Alfredo Bruno
Finalmente apareció el tan esperado Plan Nacional de Seguridad Pública (PNSP) 2025-2030.
Llegó con un año de atraso, es cierto, pero escoltado por la pompa y el boato oficial. Es un documento voluminoso: 340 páginas de informe principal, anexos operativos y una arquitectura burocrática diseñada para impresionar por acumulación. Sin embargo, tras apenas superar la décima parte de su lectura, la sospecha se vuelve insostenible: el documento carece de voz humana.
Basta un ojo entrenado para detectar los patrones típicos de la Inteligencia Artificial: estructuras predecibles (vinculación → descripción → justificación) y una saturación de jerga técnica como “fortalecimiento institucional”, “gobernanza de datos” o “sostenibilidad”. Todo suena pulido, modular y estéril, como si hubiera sido redactado mediante un prompt genérico para consultores internacionales. Incluso herramientas de detección de IA confirman lo que el sentido común dicta: secciones enteras son un “copiar y pegar” de modelos generativos que un humano apenas se molestó en revisar.
Ante esta sospecha, temiendo haber perdido lo que me queda de razón, acudí en busca de auxilio a mi buen amigo Grok, el cual frente la consulta y tras darme un largo preámbulo de que “ninguna forma de detectar IA es 100% definitiva” emitió su opinión:
¿Por qué importa la forma? Porque la forma revela el fondo.
Por ello, rompo hoy mi costumbre de la brevedad y la ironía para dejar fluir la indignación. Lo hago porque este Plan es la confirmación oficial del manejo desaprensivo de la cosa pública. El gobierno confía en que la cantidad camuflará la falta de calidad y que, para cuando llegue la urna en 2029, el ciudadano habrá olvidado esta burla, anestesiado por nuevos jingles y promesas de diseño.
El lenguaje aséptico del PNSP —con su énfasis en “trayectorias de violencia” y “enfoques transversales”— es una falta de respeto para quienes viven la inseguridad real. Es un disfraz de profesionalismo burocrático que vende “gestión moderna” mientras evita las decisiones incómodas. Es un plan escrito por gente que parece no haber pisado el barro: priorizan tableros de datos y papers académicos, pero omiten los núcleos duros que cualquier trabajador de la seguridad conoce: el control real de las cárceles, la inteligencia policial agresiva contra bandas y la presencia constante con respaldo judicial en los puntos calientes.
Como decía mi abuela, este documento confunde gordura con hinchazón.
¿Qué hay en el Plan de Seguridad?
Las crónicas oficiales se regocijan en el combate al narcotráfico y la reducción de homicidios entre bandas. Eso es grave, claro, pero no es lo que angustia al uruguayo promedio. Al ciudadano de a pie —en Pocitos, el Cordón o el Interior— lo que le jode la vida es la rapiña camino al laburo, el robo de los championes al hijo camino al liceo, los motochorros dueños de la vereda o despertarse a oscuras porque un «zombie» se robó los cables de la luz.
Ese es el delito que se siente en la piel y el que genera la sensación de que el Estado perdió el control de la calle cotidiana. Sin embargo, en el PNSP, los delitos contra la propiedad son tratados como un “fenómeno social complejo” que se resuelve con iluminación y talleres de convivencia. El plan tiene 7 ejes y 79 acciones, pero ninguna dice con crudeza: “vamos a hacer que robarle a un trabajador cueste caro”.
Los datos oficiales de 2025 hablan de una baja del 10% en rapiñas y un 8% en hurtos. En el papel es un avance; en la calle es un espejismo. El umbral de tolerancia ha subido tanto que hoy celebramos una “desgracia con suerte” si a la víctima no la lastimaron demasiado. El error de base es pensar que el problema principal es solo la violencia letal, ignorando que la impunidad del delito menor es la puerta de entrada al sistema carcelario —ese campus universitario del crimen con un 65% de reincidencia—.
¿Qué falta en el Plan de Seguridad?
Muchas cosas, que pueden resumirse en dos palabras. Lo que falta en estas 340 páginas es crudeza operativa.
Faltan elementos, tácticas que apunten a una estrategia de presencia policial proactiva, no no solo “focalizada” cuando ya pasó algo. Faltan acciones que hagan posible y real la obtención y el uso inmediato de pruebas (videos y cámaras) para que la Fiscalía actúe sin burocracia y no se repitan sucesos como el del robo en la Ciudad Vieja de días atrás.
No se observan, asimismo, ningún tipo de medidas que lleven a corregir las escandalosas problemáticas en la utilización de los recursos humanos del Ministerio, de larga data según expusiéramos en una columna tiempo atrás.

En síntesis, en este documento faltan acciones reales para que la reincidencia no sea gratuita ni una forma de vida alternativa aceptada, para lo cual además el MIDES debería dejar de “acompañar” a quien ya eligió el delito como forma de vida.
En lugar de eso, nos entregan “portafolios de intervención” y “secuencia de contención de daños”. El PNSP es un trabajo medido, diseñado para no ofender a nadie y quedar bien ante organismos internacionales. Es un producto descafeinado, deslactosado y sin grasas trans. Ni huevos. Es muy difícil no sentirse estafado cuando uno espera una estrategia de defensa de la vida y la propiedad, y recibe, a cambio, un manual de marketing institucional inflado por algoritmos.
Insecurity sucks at the breast of a patient, disaster…
Así como LP, también nos pasan los años bajo lluvia torrencial, mientras lo hacen sentir como días festivos. No obstante, no es culpa de los verdaderos autores de este trabajo. Ellos no inventaron la falsa oposición.
En efecto, los multi citados referentes de este trabajo, así como los varios Asesores en el Ministerio, poseen una formación excelente en los temas de su dominio, a saber Políticas Públicas, Sociología, medición de criminología, etc. Igualmente, las diversas entidades que colaboraron en la redacción del PNSP representan a la sociedad en su conjunto, así como a diferentes cortes de la misma con mayor o mejor participación en el tema.
Estos plantearon, entonces, SU óptica sobre el tema, sin una experticia específica en el mismo. Sin embargo, se impuso sobre la visión que al respecto podrían haber aportado los verdaderos protagonistas de la seguridad pública. No es difícil caer en la cuenta de ello, en tanto el día anterior a dar difusión pública a este documento el Ministro se reunió con los 19 Jefes de Policía Departamentales y los Directores Nacionales para presentarles el Plan Nacional de Seguridad.
Es decir, las máximas jerarquías de la Policía Nacional conocieron el Plan que deberá regir su actividad horas antes de que lo conociéramos los ciudadanos. No es casual. Obedece a que se optó por una línea de «Seguridad académica», en la cual la presencia de los uniformados hubiera irritado la exquisita sensibilidad de los intérpretes de estadísticas.
Así, se eliminó de la ecuación a dos de los tres cometidos del instituto policial, disuasión, prevención y represión del delito, víctimas inocentes de una falsa oposición enquistada en los más altos niveles de decisión.
…del que le rasca el lomo.
Ahora bien, no serán los académicos redactores o inspiradores de este Programa quienes deban cargar con las responsabilidades de su seguro fracaso. Sin dudas, han dedicado su mayor y mejor esfuerzo y en la medida de sus posibilidades han hecho todo lo que pueden.
El tema es que, justamente, pueden muy poco. No por malos, sino por carecer de la mitad de las herramientas imprescindibles para el trabajo.
Los verdaderos responsables del insoslayable fracaso de este Programa no serán aquellos a los que nadie votó, y desconocen la diferencia entre un correaje y un cordón. La responsabilidad es de quienes recibieron el mandato de la ciudadanía y tienen a su disposición, (de hecho, muy cerca), a elementos que deberían conocer al dedillo la complejidad del problema y tienen la obligación de hacer valer su opinión, en forma honesta y sincera.
Por nuestra parte nadie nos ha pedido opinión alguna, pero en tanto sentimos esa obligación nos dedicaremos en próximas columnas al análisis minucioso de las medidas contenidas en el PNSP, con la esperanza de ser de alguna utilidad.
Es lo último que se pierde, no?


