¿Milei o Massa? Uruguay no puede “votar en blanco”

No es cuestión de entrometerse en los asuntos de otro país, pero un resultado ayuda y el otro es perjudicial para los intereses orientales

 

Está de moda en Argentina hablar de la neutralidad, del voto en blanco ante la disconformidad que generan en algunos los dos candidatos del balotaje y argumentos similares. En rigor, si se analizan las cifras de la primera vuelta y se está familiarizado con las intimidades políticas del vecino, (y de lo que implica un balotaje) la neutralidad no existe; es un error o un intento deliberado de evitar que los exvotantes de Bullrich se pasen a Milei, como ya se ha explicado.

No es un dilema uruguayo, que por otra parte, “lo ve desde la tribuna”, aparentemente. Pero la disyuntiva no le es ajena. Al contrario, los próximos años pueden depender del resultado del 19 de noviembre.

No hace falta mucha argumentación para comprender que el peronismo, en cualquiera de sus caricaturas, incluido el kirchnerismo, no quiere a Uruguay. Bastaría recordar cuando Perón, en la década del 50, implantó las restricciones absurdas que prácticamente impedían cruzar el Río de la Plata, enojado con las radios y la libertad orientales.

Parece superfluo mentar la “epopeya” del gobierno peronista coimero de Entre Ríos, que frente a la reacción ante la extorsión de la pastera de radicarse en la otra orilla mantuvo grosera e hipócritamente un bloqueo inaceptable y belicoso durante varios años que dio vergüenza a los argentinos de bien, además de dificultar hasta lo ridículo la instalación de la nueva planta. Bajo la cínica mirada del gobierno nacional kirchnerista.

No olvidar las denuncias y obstáculos del kirchnerismo

Como si eso fuera poco, y aunque menos conocido, no habrá que olvidar las denuncias solapadas ante los entes internacionales para incluir a la plaza local en la lista negra de los paraísos fiscales.

Para no seguir el listado, debe rematarse con la obstaculización barata del dragado de un metro adicional en el puerto de Montevideo, basado en una infantil omisión uruguaya, y todas las maniobras con la Hidrovía, que culminan con la aplicación de un peaje que infringe todos los tratados. La imperiosa necesidad de tener un accionar común y amigable sobre el río que se comparte nunca será opción para un gobierno peronista. Menos la inexorable explotación conjunta del puerto de Montevideo, con ventajas para ambos países. (Suponiendo que los sindicatos de ambos países decidieran dejar de torpedear el crecimiento)

El peronismo se comportará siempre igual: contra Uruguay

Un nuevo gobierno del mismo signo que el de Perón o los Kirchner presagia similar comportamiento, mucho más cuando Uruguay sería el primer destino de los ciudadanos que huyan del despojo, el arrebato, la violencia y la pauperización argentina.

Pero si no se quiere mirar al pasado, se puede mirar hacia el futuro. No hay ninguna razón para creer que, en términos geopolíticos, un gobierno del actual regente Sergio Massa se diferenciará demasiado de las ideas de Cristina Kirchner. Al contrario. Sobran indicadores de que será lo mismo.

La vocación de formar parte del correlato político del Foro de Sao Paulo, de apoyar las dictaduras regionales y a presidencias como las de Petro, Lula, López Obrador, Boric, que buscan someter a sus pueblos a gobiernos supra nacionales, disfumar las soberanías y democracias de cada sociedad, engordar el estatismo y su gasto y limitar el derecho de propiedad o la libertad, y que – tras la ilusión de la Patria Grande – van camino a totalitarismos tan empobrecedores como el peronismo, conlleva una alianza estratégica que condenaría a Uruguay a ser un solitario y débil luchador romántico fácilmente descartable o manejable.

En cambio un gobierno argentino que defendiera y sostuviera valores similares a los orientales, unidos a Paraguay, marcaría una diferencia tanto en influencia como en poder, y una esperanza de solidez conceptual que se notaría mundialmente y repercutiría a favor en aspectos de gran importancia en todo orden.

La fórmula Massa-Rossi es garantía de un Mercosur opresor y prebendario

En lo económico, la fórmula Massa-Rossi, es garantía de un Mercosur alineado con esa hegemonía burocrática que se describe más arriba, paralizando toda posibilidad de crecimiento, pero también de independencia y de libertad como Estado. Un gobierno argentino con ideas aperturistas, de comercio con todo el mundo, sin abandonar los principios occidentales y democráticos en serio, sería un aliado formidable para zafar del prebendarismo regional e intentar competir y mejorar, que es lo que nunca permitirían la estructura y los protagonistas actuales.

Para simplificar el análisis, a un gobierno como el de Macri le tomó veinticuatro horas zanjar cualquier diferencia con Uruguay y apuntar a un trabajo común y a una cooperación inmediata y confiable. Los enfrentamientos de cualquier tipo siempre sirvieron para atrasar y encerrar a ambos países del Plata.

De modo que, aunque sea más cómodo mirar el partido desde la tribuna, y tampoco fuera posible participar de modo alguno, será bueno comprender que no es solamente el futuro argentino el que se define en menos de dos semanas. Una parte importante del futuro oriental está en juego también. La neutralidad, en este caso, conspira contra los intereses nacionales.

Por supuesto, el lector se pondrá la camiseta que mejor le parezca. Pero es bueno que sepa lo que defiende, o lo que descuida.