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Los Secretos del 9 de Febrero

9 febrero, 2023

En su edición especial conmemorando los 50 años de los fatídicos sucesos de febrero de 1973, es un honor para Contraviento recoger los recuerdos de un testigo directo y privilegiado de esos hechos, el sobrino del C/A Zorrilla, Ingeniero José M. Zorrilla, quien nos brinda detalles desconocidos de los  oscuros entretelones de esos días.

El golpe de Estado de 1973

Este año 2023 pasarán 50 años desde la rotura del orden constitucional, en 1973, después de 35 años de gobiernos democráticos elegidos por el pueblo en elecciones libres. Cuando en 1972 asistimos a la derrota de la guerrilla tupamara, los que vivimos esa época debemos recordar, para que esa historia nunca vuelva a repetirse. Mi padre fue herido en la rodilla por una bala perdida, y siendo muy jóvenes vimos explotar en la puerta una bomba molotov en la madrugada por una sanción disciplinaria común puesta a un guarda de ferrocarril.

En la Facultad de Ingeniería, una asamblea nos eligió a Pototo Barreiro y a mí como interventores para mantener el centro de estudiantes funcionando, en medio de una convulsión que afectaba a las agrupaciones y al momento político. Eso me dio un lugar de primera línea en los acontecimientos.

Pude ver en 1972 cómo la Inteligencia Naval que, junto con la Dirección de Inteligencia y Enlace del Comisario Otero, fueron los que en verdad derrotaron a la guerrilla financiada desde Cuba y entrenada por Checoslovaquia, a pura inteligencia y con el apoyo de la gente, después de que el Parlamento separara de los juicios a un Poder Judicial infiltrado por los tupamaros, que los liberaba a los tres meses.

Ahora los navales mantenían bajo vigilancia a cuatro generales, sospechosos de complotar contra el cese del estado de guerra. Antes esos generales habían conseguido encarcelar a Jorge Batlle por denunciar contactos del Ejército y guerrilleros presos.

El Comandante de la Armada pidió al Presidente autorización para detener a los cuatro generales, ya rodeados por efectivos de Inteligencia Naval, sabiendo por tenientes coroneles con mando de tropa que esos generales estaban contactando oficiales para organizar un golpe, y que hasta ese momento no tenían apoyo. a pesar de la actuación del coronel Trabal en Inteligencia Militar, entrenado en Panamá en Desinformación y Guerra Sicológica.

El Presidente no le dio permiso de detenerlos, y un militar uruguayo jura por su honor defender la Constitución, donde el Comandante en Jefe es el presidente. No pudo hacer nada.

Siguió la denuncia de Vasconcellos, y unas semanas trágicas donde muchos fueron engañados como niños.

Los militares mandaron al general Baliñas a convencer a Seregni que este sería un golpe peruanista, de izquierda, para conducir al país al socialismo. El Partido Comunista contactó al peruano, y estos les confirmaron que los militares uruguayos los habían contactado pidiéndoles consejos. Así el Frente Amplio en febrero del 73 apoyó a los generales golpistas, aun contra la firme oposición del arquitecto Juan Pablo Terra y del Doctor Hugo Batalla.

Mi amigo comunista en facultad hablaba conmigo todos los días, para convencerme de los dichos de los peruanos, y yo para convencerlo que los estaban engañando los mismos que hacía un año querían ponerlos presos a todos.

También mandaron al General Aguerrondo y otros a convencer al Partido Nacional que este golpe era para corregir las elecciones de 1971, poniendo un gobierno de transición con una personalidad, y llamando a nuevas elecciones para que Wilson pudiera ser presidente.

Y al Partido Colorado, aun cuando era gobierno, le prometieron que era solamente para disolver las cámaras y que pudiera gobernar, lo que no podía en 1972 por no tener mayorías en el Parlamento. Solamente no les creyó el vicepresidente Sapelli, que no acepto ser presidente cuando le ofrecieron.

Cuando en febrero los tanques salieron a las calles, una sola voz salió al corte de los comunicados militares desde las estaciones de radio tomadas por el Ejército, la voz de la Armada.

La Armada Nacional cerró la Ciudad Vieja, atrincheró sus unidades en todo el país y ofreció al Presidente de la República la seguridad del Comando Naval, y se aprestó a luchar hasta la muerte para honrar su juramento de defender la Constitución y la Ley.

Tuvieron que parar al capitán de navío Carlos Camps, que socialista como era quería ir ante el Presidente con una metralleta, y pegarse él un tiro, para que el presidente lo imitara y fuera un símbolo como fuera después Allende.

El Presidente no aceptó ir a la Ciudad Vieja, tenía otros planes.Siguieron horas de gloria, que no deben ser olvidadas por un pueblo que no quiera repetir las malas historias.

Cuando la Base de la Infantería de Marina fue rodeada por más de 1000 soldados y tanquetas, 100 infantes de marina se desplegaron con pintura camuflaje armados a guerra, reptando por los jardines, y el ejército retrocedió.

A un jovencito oficial que quiso desacatarse, su Jefe lo desarmó, cacheteó y envió a calabozo. Cuando toda la flota estaba preparada para salir a guerra y bloquear el puerto, el Tenderredes Huracán salió sin órdenes, y 40 traidores hicieron una proclama por radio desconociendo al Comando. Cuando lo informaron, el Comandante dio una orden directa al Jefe de la flota: «Húndalo».

Para sofocar una rebelión, no necesitaba pedir permiso a nadie. Y hundiéndolo, sabía que ninguna unidad del Ejército atacaría a colegas de armas en la Armada, y se terminaría esa trama.

El jefe de flota era nacionalista, como la mayor parte de los oficiales superiores. Le dijo: «Pará, Indio» (el nombre de guerra del contraalmirante), «estos son navales, vamos a hablar con ellos primero»

El Indio insistió: «Es una orden, si no se obedece no tengo más que hacer acá»

Antes de retirarse, y pasar su renuncia al ministro de Defensa, registró todos los acontecimientos para que cuando volviera la normalidad pudieran ser juzgados.

La semana siguiente apareció una bomba en el jardín de su casa de la calle San Nicolás. Querían que se fuera. La retiró la brigada de explosivos del GRUBU.

Cuando Inteligencia Naval pasó a Inteligencia Militar el aviso de que, en caso de «accidente», los cuatro generales serían ejecutados, las amenazas terminaron.