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Colibrí King

3 agosto, 2023

Escribe Silvio Moreira

Una familia que tenía voluntad de hacer algunos pesos extra en un balneario del este, se decidió por montar un delivery de hamburguesas. Comenzaron a venderlas con bastante éxito y se animaron a poner un cartel afuera que decía: “Hamburguesas criollas, de carne pura de novillo”.
Al poco tiempo se mudó a su misma cuadra una familia china que decidió también hacer su verano vendiendo comida. Y así fue que colocaron en el frente de la casa un cartel bien grande que decía: “Hamburguesas de colibrí, las mejores del mundo”.
Muy intrigado el uruguayo mandó a su hija a comprar hamburguesas, y las encontró normales, pero la gente estaba empezando a comprarlas con bastante interés. La gente quería no perderse la nueva moda de comer carne de colibrí, aunque el chino vendía la hamburguesa al mismo precio que él.
Comenzó entonces una guerra de promociones: que 2 x 1, que 3 x 2, que tal combo con bebida… Pero el chino era imbatible y siempre bajaba el precio de su hamburguesa de colibrí y seguía vendiendo una barbaridad, con el público cada vez más fidelizado.
El uruguayo se fundió. No pudo con el chino. Una tarde, ya completamente entregado, fue a visitar a su competidor y le dijo:
-Mirá, chino, me ganaste, te felicito. Me fundí porque no puedo competir con tus hamburguesas de colibrí, y además la gente te sigue, se ha fanatizado con tu producto. Pero te pido que te apiades de mí y me cuentes cuál es tu secreto, cómo hiciste para bajar siempre los precios y poder vender ese producto.
El chino lo miró de arriba abajo con verdadera conmiseración, y le dijo:
-No he hecho otra cosa que ceñirme a los tiempos que corren y respetar la cuota. Te confesaré que mis hamburguesas de colibrí tienen una pequeña trampita.
-¿Qué trampita?
-Bueno, en realidad yo pico y mezclo en partes iguales la carne de colibrí con carne de caballo que compro muy pero muy barata en un matadero donde sacrifican caballos viejos de la calle.
-¿Y así te mantuviste a flote con los precios? Pero no entiendo: la carne de colibrí debe ser tremendamente cara… ¿Igual pudiste mantener la cuota de partes iguales?
-Exactamente, la mantuve en partes iguales: por cada colibrí picado agrego un caballo picado.
El uruguayo fundido se fue de la hamburguesería china con la cabeza zumbando, mareado y aturdido por el shock. Y así nuestro querido antihéroe, llorando amargamente, comprendió que las benditas cuotas tienen sus segundas lecturas, y distan trágicamente de la ecuanimidad, pero suenan muy bonito cuando son expresadas públicamente y agitando banderas.