Proa al 2023

Aunque a primera vista suene algo chirriante, los partidos de la coalición no tendrán otro camino que recorrer el 2024 bajo un mismo paraguas electoral, que formalmente requiere el uso de un lema común.

Tras dos años enfocados en la lucha contra la pandemia, el Uruguay comenzó a transitar este 2022 con una agenda legislativa que corre el riesgo de quedar atrapada en la ciénaga de nuestra política que funciona desde hace casi 20 años, con un tablero en el que se confunden los “botones” de la política con los del sindicalismo. Esta confusión no hará más que aumentar en el próximo período, tras la toma de control del principal partido de la coalición por parte de la central sindical Pitcnt.

Esta delimitación de campos de acción se reflejará seguramente cuando tome color el debate en torno de la reforma de la seguridad social, frente a la cual el Pitcnt ya anunció que pondrá en marcha una campaña para derogar la ley por vía del referéndum si la misma resulta aprobada por el Parlamento.

Por otro lado, la necesidad que tienen los partidos de la coalición gobernante de ir definiendo sus propios perfiles de cara al proceso electoral del año 2024 hará que la mayoría parlamentaria muestre algunas fisuras, ya que el voto en el Parlamento es la única herramienta eficaz e inequívoca para mostrar el propio músculo político cuando se acerca la hora de acudir a las urnas.

En ese contexto de previsibles roces internos, la coalición ingresará al último año de su período de gobierno, que si bien podrá mostrar resultados concretos y aciertos en su gestión, arrastrará entonces el desgaste natural que supone el ejercicio del gobierno, sometido a la crítica de los medios, a los embates de la oposición político-sindical, y a la propia insatisfacción de sectores de la población – incluso de sus propios votantes- que pueden experimentar molestias sobre el escaso cumplimiento de sus expectativas.

Las aspiraciones políticas personales de algunos miembros del gobierno, y las estrategias de los partidos que integran la coalición, someterán a la misma a un grado de tensión que pondrá a prueba la solidez de los vínculos que la llevaron a conformarse y a permanecer unida en el ejercicio del gobierno.

Pero es imposible reeditar el escenario político del año 2019, entre otras razones porque la estrategia para acceder al gobierno desplazando del mismo a quien en ese momento lo ejerce, es exactamente la opuesta de la que se requiere para conservar el gobierno luego de ejercerlo por un período.

Esta comprobación nos lleva  a la única estrategia posible, que es la de comparecer a las distintas etapas del calendario electoral del 2024 en forma unida y coordinada, usando en su beneficio las tensiones centrífugas que necesariamente se van a dar en esa dialéctica de “confrontación – cooperación” que es inherente a cualquier coalición política, que por definición la integran partidos diferentes.

Aunque a primera vista suene algo chirriante, los partidos de la coalición no tendrán otro camino que recorrer ese proceso bajo un mismo paraguas electoral, que formalmente requiere el uso de un lema común, que no implica necesariamente fusión ni confusión de partidos.