«Hermano, no te vayas. Ha nacido una esperanza», proclamaba el FA en lo más álgido de la ola migratoria de los años 70. Tiempos en que unos 200 mil compatriotas, la mayoría formados profesionalmente y en edad productiva, dejaron el país.
Fueron tiempos en que la clase política no atinaba a resolver los problemas de fondo. Motivos muchos, pero eso no importa ahora. Lo que sí importa es que la historia se está repitiendo y la clase política continúa sin reaccionar. Lo positivo es que se necesita de muy poco para cambiar esta historia.
Un plan, apenas un plan
La Coalición debería delinear un plan de crecimiento del país a 20 y 50 años. Claro que para ello primero tiene que existir una coalición con decisiones coordinadas. Luego, que sus mejores técnicos elaboren en 60 días un plan a 20 años con metas intermedias mensurables a 3; 5; 7 y 10 años. Tal como hacen las empresas privadas.
Será que la clase política lo desconoce, porque, salvo contadas excepciones, no suele desempeñarse en la actividad privada. Ocurre que los gerentes de empresas privadas a cargo de tales metas, si no las cumplen, deben retirarse de la empresa. Siendo contraproducente para la empresa que un gerente ineficiente continúe en su puesto u otro similar como si nada hubiere pasado. Los políticos profesionales se reciclan en cualquier cargo estatal. «Lo importante es no trabajar», afirman sus detractores. Quizás sea así.
Un plan de desarrollo para el país, al igual que en una empresa, parte de contabilizar los recursos y activos con que se cuenta. Luego, ¿cuánto del gasto corriente actual debe eliminarse para fortalecerla financieramente y en qué se debería invertir, cuánto y cómo para lograr tales metas? Es sencillo.
Delineando el futuro
La base productiva del Uruguay está en la producción agropecuaria, la pesca, forestación, turismo y tecnología. La gran ventaja es que, salvo la tecnología que se debe desarrollar desde cero, al resto de las actividades solo hay que preguntarles qué necesitan para triplicar su producción.
Eso supone poner al Estado a su disposición. Seguramente se solicitará eliminar con fecha cierta los monopolios estatales en combustibles, servicios y liquidación inmediata de organismos superfluos o deficitarios.
También la producción solicitará auditorías en todo el Estado para definir cuánto y qué capacitado personal es necesario para brindar un servicio de excelencia. Es que esto significará eliminar y reducir impuestos que encarecen la producción. Recordemos que es el Estado subordinado a las metas de producción de la actividad privada, y no al revés, como ahora.
El otro aspecto fundamental que se le exigirá al Estado para poder triplicar la producción es eliminar las actuales leyes laborales. Suplantarlas por acuerdos por empresa, porque cada empresa y cada trabajador sabe qué es lo que conviene para producir más y obtener mejor remuneración.
Posiblemente, se le pida al Estado eliminar el Banco de Previsión Social y las cajas de jubilaciones, además del sistema de seguro de paro. Sistemas perfectamente reemplazables por seguros privados de retiro y de despido. Para que cada trabajador sea libre de decidir su edad y monto de retiro individual. Los sindicatos continuarán como hasta ahora, solo que deberán cobrar su cuota de manera privada y su afiliación será optativa.
Por último, se le pedirá al Estado que invierta en Educación de calidad para formar mejores y calificados ciudadanos. Privilegiando aquellas carreras o profesiones afines a los objetivos de crecimiento del país. Que invierta en infraestructura vial y comunicaciones para facilitar el transporte y salida de la producción. La inversión en salud básica de calidad representará un enorme avance productivo, menos enfermos es igual a mayor capacidad laboral.
Es tan sencillo como liberar las fuerzas de la producción y competencia.
