Romantizar delincuente narco

Proyecto «Romantizar», Periodismo de Investigación

Ante el éxito obtenido por la entrevista a un peligroso delincuente, que marcara la agenda nacional en la semana, Contraviento no quiso permanecer ajeno a esta línea periodística, y se abocó a la tarea de lograr también un encuentro con personajes marginales y dar una faceta más humana de ellos, a riesgo de romantizar sus andanzas. Para ello apostó al mejor cuadro de su redacción, Pepe Lotazo, que no dudó en asumir el riesgo y partir hacia la aventura.

Escribe Pepe Lotazo

Viaje con destino incierto

Las instrucciones para el encuentro eran muy precisas, fruto de una ardua negociación con “el Morcilla”, representante de la dupla delincuencial al mando de la peligrosa organización que pretendíamos entrevistar. Nada de celulares, ni cámaras o dispositivos electrónicos, evidentemente con el objetivo de que no se pueda registrar la identidad de los cabecillas, o permitir el rastreo satelital de la ubicación.

Al reclamar elementos que me permitieran registrar mi trabajo se me indicó que en el lugar de la entrevista tendría a mi disposición todos los elementos necesarios, al tiempo que se garantizó mi seguridad- “Tranquilo botija, no te va a pasar nada mientras te portes bien, y acá te damo’ todo, como hizo el Sebas con la Patricia”-, concluyó “el Morcilla” antes de colgar.

Debía estar a las 6:00 AM en la Terminal del Cerro, y llevar en la mano un ejemplar de “Jorge Sapelli, el Presidente que no fue”, libro de reciente edición de la autoría de Su Directoriedad Don Graziano Pascale, quien generosamente se avino a proveerme de un volumen a crédito y descontarlo a fin de mes.

Al llegar a los casi desiertos andenes del enclave Oeste del transporte capitalino no pude evitar sentir miedo, al comprender que a partir de allí no tendría control sobre lo que pudiera suceder.

Afortunadamente Bruno ya me había advertido al respecto.“-Todos tenemos miedo, es natural. El tema es dominarlo y actuar como se debe, sin que te paralice. ¿O acaso creés que Vierci no tuvo miedo al subir su foto de perfil a Twitter, por ejemplo? ¡Claro que si! Pero se sobrepuso, lo hizo, y mirá lo bien que le ha ido, ¡13 nominaciones a los Goya tiene su película!»

Perdido en esas profundas elucubraciones tardé en advertir que ya no estaba solo en el lugar. En efecto, una enorme figura se dirigía en mi dirección.

-“Vo´so´el pelotudo?”- me inquirió con voz profunda.

-“¿El Señor Morcilla, supongo? Pepe Lotazo, en realidad”- respondí, con menos firmeza de la deseada.

-“Si, eso, el pelotudo que quiere hablar con el Jefe. Dale, movete que tenemo´ que hacer trasbordo pa´ llegar”

Silenciosamente lo seguí, suponiendo que nos dirigiríamos a algún vehículo discreto, tal vez un helicóptero, que nos llevaría a un primer enclave donde nos esperaría otro.

Sin embargo, estaba a punto de ver que el poder de la banda es mucho mayor de lo esperado, dado que nos dirigimos a un móvil camuflado como unidad de transporte colectivo, identificado con un extraño código, L6, al cual al subir mi guía le entregó al responsable del vehículo una especie de acreditación y susurró un santo y seña.

“-Do´, una hora”

Un procedimiento parecido adoptó cuando abordamos el segundo vehículo, de características similares pero con otro código, L35, del cual descendimos tras muchas vueltas en un descampado, donde mi acompañante se dirigió a mí, con precisas instrucciones. “-Yo no estoy de acuerdo con esto, pero al Jefe se le antojó y donde manda Capitán no manda marinero. Por mí te llevaba encapuchao, pero me pidió que te trate bien. Así que andá mirando pabajo, cuando haiga que doblar o parar yo te digo”

Cara a cara

Romantizar delincuente peligroso
«El Jefe», acuarela sobre garbanzo, P. Lotazo, 2023

No sin esfuerzo transité los cientos de metros que nos separaban del lugar de arribo, camuflado como parada de ómnibus, hasta el interior de un finca sita en un campo poblado de yuyos y alimañas.

Aún trataba de habituarme al olor a humedad cuando ante mí apareció El Jefe. Ataviado en un estilo Palermo Soho New Age y calzando crocs de color indefinido, era notorio su esfuerzo para esconder la orla de crueldad que lo rodea cual un aura.

-¿Cómo andás, pibe? ¿Cómo te trató el Morciya? Disculpalo, es medio atravesáo, es que la barra no quiere que me exponga, viste?

-No hay problema, Señor, entiendo, es por su seguridad, lógico. Como pedirme que no traiga celulares ni elementos electrónicos que pudieran ser rastreados…

-¡No sea nabo, Neb…digo, m´hijo! Le dijimo´que no traiga de esas cosas raras porque son al pedo, mentiende? Acá hay un fenómeno raro, una cosa munológica, que atrasa todo 50 años y nada de eso funciona. La Luci… la Jefa me hizo comprar un esmartiví, un güevo y la yema `el otro y solo agarra los canales ‘e aire y en blanco y negro.

-Entonces, ¿cómo podré registrar este encuentro? Se me aseguró que aquí dispondría de todo lo necesario.

-Mirá, ahí tenés una Remintón que anda joya, le puse ayer una cinta nueva para que no tuvieras problema, es con la que picábamos las matrices de los escritos del Ñato, Diólotenguenlagloria. Y la Luc…. la Jefa te dejó unas hojas ‘e garbanzo y unas acuarelas de cuando estudiaba con las monjas dominicas. pa’ que dibujes todo lo que quieras.

-Bueno, haré todo lo posible, será una prueba de profesionalidad y dedicación al trabajo.

-Eso es raro, porque al uruguayo no le gusta trabajar. Somo’ medio atorrante’, no nos gusta tanto trabajar. Nadie se muere por exceso de trabajo, pero no e’ un país corruto, somo’ un país decente. ¿’Ta?

-¿Le parece?

-Má bien. En lo que algunos ven sacrificios, nosotros vemos libertad. Mi admiración hacia los Kung San es que han sido capaces de vivir milenio’ trabajando un par de hora’ apena’. Son un pueblo primitivo y su forma de vivir nos resultaría intolerable. Pero su horizonte, su puntería, no han vivido para trabajar, han vivido para vivir.

-O sea, ¿su observación sobre los uruguayos entonces no sería una crítica?

-Si y no. O sea, como te digo una cosa te digo la otra.

-Entiendo, Usted se muestra como partidario de la relatividad subjetiva, entonces.

-Ya lo dijo Estein, todo es relativo, como el tiempo, eso lo aprendí en la cana, ¿mentendé? Que también se puede ser feliz, porque la felicidá está en ese cachito ‘e tiempo que uno logra para gastarlo en aquella’ cosa’ que a uno le gustan. ¿’Tá?

-¿Y cuáles son las cosas que a Ud. le gustan?

-Ah, la cosa más linda es entrar a un banco con una 45 así! Todo el mundo te respeta. El escalón más alto de la delincuencia humana, no sangrienta, al cual se puede apetecer. Es la gloria del capitalismo hacer plata con el dinero de otro. No ya con el trabajo, ¡con el dinero de otros! ¡Es la quintaescencia! ¡Es el destilaó del capitalismo!

-Señor, en realidad yo nunca fui demasiado bueno en dibujo, pero recuerdo que siempre nos decían los profesores que lo principal es la iluminación. ¿Podría posar en el exterior, así intento allí ejecutar la ilustración que acompañe esta nota?

-No hay problema, aunque hablando de ejecutar eso era más tema de la Luci… la Jefa . Ella era la de las ejecuciones, hacían un estudio pormenorizado de la persona y de las razones por las cuales debía ser ejecutado. Yo no, yo siempre tuve mala puntería»