágenes que aparecen en los informativos cada vez que cae una lluvia medianamente decidida sobre Montevideo, la perspectiva es fascinante. Con dos chaparrones ya vemos autos navegando como si participaran en una regata improvisada. Así que con un Súper Niño en el horizonte es razonable imaginar una ciudad que podría postularse tranquilamente como sede de deportes náuticos urbanos.

Y aquí entra en escena la Intendencia de Montevideo, que suele explicar estos episodios con una sola frase mágica: cambio climático. Lo cual puede ser cierto, claro. El problema es que el cambio climático explica la lluvia, pero no explica los desagües tapados con medio ecosistema de basura.

El cambio climático es una tarea planetaria que ni los gobiernos más poderosos del mundo han logrado resolver. Pero hay una batalla más modesta, más doméstica y bastante menos gloriosa que sí está al alcance de una intendencia: limpiar. Limpiar sumideros, limpiar bocas de tormenta, limpiar cañerías, limpiar desagües. Pero sería hacer algo en las sombras, sin muchos espectadores, lo que, convengamos si no se hace con los contenedores de basura que están ahí a la vista y al olfato de todo el mundo, menos se hará en esos escenarios oscuros, ocultos, invisibles y mayormente ignorados por la gente.

De todos modos, conviene no dramatizar. Los montevideanos, como buenos uruguayos, son gente adaptable. Si el Súper Niño finalmente llega y la ciudad se convierte en una Venecia con marketing más jodido, siempre quedará la opción de ajustar el estilo de vida: cambiar el auto por un bote, incorporar remos al equipamiento familiar y, para quienes quieran estar realmente preparados, invertir en un coche anfibio. Incluso algún submarino chico podría ser una compra prudente…
Nunca se sabe cuándo habrá que estacionar un día cualquiera bajo el agua…

Otros Artículos de Caalf:

[b]Sitio alojado en Montevideo Hosting[/b]