¿Qué tiene que ver la Base Naval de Guantánamo con la situación actual en Venezuela y sus posibles salidas? ¿Qué tiene para enseñarnos su origen allá a inicios del siglo XX? Pues mucho más de lo que nos imaginamos.
Corría el año 1899 y desde 1898 había terminado la guerra de independencia contra España (“del 95”) que, tras la intervención norteamericana se había convertido en Guerra “Cubano-Hispano-Americana”.
El Ejército Libertador (“mambí”) había quedado en una situación precaria: sin sustento para alimentarse ni pertrechos, bajo una ocupación estadounidense que no los reconocía oficialmente (a pesar de que sus marines fueron salvados más de una vez por los cubanos).
La Asamblea de Representantes (Asamblea del “Cerro” por sesionar en una casa de dicha barriada de La Habana) buscaba un préstamo millonario para pagar los sueldos atrasados a los soldados y así disolver el ejército con dignidad.
Sin embargo, el Generalísimo Máximo Gómez Báez (General en Jefe) se oponía a endeudar a la futura República. Él prefería aceptar un donativo ofrecido por EE. UU. ($3 millones de dólares) para aliviar la situación inmediata de las tropas, aunque esto significara una paga menor.
¿Quién tenía la razón? Ambos.
Esta diferencia llevó a un hecho insólito: el 12 de marzo de 1899, la Asamblea destituyó a Máximo Gómez como General en Jefe, lo que provocó una enorme indignación popular en La Habana, que llevó a la disolución de la propia Asamblea.
Posteriormente se procedió al licenciamiento oficial bajo la supervisión de las autoridades interventoras de EE. UU. y el propio Máximo Gómez.
El resultado: Para julio de 1899, el Ejército Libertador había dejado de existir como fuerza organizada.
La Enmienda “Platt” y el nacimiento de la República de Cuba.
Entre 1900 y 1901 sesionó la Asamblea Constituyente que redactó la primera Constitución de la República de Cuba independiente (había habido otras de la República en Armas).
Si bien la Constitución estuvo lista en febrero de 1901, la Constituyente tuvo que seguir sesionando hasta junio del mismo año debido a enconados debates sobre incluir (o no) una enmienda impuesta por el Congreso de Estados Unidos, denominada Enmienda “Platt” por su autor intelectual y promotor legislativo, el senador estadounidense Orville Hitchcock Platt.
¿Cuáles eran los problemas principales de la mencionada enmienda? Que limitaba la soberanía de la naciente república. Por un lado, brindaba a Estados Unidos el derecho a establecer bases navales en el territorio cubano (este fue el origen de la Base Naval de Guantánamo) y por el otro, autorizaba al país norteño a intervenir militarmente en Cuba cuando lo estimara conveniente.
Varios patriotas se opusieron fervientemente: Juan Gualberto Gómez redactó la famosa «Ponencia contra la Enmienda Platt», donde denunció que el artículo III (el derecho de intervención) reducía a Cuba a un protectorado. Su frase fue célebre: «Reservarse el derecho de intervenir para mantener la independencia, es lo mismo que el derecho de destruir esa misma independencia». Salvador Cisneros Betancourt, veterano de las tres guerras de independencia y expresidente de la República en Armas, fue un crítico feroz y radical, argumentando que aceptar la enmienda era traicionar la sangre de los miles que murieron por la libertad absoluta, escribió su “Voto particular contra la Enmienda Platt”.
Por otro el bando opuesto, Domingo Méndez Capote, Presidente de la Asamblea Constituyente, argumentaba que era necesario ceder en la forma para salvar el fondo: la creación de una República (aunque fuera limitada). Gonzalo de Quesada, secretario de José Martí y un diplomático clave, aunque le dolía la enmienda, creía que era la única vía realista para evitar que Cuba terminara siendo anexionada totalmente a los Estados Unidos, como ocurrió con Puerto Rico. José Miguel Gómez, futuro presidente de Cuba, representaba el sector pragmático del Ejército Libertador. Su posición era que la paz y la retirada de los estadounidenses eran las prioridades inmediatas para comenzar a construir el país. Eusebio Hernández, un general y médico prestigioso que, tras viajar a Washington en la comisión que intentó negociar cambios a la enmienda y fracasar, regresó convencido de que EE. UU. no cedería y que la única opción era aceptarla o enfrentar una ocupación indefinida.
Sin Ejército o capacidad alguna de expulsar a los norteamericanos, la situación era difícil.
Un caso singular fue el de Manuel Sanguily, que, aunque tuvo una posición radicalmente opuesta a la enmienda, terminó votándola resignado, considerando que era lo única forma de que el ejército de ocupación se retirara.
¿Qué facción amaba más a Cuba? Ambas.
¿Qué facción tenía razón? Ambas.
Aunque los libros de Historia de Cuba denostan como traidores a quienes votaron la enmienda y de paladines de la independencia a quienes se le opusieron.
Finalmente la Constitución (enmendada) se aprobó por 16 votos a 11. El 20 de mayo de 1902 nacía la República de Cuba.
¿Podían haber hecho otra cosa los cubanos? ¿Podían haberse unido Máximo Gómez y la Asamblea Constituyente para terminar, con el apoyo del Ejército Libertador, la ocupación norteamericana? Podrían pero no podían, pues tenían profundas diferencias y, aún si se hubieran unido, dado el estado calamitoso del Ejército, difícilmente hubieran tenido éxito (aunque sí hubieran dificultado la ocupación).
¿Fue perfecta la República que nació? No.
¿Sigue existiendo la Base Naval de Guantánamo hoy como recordatorio de la Enmienda (que fue derogada en 1934)? Sí.
Ahora, ¿Se hubieran ido los marines americanos si no se hubiera aceptado la enmienda? Claramente, no.
Como escribió Tucídides en su “Historia de la Guerra del Peloponeso”:
“… en el pensamiento humano la justicia solo se considera entre iguales en fuerza, mientras que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.”
Es la dura realidad que debemos asumir y gestionar con astucia y pragmatismo.
