Érase una vez una Europa que quería una sociedad de bienestar. Para lo que agrandó el Estado, abrió sus fronteras, impuso a sus agricultores medidas indeseadas, extendió los beneficios no sólo a los inmigrantes que querían trabajar, asimilarse y desarrollarse, sino también a otros que se aprovecharon del sistema y lo corrompieron. Y ocuparon casas o les concedieron una vida fácil en hoteles, cuando los precios de la vivienda para los locales crecía y crecía. Y les dieron beneficos sociales a los que pocas ganas tenían de trabajar. Y del ocio y las costumbres poco civilizadas surfieron las violaciones, los robos, los homicidios. Y los locales se miraban estupefactos sin saber que hacer. Mientras los políticos no reaccionaban, porque necesitaban esos votos para seguir calentando sillas y cobrar emolumentos.
Y llegó, claro, la reacción. El rechazo a los inmigrantes, sin prestar atención a si eran trabajadores, cultos, decentes, recatados, respetuosos o parte de la majuga amenazante. Y se extendió el nosotros contra ellos. Y los gobiernos pensaron (si es que lo hicieron) que era un problema de fobias, de xenofobia, de islamofobia, de otrofobia. Y empezaron a castigar las opiniones. No las de las murgas que hablaban de meter gente en jaulas y hacerlas jabón. Sino simplemente de aquellos que querían seguir viviendo tranquilamente, como hombres y mujeres sencillas y comunes, sin sentirse extranjeros en el país de sus padres y sus abuelos. Así que el gobierno y la policía empezaron a ponerse en contra de sus pueblos y, cuándo no, no sólo reprimieron sino quisieron «educar» a sus niños.
Y en UK surge Pathways.
Pathways es una novela visual educativa, una experiencia de aprendizaje creada por la empresa de medios británica Shout Out UK, con financiamiento del programa Prevent del gobierno del Reino Unido, que maneja el Home Office.El juego está pensado para enseñarle a los gurises sobre los peligros de la radicalización y el extremismo. Esto lo hace poniéndote en el lugar de un personaje que se llama Charlie, que tiene que pasar por seis escenarios diferentes relacionados con el extremismo.En el segundo escenario, te presentan a Amelia, una protestadora anti-inmigración, representada como una jovencita gótica con pelo morado, vestido rosa y una gargantilla. Los jugadores no tienen que ponerse del lado de Amelia, sino que deben rechazarla, puesto que es lo que el gobierno dice que es correcto.
Y ahí es donde les salió el tiro por la culata.
Gente muy, pero que muy habilidosa, tomó la imagen de Amelia, la convirtió en un ícono visual muy atractivo y empezó a insertarla en videos cada vez más populares. Amelia aparece ahora junto a los íconos más famosos de UK, desde Robin Hood hasta el osito Paddington (lo que es un contrasentido, porque el oso Paddington es un inmigrante de Perú que, siendo un oso, muy legal no es).
La recepción fue formidable. Los videos de Amelia empezaron a viralizarse de una forma excepcional y hoy día se extienden en internet como fuego en una pradera bajo el cuidado de Ortuño y Fratti. Por ejemplo, uno de los últimos videos, que pueden ver acá, la muestran al son de «Rule, Britannia», luchando por su patria contra quienes quieren invadirla. Muy intenso, mucho.
Hay que reconocer que el primero de esos videos tiene un tinte bastante racista, lo pueden ver acá, y hay bastante que se puede no compartir. Pero, de cualquier manera, es cierto que tiene cierto grado de verdad, sobre todo como rebelión contra un gobierno claramente inepto y autoritario.
Obviamente no se iba a quedar en Inglaterra, y tenemos ya una versión inglesa (Amelia), otra alemana (Marie) y otra francesa (Jeanne)
Y, como no podía ser de otra forma, al momento en que esto escribo tenemos ya a la sueca Astrid, con su enorme bandera.
El fenómeno Amelia es ya imparable. Incluso en su último video, después de una semana de recorrer Europa, sigue siendo altamente xenofóbico, pero por primera vez con un toque de aceptación de una musulmana alemana, eso sí, comiendo pretzel y tomando cerveza. No pierdo la esperanza de que en los próximos videos Amelia, en cualquiera de sus encarnaciones nacionales, aprenda a diferenciar a los buenos vecinos de los invasores.
Entre tanto, un consejo para la izquierda: no son los únicos que saben hacer memes. Y de tanto tirar la piola, la gente se cansa, y producen cosas mucho más emotivas y atractivas que las de un gobierno enquilosado.
Estoy esperando a la Amelia uruguaya, soy muy perezoso para hacerla yo.
Take note and take care.
Besitos de Amelia.

