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Pascale: «Minorías políticas pretendieron sumarse a la intentona golpista del 9 de febrero»

9 febrero, 2023

«Minorías políticas pretendieron sumarse a la intentona golpista, creyendo que obtendrían algún provecho de aquel movimiento subversivo contra la Constitución. El precio que el país y ellos mismos pagaron por su miopía y afán de poder», fue enorme», dijo hoy el Director de Contraviento en el acto de homenaje al Contralmirante Juan José Zorrilla, celebrado en el Comando de la Armada.

El acto fue promovido por una Comisión Ciudadana de Homenaje, presidida por la Dra. Luisa Amaro, e integrada además por el Ing. José Martín Zorrilla, el Dr. Fernando Aguirre, el Dr. Graziano Pascale, y los señores Ignacio Scala y Manuel Novas. Al término del mismo, se hizo entrega al Comandante en Jefe de la Armada, Almirante Jorge Wilson, alusiva a la actitud asumida por el Contralmirante Zorrilla y los oficiales leales a su mando en la jornada ddl 9 de febrero de 1973.

El acto de hoy contó con la presencia del Ministro de Defensa Nacional, Dr. Javier García, los altos mandos de la Armada, y la familia del Contralmirante Zorrilla. La prsentación de la Comisión Ciudadana de Homenaje fue realizada por el diputado Daniel Martínez, quien recordó los hechos vividos el 9 de febrero de 1973, y la actitud asumida por Zorrilla en defensa de la Constitución y la legalidad democrática.

 

 

 

TEXTO COMPLETO DEL DISCURSO DE PASCALE

La gesta del Contralmirante Juan José Zorrilla que hoy evocamos, resume la esencia del honor militar, y nos recuerda que la paz de la República y las libertades civiles y democráticas dependen del acatamiento de las Fuerzas Armadas al mandato de cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República.

El homenaje que este grupo de ciudadanos ha promovido, no tiene otra finalidad que recordar que ese compromiso con la Constitución es la razón de ser de los institutos armados de la Nación. En horas tristes y oscuras, así lo entendieron el Contralmirante Zorrilla y los oficiales de la Armada que se mantuvieron leales al mando.

Corresponde al historiador, con el paso del tiempo, analizar las causas -que fueron múltiples y variadas- que llevaron al país a vivir días de violencia y terror, en plena democracia, cuando estaban garantizadas, como lo están hoy, las libertades civiles y políticas en el país.

No es ese nuestro cometido, ni la razón que hoy nos ha convocado. Todos los aquí reunidos, firmes defensores del sistema republicano democrático, tenemos nuestra propia visión de lo acontecido, que puede o no ser coincidente. Pero hay un punto en el que nuestra visión es unánime: el rol de las Fuerzas Armadas en el sistema democrático sólo se concibe en el más absoluto respeto a la Constitución y a las leyes emanadas de los órganos del Estado legitimados para ello.

El desborde del año 1973 tiene, como fue dicho, varios orígenes. Y se produce en un momento histórico en el que las grandes potencias mundiales disputaban áreas de influencia y de dominio, en el período que se ha dado en llamar “la guerra fría”, que siguió a la Segunda Guerra Mundial.

Sin propósitos hegemónicos, y respetuoso de la libre determinación de los pueblos y del principio de no intervención, el Uruguay se vio inmerso en un conflicto que no buscó ni deseó.

En ese marco, grupos minoritarios, fracasados en el camino de las urnas por el claro rechazo de la sociedad a proyectos inspirados en ideologías totalitarias, desafiaron a las instituciones del Estado por la vía armada. El país supo responder a ese desafío dentro de la Constitución y la ley, pero no supo contener las apetencias de poder de grupos dentro de las propias instituciones armadas.

Fue un momento de profunda división en el país, de persecuciones a líderes civiles de amplio respaldo popular. Un período de encono, marcado por la ausencia de libertades y derechos consagrados por la Constitución.

En el origen de ese proceso, en medio de la tormenta, el Contralmirante Zorrilla vio con claridad que el rumbo a seguir era el de respetar a ultranza la Constitución de la República, que implicaba mantener a las Fuerzas Armadas sujetas a la autoridad política de los gobernantes democráticamente electos.

El regreso del país a la normalidad democrática permitió, si bien en forma tardía, reparar las injusticias sufridas por quienes con honor llevaron hasta las últimas consecuencias el compromiso de defender la Constitución.

Otras heridas quedan aún abiertas, pese a la expresa voluntad del pueblo uruguayo de dejar atrás el pasado y mirar al futuro sin ánimo de revanchas.

La otra gran lección que dejan los episodios de 1973, y el ejemplo del Contralmirante Zorrilla, es que no son admisibles atajos para llegar al poder por fuera de la democracia. Minorías políticas pretendieron sumarse a la intentona golpista, creyendo que obtendrían algún provecho de aquel movimiento subversivo contra la Constitución y el Estado de Derecho. El precio que el país, y ellos mismos, pagaron por su miopía y afán de poder fue enorme. Sin embargo, pasaron 50 años y nadie se ha hecho responsable por aquel desatino.

Suele decirse “Nunca Más” cuando en el país se recuerdan aquellos tristes episodios. Es un anhelo compartido por toda la sociedad, que requiere el compromiso previo de fortalecer a las organizaciones políticas y al propio sistema educativa. Sin ciudadanos formados en el respeto a

la Constitución y a las leyes, en el Estado de Derecho y en el funcionamiento normal de las instituciones, ese anhelo de “Nunca Más” será una expresión vacía de sustento.

De todas las formas conocidas para organizar la vida en sociedad, la democracia es el mejor sistema. Aún con sus imperfecciones, el sistema democrático es el que asegura a las personas el goce pleno de sus derechos y libertades, mediante el accionar de las instituciones surgidas de la voluntad popular, con el contrapeso que ejerce la separación de poderes para neutralizar el posible desborde de algunas de las instituciones.

El nombre del contralmirante Zorrilla y su gesto de febrero de 1973 siempre estarán presentes cuando estos valores sean objeto de debate por minorías sociales o mayorías con tentaciones totalitarias.

Permítasenos culminar estas palabras exaltando los valores que nos unen, y que son la esencia y razón de ser del Uruguay.

Viva la democracia!

Viva la libertad!