Las andanzas rusas del embajador Hagobian

Dije «andanzas rusas», y en realidad podría ser «por cuenta de» pero en realidad, las que nos importan, las que son noticia y escándalo internacional, son ucranianas, en territorio ucraniano.

Un poco de historia

El 24 de Febrero del presente año, tras interminables meses de concentración de tropas rusas en la frontera ucraniana, durante los cuales el régimen putinista jugó al gato y al ratón con su vecino y con la comunidad internacional toda, finalmente invadió Ucrania. Es lo que Putin -cínicamente- llamó una “operación militar especial” destinada a terminar con el fascismo imperante en Kyiv y “defender al pueblo ruso” del “genocidio” que tales elementos estaban llevando a cabo. De paso, derrocar a Zelensky tampoco le sentaba mal.

Tal operación, no por previsible y esperada, impactó menos y dio razón a aquellos que sostuvimos que la invasión inicial de 2014, la anexión de Crimea y la guerra no declarada en Donbás, eran apenas el comienzo de un plan para anexionarse Ucrania en su totalidad.

Condena mundial

Tanto las Naciones Unidas, como la Unión Europea y la OTAN reaccionaron de inmediato, salvo las excepciones esperables de aliados más o menos incondicionales de Moscú, condenando los hechos y brindando apoyo al país agredido, Ucrania.

Uruguay, como no podía ser de otra manera, desde el inicio mismo de la agresión, la condenó y manifestó su total apoyo a Ucrania, fijando lo que es -al día de hoy- la posición oficial de la República. Cabe recordar que la Constitución de la República otorga al Poder Ejecutivo la potestad de conducir la política exterior del país, tomando para ello las resoluciones que, a tal efecto, el Presidente de la República estime pertinentes.

Ello, sin perjuicio de que, en el ámbito interno cada ciudadano y partido político pueda manifestar su posición y pensamiento con arreglo a las garantías constitucionales que les son dadas.

Foto: Gastón Britos / FocoUy

Oposición interna a una política externa

Hacer política partidaria con el fin de coadyuvar a sustituir un gobierno o conseguir modificar su proceder o sus políticas, podría ser una buena definición de qué significa hacer oposición. Todo dentro de la Constitución y la Ley naturalmente, como se dijo.

Ello incluye, por lógica, el derecho a oponerse en todo o parte, a una política exterior, cosa que suele ser aconsejable de circunscribir al debate interior.

En tiempos de paz ello es así. En caso de guerra, las líneas tienden a ser más delgadas, y pasar algunas de ellas bien podrían ponerle a quien lo haga al borde de la traición a la Patria.

Hagobian camina sobre esa delgada línea roja. Veamos los hechos.

Hagobian, el «observador» en Ucrania

Según informaba el Semanario “Búsqueda” en su edición online, el integrante de la División de Relaciones Internacionales de la Intendencia de Montevideo Sebastián Hagobian, participa como “observador” en la zona ucraniana de Zaporitzia, lugar donde -conviene recordar- se encuentra la mayor Planta Nuclear de Ucrania, en poder de los ocupantes rusos y en peligro de provocar un desastre de proporciones.

A pesar de la manifiesta ilegalidad de los así llamados “referéndums” , según las manifestaciones del funcionario de confianza municipal y cuadro dirigente del Frente Amplio dijo al medio ruso oficial RIA Novosti que “esperamos que este evento sea un triunfo de la democracia y que la gente pueda libre e independientemente determinar su propio destino” y que “el pueblo organizado libremente puede autodeterminarse libremente”, en tanto que lo de “ocupantes” para referirse a los rusos es una “representación de EEUU”.

Si bien Hagobian intentó desligarse de su calidad de funcionario municipal argumentando que “está en uso de su licencia personal”, aseveró que representa a 67 organizaciones políticas de 30 países. Ni las organizaciones, ni los países a los que representaría, fueron detallados.

Hagobian y sus amigos

Integrando la delegación de “observadores” había representantes de los Gobiernos de Venezuela, Siria, Togo, Bielorrusia, Egipto, Sudáfrica y Brasil. Sin embargo, Hagobian aduce que no viajó como “observador” sino que se encontraba en Rusia participando de una “actividad académica” vinculada con la “invasión” de Azerbaiyán a Armenia (esta sí, indubitablemente y sin intervención de EEUU alguna, es una invasión según Hagobian).

No es tampoco, la primera incursión “internacionalista” de Hagobian, precisamente en lo que parece ser su especialidad, Rusia, ya que en 2021 participó también como “observador” en elecciones legislativas en aquél país, que fueron por él catalogadas de una “fiesta de la democracia”. Pena que Hagobian no se enteró que buena parte de la oposición no pudo participar de la fiesta, por encontrarse en prisión, o en el exilio, o bajo los efectos de algún veneno o cayéndose por alguna ventana, como últimamente les viene sucediendo a los opositores a nuestro amigo Volodia.

Tanta asiduidad en la relación con Rusia por parte de Hagobian, nos recuerda que el autócrata ruso proviene de las filas de la FSB, heredera de la KGB de la URSS, cuyo modus operandi han mantenido desplegando a lo largo y ancho del mundo una vasta red de Agentes y colaboradores encubiertos, tal como sucedía allá por los 60 con un ilustre correligionario de Hagobian, el socialista Vivián Trías, espía de la StB checoslovaca.

Enterado el gobierno ucraniano del intento del régimen ruso de “legitimar” los simulacros electorales celebrados a punta de fusil, se dispararon las alertas y las protestas más duras hacia los países involucrados, no se hicieron esperar.

¿Es Hagobian un cuentapropista de las relaciones internacionales?

Lo que parecía una aventura personal de un personaje de segunda fila con ínfulas de estadista internacional, se convirtió en menos de lo que canta un gallo en un entuerto diplomático de órdago, que obligó a la Cancillería a salir rápidamente a deslindar responsabilidades y reafirmar una posición de apoyo total y absoluto a la legítima defensa ucraniana de su integralidad territorial, firmada en un Pacto con la propia Rusia y que, como es normal, fue inmediatamente ignorado.

El relato de la “gestión personal” y el no involucramiento de la fuerza electoral que Hagobian integra en su Comisión de Relaciones Internacionales (CARIFA) y de su empleadora la Intendencia Departamental de Montevideo en la persona de Carolina Cosse, parece insostenible. Si el Frente Amplio cree que con un comunicado de UN párrafo, en el que además hace mención a que el compañero Hagobian se encuentra EN Rusia (¿acto fallido o declaración de reconocimiento del territorio como anexado?) se equivoca de medio a medio. El sistema político no debería, no podría permitir que semejante atropello, quede impune y en la clásica nebulosa en la que suele moverse la “fuerza política” de Hagobian.

Ahora, las responsabilidades

Hay aquí responsabilidades políticas indudables que deberían ser asumidas, tomando las medidas que la situación exige con el personaje en cuestión. Por parte del Frente Amplio, pero también las funcionales que corresponden a la Intendencia de Montevideo, que vaya uno a saber por qué y para qué mantiene ese suerte de seudo Cancillería dentro de una especie de gobierno en las sombras.

También habría que considerar las responsabilidades judiciales. El Diputado Zubía, ex Fiscal, dice hoy en su cuenta de Twitter que «el integrante del FA en Ucrania puede estar incurso en el Art. 133 Numeral 1 del Código Penal, por actos que exponen al país a sufrir eventuales represalias».

Tal vez, quizás, podría ser por aquello del principio, que sea la propia Fiscalía quien tome cartas en el asunto, buscando determinar de qué lado de la delgada línea roja de la legalidad se ha puesto el Sr. Hagobian asumiendo prerrogativas que son exclusivas del gobierno electo en las urnas.

Claro que, conociendo los vaivenes en el accionar de la Fiscalía General, tan cómo decirlo, ¿erráticos?, ¿impredecibles?, dudo que el «chancho chifle».

Por las dudas, me consigo una silla.