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Tic tac… La bomba de tiempo del sistema previsional que la oposición hará estallar

Escribe Dardo Gasparré

En una reciente nota que reprodujera Contraviento hace tres semanas, la columna calificaba de error histórico la decisión del presidente de avanzar sobre la reforma previsional sin haber logrado el consenso previo de la oposición, que utilizaría como ariete electoral el cambio de sistema para convocar a la derogación de la ley por aprobarse, no importaba los costos o las consecuencias de hacerlo en términos de la seriedad fiscal ni de los derechos de los aportantes ni del ataque impositivo que semejante actitud significara.

Su párrafo central rezaba textualmente: “La oposición ha rechazado de plano la reforma. Eso significa no ya que la misma es eventualmente modificable en dos años o menos, lo que torna la reforma en automáticamente inútil con efecto inmediato, sino que preanuncia el futuro referéndum que propondrá y probablemente ganará la alianza opositora, para anular no sólo el régimen privado de las AFAP, sino para retroceder en muchos de los cambios previstos”.

Hace menos de una semana, el sindicato trotskista FANCAP, resolvió “resistir en las calles “la reforma y “militar” la posibilidad de impulsar un plebiscito constitucional a realizarse en conjunto con las elecciones de 2024

La Asamblea Representativa de la Federación Ancap se pronunció sobre la propuesta de ley de reforma previsional, y manifestó su rechazo frontal por considerarlo “un enorme retroceso para los intereses populares”. A partir de este posicionamiento, el sindicato resolvió una serie de medidas, que incluyen “resistir en las calles” junto a otros sindicatos y organizaciones sociales, incluida la Intersocial, y “militar” la posibilidad de impulsar un plebiscito constitucional en las elecciones nacionales de 2024 para dejar sin efecto la ley de reforma de la seguridad social del gobierno. Por supuesto, que, tal como también lo anticipara esta columna, el sindicato afirmó que propondrá la eliminación (confiscación) de las AFAP’s y que zanjará cualquier costo adicional con impuestos y otras cargas sobre el odiado capital en todas sus formas: inversión, ahorro, tenencia, empleadores, etc.

Se recordará que fue este mismo sindicato el que -empecinadamente- comenzó la lucha por el referéndum para derogar la LUC, aún contra la opinión gremial y política del Pit-Cnt-FA, hasta lograr doblarles el brazo, proceso que casi termina en derrota del gobierno. Si acaso no fue políticamente una derrota el resultado.

Importa refrescar que el plebiscito constitucional es más peligroso aún que un referéndum, primero porque con apenas 10% se aprueba elevar a plebiscito modificatorio constitucional un texto determinado, (que sería el que se vote en 2024, según esta idea) que pasaría a formar parte del texto de la Constitución con el 50% más uno de los votos válidos.

También importa repasar lo sostenido por esta columna sobre el mismo tema: “Es también evidente y visible a simple vista que el Pit-Cnt-FA continuará usando todo tipo de recursos de democracia directa para convertir cada decisión gubernamental en un plebiscito real o virtual, para proponer nuevos impuestos, medidas facilistas, redistributivas y opuestas al derecho de propiedad, y si eso no fuera suficiente, recursos de acción directa de la apodada democracia popular, (la siguiente etapa de democracia con aditamentos) como paros, huelgas, demandas imposibles, marchas o lo que fuere”. De modo que este nuevo proceso que se le ha servido en bandeja a la oposición era previsible y hasta cantado.

Y como también ha sostenido esta tribuna, se le ha regalado la posibilidad de empezar la campaña electoral dos años antes, ventaja nada menor, que pondrá al gobierno a la defensiva, aún más de lo que está.

Cuando en la nota linkeada al comienzo se consideró un error histórico haber avanzado con esta reforma sin consenso y sin poder plasmar constitucionalmente la reforma previsional, surgió naturalmente la dicotomía de lo que corresponde hacer y lo que conviene hacer. De la permanente lucha entre los principios y la oportunidad, entre el deber y la conveniencia, como se quiera poner. Pero aquí se trata de un sacrificio inútil. Se pierde políticamente y no se consigue el objetivo central. Porque no es cierto que hay tal reforma duradera. Y no solamente porque los términos de la ley, como corresponde, tendrán efecto a lo largo del tiempo y en el largo plazo. Sino porque la reforma corre el riesgo de caerse a pedazos en cualquier momento. Hasta hoy mismo es difícil creer, aunque se intente, que la futura ley perdurará un tiempo razonable. Con lo cual el supuesto acto patriótico, o superior, es inconducente.

Es cierto que lo que ocurre y ocurrirá con el sistema previsional tal vez escapa a las posibilidades del gobierno, y tiene una relación de espejo con la división de criterio (para no usar el término grieta que se niega por sistema) que marca la paridad casi matemática de los dos últimos procesos electorales. La mitad del país cree que la jubilación debe surgir de un proceso de ahorro y reparto con algún formato a conversar, y la otra mitad cree que es una obligación de quienes tienen una mejor situación económica mantenerlos y subsidiarlos con el mecanismo de empobrecerse vía impuestos, aportes o solidaridad inter e intrageneracional en nombre de un derecho divino que se supone tiene una parte de los trabajadores, en detrimento del empleo y de los derechos de los demás.

En vez de sentir algún grado de orgullo o autosatisfacción por el cumplimiento de sus predicciones – de todas maneras, bastante obvias de formular- la columna promete no dar más ideas al sindicalismo trotskista, ni a su controlado Frente Amplio.

 

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