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La foto del fracaso

20 abril, 2023

«Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás es relaciones públicas» (George Orwell)

Por Graziano Pascale

No es novedad que soy usuario frecuente de las redes sociales. Lo saben los 60.000 seguidores de mi cuenta de Twitter, y los cientos de usuarios de esa red con los cuales suelo intercambiar comentarios, noticias y opiniones. En la discrepancia o en la coincidencia, respondo comentarios sobre asuntos públicos, evitando siempre los temas personales, las descalificaciones y los insultos. Casi 14 años de uso constante de este formidable medio de comunicación, me ha permitido hacer mi propia «encuesta» personal sobre los temas de interés, aquellos que concitan el mayor intercambio y disparan cientos de comentarios, por lo general inteligentes, constructivos y bien fundados, más allá de la coincidencia o no con el tema en debate.

Pero hay un tema en particular que «saca de las casillas» a mucha gente, seguidores o no de mi cuenta personal: la mugre de Montevideo. Ayer volvió a ocurrir con la foto que acompaña esta columna. Aparecieron tuiteros que nunca se manifiestan ante ningún otro tema, insultadores profesionales, y hasta partidarios de lo que me resta por vivir sea el menor tiempo posible. y otros sugiriendo que me recluya en un geriátrico lo más pronto posible. Todo eso …….por una foto, con un texto alusivo irónico, señalando que se trataba de una imegen del «cambio climático», al cual la Intendenta Carolina Cosse atribuyó la causa de la inundación del «puente ferroviario2 de Fernández Crespo.

«Algo» pasa con la suciedad indomable de Montevideo. Y vale la pena detenerse, porque se trata de un asunto de interés público, con flancos que van desde la política hasta la salud pública, pasando por el turismo y la convivencia pacífica de los ciudadanos.

Quienes vivimos en Montevideo desde hace más de medio siglo, o tenemos memoria incluso de alguna década más atrás en el tiempo, conocimos los «basurales» en las esquinas, donde los vecinos iban a tirar la basura que se acumulaba sin recolectar en su domicilio. Tan grave era ese problema, que la victoria del Frente Amplio en 1989, que llevó a Tabaré Vázquez a la Intendencia, se cimentó, entre otras cosas, en la promesa de eliminar los basurales de una vez. Tan harta estaba la población, que apostó a un cambio en aquel año, con la esperanza de ver resuelto ese y otros problemas de la ciudad.

Cambios en la recolección

En un esfuerzo por adaptarse a las nuevas tendencias en la materia, la Intendencia apostó a los contenedores y a un parque de camiones adaptados a su uso. El sistema apuntaba a evitar -y lo hizo con éxito- la formación de basurales, ya que el vecino tenía la opción de volcar los residuos en el contenedor más cercano a su domicilio, que luego serían recogidos por el camión destinado a ese fin.

El primer desafío que enfrentó ese sistema fue el de los hurgadores, que usando carros tirados por caballos se adelantaban al camión recolector para recuperar algunos residuos de utilidad, o para recoger restos de alimentos. Una complicada negociación con los hurgadores, y cambios en las normas sobre el uso de caballos para esa finalidad, permitieron acotar el impacto sobre la limpieza de la ciudad que traía aparejada la labor de esas peronas, que han encontrado en la clasificación y aprovechamiento de los residuos una forma de vida.

El problema, sin embargo, ha persistido, porque ahora son las personas que viven en situación de calle, cuya cantidad no ha podido ser acotada lo suficiente, las que se dedican a hurgar en esos contenedores, sin volver a depositar en los mismos el contenido de las bolsas que revisan en busca de algo de su utilidad.

A estas causas deben agregarse las interrupciones del servicio de recolección -ahora menos frecuentes que antes-, y el sistema mismo de contenedores cuyo uso resulta incómodo, especialmente para las personas de edad avanzada, y que no está diseñado para impedir que terceros accedan a su contenido, sin volver a colocar los residuos en el contenedor.

Ahí está la razón fundamental -junto a la deficiencia en la prestación del servicio- de la acumulación de basura en calles y veredas, alrededor de los contenedores, en muchas zonas de Montevideo.

El Whatsapp

Las mejoras en el servicio, que por momentos se pueden apreciar, no se mantienen en el tiempo. El último intento, para evitar que vecinos molestos compartan fotografías en las redes sociales, ha sido habilitar un número de Whatsapp para informar a la Intendencia sobre los casos de contenedores desbordados, o simplemente rodeados de residuos por la acción de los hurgadores. En una ciudad atestada de cámaras, un control centralizado de esas situaciones no sería nada difícil de implementar.

La publicación de la foto que ilustra este arículo llevó a cientos de usuarios de Twitter a preguntar por qué había publicado la foto, y si había avisado por Whatsapp. El texto que acompañaba la foto era suficiente explicación, pero muchos prefirieron no entender lo que subyacía en ese breve texto, para ingresar en el camino del insulto, la descalificación barata, y cosas peores. La molestia era la foto, era la difusión púiblica de un fracaso, acompañada en algunos casos por una velada apelación a la autocensura, augurando toda clase de males por no haber enviado el Whatsapp.

Con ser todo esto muy grave, hay algo más desalentador aún: la oposición en Montevideo se ha desentendido de su compromiso de ofrecer una alterantiva de cambio. Es una actitud suicida, porque ese votante desconforme con la deserción de sus dirigentes en la capital, puede también castigar a la Coalición Republicana a nivel nacional.