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¿Woke te pasa?

23 agosto, 2023

Por Juan R. Rodríguez Puppo

Hay temas que se discuten en el mundo occidental y cristiano y que en Uruguay recién ahora estamos entrando a considerar. Me refiero al fenómeno llamado «Wokismo».
Se trata del gran debate que se da en las universidades americanas y europeas con posturas claramente contrapuestas. Lo Woke puede ser visto como algo positivo por algunos y muy negativo por otros.
En Uruguay también discutimos estos temas sin usar estas etiquetas y -a veces- concentrándonos más en las consecuencias que en las causas.

Despertar

¿Qué es Woke o Wokismo? Es el uso en pasado del verbo Wake en inglés, o sea: Despertar. Y como uso sociológico y político del verbo, este se origina en los albores de los 60 en EEUU. Y por supuesto que es una movida que surge en las grandes universidades de jóvenes que reaccionan ante los conflictos raciales principalmente y las brutales represiones a las comunidades afro.

Ese despertar no vino solo en esa temática. Supuso un cambio que influyó en lo social, artístico y político. El movimiento hippie no es ajeno a este fenómeno. Pero lentamente el término Woke se dejó de usar porque el viento revolucionario fue incorporando otros conceptos y luego se trasladó al mayo francés.
¿Explicaciones para toda esta movida? Cientos. Se ha dicho por diversos analistas que luego de las guerras mundiales hubo un crecimiento de las poblaciones juveniles y el inicio de un cuestionamiento de viejas prédicas. Entre ellas las religiosas. El marxismo que había sido el motor de muchos cambios empezaba lentamente a desgajarse y hasta desde dentro de sus filas había quienes empezaron a darse cuenta que aquella explicación de la lucha de clases con implicancias económicas y con un permanente conflicto entre el obrero y el patrón algún día no iba a tener sustento en la realidad.

Entre otros Foucault planteó que la lucha no iba por ese lado. y que la dominación había que entenderla de una manera más fraccionada y global. Él decía que no se trata de una dominación de clase. Trátase de miles de micro espacios de dominación. En cada relación entre un marido y una esposa, o entre un estudiante y un profesor o entre una persona de raza negra y un policía o entre un hetero y un gay o una lesbiana hay un mundo de relaciones de dominación. Foucault llegó muy lejos con esta prédica y realmente marcó el sostén filosófico de posturas «wokistas» que llegan hasta estos días.

La caída del Muro 

Mas tarde todos sabemos que hubo un gran disruptor que fue la caída del Muro y la caída de la Unión Soviética. Vinieron los 90´s con el neoliberalismo y la globalización, pero los movimientos de las izquierdas del mundo se fueron rearmando habiendo revisado aquello de la lucha de clases y el materialismo dialéctico aggiornado a planteos de afinidades identitarias sobre minorías postergadas.
De lo «Woke» no se habló mucho hasta que a partir de 2011 con el Black Lives Matter se retomó con fuerza la lucha anti racial y se dice que es a partir de allí que la idea de WOKISMO toma fuerza para llegar a lo que es hoy. Tanta fuerza toma que el propio Donald Trump se planta en sus plataformas electorales con carteles inmensos que contienen la palabra AWAKE. O sea, Despierto en lugar de Woke- Desperté. Trump fue un claro opositor al Wokismo. (eso no es garantía de nada)

¿Qué es el Wokismo?

Es un movimiento social y político que construye afinidades identitarias a partir de minorías teórica o realmente desfavorecidas por la ley o las discriminaciones.
Construye toda su teoría y dogma a partir de la VICTIMA.
En la Roma antigua la víctima era vilipendiada y hasta masacrada en un coliseo con gente que disfrutaba como un león o otro gladiador lo despedazaba. Fue el cristianismo a partir de la figura de Jesucristo quien construyó esa idealización de la víctima. Dios era la víctima y habiéndose tal vez cumplido el planteo de Nietzche respecto que Dios ha muerto, y en un mundo moderno que cada vez más se aproxima a un alejamiento del catolicismo, este movimiento WOKE ha logrado algo fantástico en materia de sustitución de las deidades.
Si Dios ha muerto y eso llega a ser verdad, hoy el Dios en la cruz pasa a ser la VICTIMA.
Y esa Victima es alguien cuyas verdades son dogmas. Si la víctima acusa al victimario éste ya es culpable ante la sociedad toda.
La víctima puede ser «la mujer» que denuncia a una pareja por malos tratos y esa denuncia puede ser real o falsa pero su acusación ya destruye para siempre toda buena reputación del supuesto victimario.
O puede ser alguien del colectivo LGBT al que no le gustaron las palabras de un político o de cualquier ciudadano en redes que se pronuncia a favor de un trato igualitario de los seres humanos. Para él esa igualdad es una afrenta porque LA VICTIMA debe tener asegurado más derechos que los demás para equiparar una dramática desigualdad en los puntos de partida. Pero vamos hombre!…si hasta lo vemos en los concursos de talentos de tv. No importa tanto lo bien que cantan o que bailan sino todo el relato previo de las desgracias que ha sufrido el participante. Como si a todos les pidieran que cuenten que de niño los han violado o perdieron a toda la familia en un accidente o se les murió la perra cuando tenían 4 años. Y eso les suma a la hora de evaluarlos. Vaya mundo estamos viviendo!.
Y esa cultura WOKE supone además una suerte de Gran Hermano u ojo vigilante que conlleva una autocensura muy importante. Todo el mundo se cuida de sus palabras porque siente que vive censurado permanentemente por otro fenómeno encadenado a lo Woke.

La cultura de lo políticamente correcto

Veamos cómo a partir de un pensamiento que es un constructo positivo, el fenómeno va deformándose hacia algo que es una suerte de POLICIA DEL PENSAMIENTO. Lo positivo es que es cierto que hay minorías castigadas históricamente por la discriminación. Y hasta creo que es válido que se plantee el debate de algunas discriminaciones positivas. En todo caso yo las condicionaría a empujes temporales, pero jamás a corregir la discriminación con más discriminación.
Es allí donde aparece otra de las características que los filósofos españoles han denominado el resurgimiento de los OFENDIDITOS.
Se llenan las redes, los canales de televisión, las calles y los debates de personas que se ofenden por cualquier pavada. Y cada tanto aparece algún ofendido con buenas razones para ello.
El WOKISMO para establecer su primacía además solicita espacios de poder que privilegian a esas minorías postergadas. Los estados se van llenando de oficinas que burocratizan lo WOKE y desde allí y también desde los colectivos nos vamos al último, pero no menos importante aspecto del wokismo:
LA CULTURA DE LA CANCELACIÓN…. que no es otra cosa que «cancelar» al que opina diferente. Imagínate que yo pudiera decir negro al negro como le digo gordo a mi amigo gordo o colorado a mi amigo pelirrojo y él no se ofende ni yo tampoco: Aún así la estructura WOKE que vigila mi pensamiento me escracha y me condena por discriminador. Ni hablar si sostengo que no comparto algunas movidas de colectivos LgBT porque no estoy acuerdo con ley de cuotas o prebendas. Inmediatamente obtengo la condena social y el escrache. Aquí en URUGUAY por suerte aún vivimos el WOKISMO LIGHT. Pero en otros lugares de occidente ese wokismo está financiado y palanqueado no por minorías pobres. Puede ser Hollywood o Netflix o Soros o grandes multimillonarios quienes respalden esta cultura. Y ahí entonces la «CANCELACIÓN» puede implicar consecuencias aún más graves.
Yo no soy católico, pero comparto valores cristianos. Veo no solo el catolicismo caer sino además la pérdida de valores y también un decrecimiento de una sana espiritualidad. La VICTIMA ha cooptado ese espacio reservado alguna vez a la figura de Jesús de Nazaret.
A la víctima no se la contradice ya más. Pero además esa Víctima y sus defensores intentan romper con todo lo tradicional y crear una sociedad nueva. Nada de lo anterior sirve. Se vuelve un conflicto potenciado de la vieja disputa intergeneracional. Antes te peleabas con tus viejos, pero a partir de valores aprendidos evolucionabas descartando lo malo y quedándote con lo bueno. HOY el WOKE te dice que lo tuyo «FUE». Y si lo reafirmas te pueden «cancelar».
Un nuevo dogmatismo ha nacido y en general es aprovechado por las izquierdas del mundo para «chupar rueda» de esos movimientos y convertirlos en votos. Pero no siempre el radicalismo de esos colectivos les conviene a esas izquierdas. Por lo menos eso les pasa a las izquierdas racionales.

Un fenómeno de élites

Como siempre se da estas movidas no surge ni se desarrollan en los asentamientos. Ahí la gente no tiene tiempo para pensar en estupideces. Piensan en el hoy y en obtener lo básico para subsistir. El Wokismo es un fenómeno de élites y llega hasta buena parte de la intelectualidad de clase media. El gran público aún lo mira con descrédito.
Al ser un dogma es también un enemigo de nuestra tradición Vareliana de laicidad.
Me han preguntado ¿Cómo se les derrota?
Y yo no tengo respuestas. Es muy fuerte la movida mundial. Pero si algo sé de esto…creo que se les derrota con su misma arma. Destruyendo el dogma con inteligencia, desde la intelectualidad y desde el análisis compartido de sus ridiculeces.
El error en la excentricidad es lo que no les permite avanzar más. Y debe ir por ahí la pelea. A un tonto, tonta o tonte WOKE se los derrota no siendo como ellos y exponiéndolos cada vez que se equivocan.
Por suerte les pasa a menudo.