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La Universidad, ¿es pública?

4 marzo, 2023

Escribe Roque García 

(Columnista invitado)

El daño que el affaire Olesker le está haciendo a la credibilidad de la Universidad de la Republica es enorme. Sobre todo, entre la gente común, aquellos que nunca pisaron la casa de estudios superiores del país, es decir el 90% de los uruguayos, pero que cada día con esfuerzo, pagan los impuestos para sostenerla.

Antes de este episodio, pocos sabían que en Europa existen Diplomas que se llaman Maestrías “Propias”, es decir no son superiores a los títulos, los complementan. Para saber de qué tipo de Maestría estábamos hablando, realicé un pedido de acceso a la información publica solicitando: “Copia anverso y reverso del título expedido por la Universidad Católica de Lovaina al Sr Olesker, así como toda otra documentación de la referida Universidad que haga mención a su desempeño académico, si lo hubiera. Copia de los fundamentos por los que se aceptaron los méritos presentados y el nivel de Equivalencia que se le dio al mismo en el otorgamiento del cargo inicial.”

En una extensa y bien fundamentada nota la UDELAR me contesta que: el documento que pido es público, que no lo tienen en el otorgamiento del cargo original por el tiempo que pasó, (están obligados a tener toda la documentación 10 años) y que tampoco “aparece en ninguno de los “antecedentes que pudieron recopilarse relativos a la designación o contratación de los sucesivos cargos.” En concreto la Universidad hoy, no puede dar fe de la supuesta Maestría de Olesker.

Sabemos de boca del mismo Olesker que cuando concursaba para los cargos de profesor el tribunal no le daban los 8 puntos de la licenciatura, pero sí los 8 de la Maestría.  Ahora, contra qué documento los integrantes del tribunal asignaban esos puntos tampoco lo sabemos.

Para sumarse a la confusión en las últimas horas surge un comunicado del Departamento de Economía de FCEA que afirma que es economista, sin aportar otra vez más, ninguna prueba tangible a sus expresiones de apoyo y de fe.

Son muchas las dudas y pocas las pruebas concretas.

Lo que la Universidad quizás debe hacer, para evitar esta continua pérdida de credibilidad y actuando en favor de la transparencia, es apoyarse en los profesionales que tiene, con probada capacidad técnica e idoneidad moral y realizar una investigación administrativa, que llegue a la verdad material de todo este asunto contestando: ¿Qué tipo de Maestría tiene Olesker, y cuáles fueron los fundamentos documentales sobre los que los tribunales le dieron los puntos a lo largo de 3 décadas? ¿Existen otras situaciones similares? ¿Qué medidas se tomarán para evitarlo?

Responder a estas preguntas se lo deben a la gente y a las autoridades porque más allá de lo anecdótico y político hay un empleo de los dineros públicos que debe hacerse con ajuste a las reglas del Estado, algo que seguramente la FCE y de Administración sabe muy bien.   Hasta tanto, ni explicaciones voluntaristas a medias, ni ninguneos desde la soberbia van a detener el daño que cada día Daniel Olesker le hace a la reputación de la Universidad de la República, sobre todo a la parte de Pública de su nombre.