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Entre el hastío con el debate político y la falta de debate moral: un desafío nacional

28 diciembre, 2022

 

“…donde los hombres no pueden vivir, a los dioses no les vas mucho mejor…” Cormac McCarthy (The road)

 

En Contraviento, nuestro Director despertó a la Navidad con espíritu cuestionador y puso un tweet con el siguiente texto: “En UY sobra debate político, y falta debate moral. Con valentía, dejando de lado lo «políticamente correcto» Daniel Sturla plantea el dilema moral que cuestiona el factor básico de la evolución de la humanidad: el compromiso con los que aún no nacieron. El mundo les pertenece”

Pascale alude a conceptos vertidos por el Cardenal Sturla en nota que le realizara el Diario “El País” en el día de hoy –por el domingo 25 de diciembre– precisamente, poniendo énfasis en una de sus definiciones, relativas al aborto, como el “compromiso con los que aún no nacieron

Los dichos de Sturla

En puridad, siendo ese uno de los puntos más fuertes de las declaraciones del jefe de la Iglesia católica uruguaya, no es el único. Convendría reproducir un párrafo íntegro, para darle a ese asunto el contexto adecuado.

A la pregunta ¿qué desafíos ve hacia el futuro?, el entrevistado responde lo siguiente:

Hay un tema grande que no es político, y que es el sentido de la vida. Tenemos el gran tema del consumo de drogas que pulula por todas partes y que está en toda la sociedad pero que golpea más a los que menos tienen porque consumen cosas peores. Y son los que tienen menos recursos para salir adelante. Y eso tiene que ver con que la gente no encuentra sentido a su vida. Es un tema espiritual. No es un tema económico. Y ese es el drama del Uruguay. ¿Qué nos pasa como sociedad? Yo creo que es un vacío espiritual y hay un descenso del sentido religioso de la vida que la fe cristiana da. Y todo eso que no está presente, porque la fe está debilitada, hace que la gente busque por otro lado.

Después hay un problema que son esos bolsones de pobreza dura. Y ahí hay un tema educativo importante a afrontar Estado y sociedad civil, tratando de sacarse las baterías políticas porque no puede haber 600 asentamientos, no puede haber gente que viva en condiciones no humanas. Ahí tenemos que hacer algo.”

 

Un poco más adelante en la entrevista, ante la pregunta “celebró la “valentía” que hubo en Estados Unidos para dar marcha atrás con la legalización del aborto ¿Esperaba con el cambio de gobierno que haya cambios?, respondió lo siguiente:

“…no, no lo esperaba. Porque hace falta un cambio de mentalidad y toda la corriente va en un sentido. Creo que va a llegar el momento, que no creo lo vea nuestra generación, en que va a volver a florecer la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Y se va a ver estas leyes permisivas como el aborto como un horror. Pero falta bastante para que pase eso” (los subrayados son míos)

 

Como se puede advertir de los párrafos reproducidos, hay en todos ellos un hilo conductor que lleva a la “defensa de la vida humana” como centro, teniendo en cuenta para ello al ser humano en su integralidad, tanto en su defensa desde la concepción como las condiciones para su desarrollo físico, emocional, social y económico, entre otros, en donde todos tenemos alguna clase de responsabilidad.

Que al Uruguay le sobra debate político, parece más que evidente. Aunque, más que político, lo que le sobra es debate partidario, y ni siquiera eso, mera lucha de trincheras ideológicas, y en cambio, le falta debate moral y ético, en el sentido que tal debería tener, que es la de la apertura a las ideas ajenas sin preconceptos ni descalificaciones, partiendo de la base que lo que en una época dada se daba como verdad revelada, a la vuelta de las décadas y los siglos, puede ya no serlo.

En busca del sentido de la vida

Un somero repaso de los comentarios de los lectores, en la edición digital de la citada nota, en un 99% ataques ad hominem que dicen más del que responde que del entrevistado, parece instalar un posible “debate” en plena Tribuna Ámsterdam, durante un clásico, y con el árbitro como tema principal. No es por ahí, huelga decirlo.

Un debate serio, a un planteo que lo es, siendo además de tono respetuoso y omnicomprensivo de toda una compleja problemática social y humana, debería evitar caer en la descalificación per se con el trillado argumento que como la Iglesia Católica no habría hecho lo suficiente respecto de sus sacerdotes pedófilos y abusadores, no está calificada para opinar de nada. Así, nos quedamos sin debate, y sin Carnaval, de paso.

Puesto el gato encima de la mesa, lo primero que deberíamos hacer, es fijarnos unas reglas de juego mínimas, claras y válidas para todo el mundo.

La primera, debería ser evitar el juicio por quién lo dice y no por qué dice.

Lo segundo, y no menos importante, es que no hay temas tabúes que la sociedad no pueda discutir.

Tercero, y fundamental que, por el tiempo necesario, la corrección política debería tomarse licencia y mientras tanto, permitir a las palabras ser expresadas sin eufemismos ni subjetivismos.

En un resumen rápido, Sturla ha dicho, refiriéndose al Occidente judeo-cristiano -aunque se enfoque en nuestra sociedad- que el ser humano ha perdido progresivamente el sentido de la vida, el proceso de creciente falta de espiritualidad -que no es lo mismo que religiosidad, aunque pueda serlo- nos ha ido llevando a cada vez mayores cotas de problemas de toda índole, entre las cuales, el ancestral impulso al refugio en las sustancias (una lectura de Escohotado y su “Historia Elemental de las Drogas” sería muy ilustrativa) y un hedonismo que lleva, inevitablemente, a la frustración y sus males conexos, la depresión y la violencia, hacia otros y hacia sí mismo.

Es en ese contexto, que el entrevistado alude a una afirmación del papa emérito, entonces Cardenal Ratzinger, afirmando que pasado el tiempo -tiempo que para la milenaria Iglesia se mide de otra manera-, “el aborto será visto como un horror”.

 

Moral social, ética personal, libertad individual

 

Lo primero que debiera hacerse para analizar y valorar las afirmaciones de Sturla, es subrayar que trascienden -y se despegan de- la religión católica y de cualquier otro sistema de creencias. Lo que Sturla hace, partiendo de su propia concepción espiritual, es plantear un universo de problemas sociales, que afectan al bien común de la moral social, pero también de la ética personal como individuos, y al bien superior de la libertad individual, imposibilitado su desarrollo precisamente por los condicionamientos de aquellos otros factores.

Nos dice, a creyentes de cualquier religión, agnósticos y ateos, nuestra sociedad -y por tanto, los individuos que la componen- adolece de diversos problemas, que van desde la pobreza, la precariedad habitacional manifestada en marginalidad, insuficiencia educativa y falta de perspectivas, junto a insuficiencia de vínculos afectivos, que conllevan a un sostenido crecimiento de las adicciones y junto con ello, la violencia y criminalidad.

Nos dice que, sin llamarle tal, nuestras sociedades siguen estando -como nos lo explicaba el Dr. Viktor Frankl en “El hombre en buscar de sentido” hace décadas y como también lo hiciera magistralmente Erich Fromm en su clásico «El miedo a la libertad»-, invadidas por una neurosis colectiva llamada “vacío existencial” que les impide a los seres humanos ejercer la responsabilidad de la libertad. No otro origen tiene la cultura de la muerte que impera en sociedades sin horizontes, en contraposición a la apuesta a la vida a la que alude Sturla. En ese contexto es que se explica el aborto como su contracara, la negación de la vida y la apuesta a la muerte.

Con la realidad cara a cara

Abstracción hecha entonces de quién ha dicho lo que aquí hemos resumido, cualquier uruguayo más o menos racional y dispuesto a pararse un instante a observar la sociedad en la que vive, debería concordar con que el análisis hecho por Sturla es ampliamente compartible, tiene la virtud de no ingresar en un discurso fácil y posee la formidable cualidad de síntesis casi perfecta de una realidad social que nos golpea a diario.

Si acaso, conviene tener presente algo que subyace en ese diagnóstico, y si bien no se explicita, aparece con bastante claridad del contexto de sus declaraciones. Tiene que ver con que, todas las cuestiones que afectan al individuo y a la vida en sociedad y que constituyen la esencia misma del Contrato Social expresado en una Constitución, y que producto de la dinámica evolutiva de esa misma sociedad, luego se refleja en Leyes, al cabo del tiempo deben ser revisadas en cuanto a sus resultados, sus eventuales carencias y errores, así como las posibles disonancias con una realidad siempre cambiante.

Con esto nos referimos a que, así como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo produjo respecto del aborto unos resultados que no necesariamente coinciden con los previstos por el legislador, otro tanto podría estar sucediendo con las leyes que regularon la producción y venta de marihuana, la ley que intentó solucionar el azote de la violencia familiar y entre sexos, o las relacionadas con la venta y consumo de tabaco.

Dicho esto, no podemos estar más de acuerdo con el tweet de Pascale en cuanto al sobrante de debate político y faltante de debate moral.

Por tanto, lo que sigue es tratar de formular las preguntas correctas, para intentar encontrar el camino indicado. Para ello, tal vez un buen método, sea el del descarte.

¿Qué carácter debería tener un debate como el propuesto?

¿Quiénes y en qué ámbito deberían hacerlo?

¿Quién o quiénes deberían ser los convocantes?

¿Qué objetivos se propondría conseguir?

Contestar estas preguntas podría ser un inicio. Que la Sociedad participe a través de sus medios de expresión más al alcance y más democráticos, como son las Redes Sociales, podría ser un insumo inicial interesante.

El balón queda picando.