La LUC soy yo

Por Juan R. Rodríguez Puppo 

El Estado soy yo decía Luis XIV, y tras esa frase aprendimos que a lo largo de la historia hubo varios monarcas y políticos más que la aplicaron. Tal vez la diferencia con el pobre Luis era que no se animaron nunca más a reconocerlo.

El Uruguay siglo XXI nos tenía deparada una sorpresa. Hoy tenemos nuestro propio Luis XIV o tal vez nuestro Luis XXVIII (porque dicen q Luis XIV era medio tonto). Se llama Gerónimo y estudia en el IAVA. Este pibe, que lidera una treintena de adolescentes rebeldes, siente que está por encima de las leyes del Estado. Hay cientos de recortes de prensa abundando en el tema y no me centraré en el episodio puntual. Lo suyo fue un piquete. Hoy está expresamente prohibido en la LUC y este “chico” no tuvo mejor idea que declarar a los medios que “a él no lo representa la LUC”.

En fin. A mí tampoco me representa la Contribución Inmobiliaria pero tengo el deber de pagarla. Asusta y asombra que este tipo de personajes tengan tanta prensa y hasta puedan ser inspiradores de la conducta de otros jóvenes. Espero que no. Pero mi punto hoy se enfoca en recordar el origen de la norma legal sobre piquetes.

Sin ingresar en la prehistoria puedo decir que existió un decreto del año 1999 que ya regulaba la libre circulación y la prohibición de los piquetes y cortes de rutas. El mismo rigió con moderado respeto durante años y salvo casos excepcionales puede decirse que cumplió su ciclo de vida normativa. El decreto de Sanguinetti y el ministro Stirling se fundaba en el derecho a la libre circulación y por razones de seguridad pública.

18 años más tarde y cuando el gobierno de Vázquez ya había sorteado incómodas situaciones de represión en el ámbito educativo y cuando se le venía “la noche” en el choque con distintos actores sociales, decidió reeditar un decreto de similares características. Vázquez tenía la disyuntiva de como “vestir la novia” para que parezca virtuosa luego de su ley orgánica policial y el código de conducta del funcionario policial que resguardaban la función del policía siempre preservando una noción ultra infantil de los derechos humanos. En fin. De tanto defenderlos se olvidaron que el ciudadano indefenso también era un “humano a protegerle sus derechos”.

Tomando en cuenta esos antecedentes y avizorando tiempos de mayor convulsión el gobierno de Vázquez en 2017 puso las barbas en remojo y reedito ese decreto avisando a la ciudadanía toda que iba a hacer uso de la fuerza pública para desalojar a quienes intentaran realizar cortes de ruta, calles y avenidas.

Como el decreto sonaba un tanto represor para un gobierno de izquierda aclararon en su art 4º que el mismo se aplicaría siempre respetando el art 57 de la Constitución. O sea no usarían la fuerza pública para reprimir una huelga (que tomara como medida un piquete). Una inflación normativa innecesaria obviamente. No había necesidad de estampar por escrito que un decreto no buscaba derogar la Constitución.

Semanas más tarde el dr. Charles Carreras en trabajo doctrinario en el que no escatimó en mal usar el verbo haber (“Hubieron” 4 veces mal empleado) justificó esta medida ante la “academia” progre explicando que este decreto era especial porque respetaba el Derecho de Huelga y que se hacía pensando en cortes de ruta que podrían llegar a realizar las patronales. Una perorata “psicoprogre” tan berreta como la pluma que la escribió.

Explicado todo lo que antecede puede el lector de estas líneas colegir que a don Gerónimo quien le está diciendo que no puede cortar las avenidas de la capital es el propio FA con el decreto que hoy inspira a la LUC en materia de piquetes. Esta ley tiene el mérito de haber estampado esta prohibición dándole jerarquía legal y media entre los derechos de todos los ciudadanos para respetarnos entre todos.

Puedes y tienes libertad para manifestar. Puedes y tienes el deber de respetar la circulación libre de otros ciudadanos.

La LUC me representa.