La mujer del César

En el año 62 a. C., Julio César se divorció de su esposa Pompeya tras el escándalo de la fiesta de la Bona Dea. Aunque no se probó que Pompeya hubiera cometido adulterio, César tomó una decisión drástica. Cuando le preguntaron por qué, respondió con una frase que Cicerón puliría hasta convertirla en uno de los principios éticos más exigentes de la política: “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo”.

Más de dos mil años después, esa máxima romana sigue siendo un espejo incómodo para cualquier gobernante.

En febrero de 2025, ocho días antes de asumir la Presidencia de la República, Yamandú Orsi compró una Hyundai Santa Fe 0 km. La investigación periodística de Patricia Madrid en el programa Así Nos Va (Radio Carve) reveló la discrepancia: en su declaración jurada ante la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep), el vehículo figura valuado en aproximadamente US$ 79.000. Sin embargo, la factura emitida por la automotora el 21 de febrero lo registra por US$ 54.000, lo que implica un descuento de alrededor de US$ 25.000.

Desde Presidencia se confirmó el descuento y se explicó que la operación se completó con la entrega del Hyundai anterior y una transferencia bancaria. El prosecretario de la Presidencia, Jorge Díaz, defendió la operación argumentando que “cuando Yamandú hace esa compra, no era funcionario público”. Según Díaz, la compra está “ajustada al Código de Ética” porque Orsi aún era presidente electo y no se ha demostrado que el descuento fuera a cambio de algún acto de gobierno posterior.

Legalmente puede más o menos “llenar el ojo”. Pero éticamente genera ruido. Porque no se trata solo de si existió un delito o una violación explícita del código. Se trata de si un presidente electo, a días de asumir, puede recibir una ventaja económica tan grande de una empresa que es proveedora del Estado y cuya marca, además, apareció de forma protagónica en la ceremonia de asunción.

La pregunta que queda flotando no es meramente contable, sino de percepción pública: ¿fue un descuento comercial ordinario, disponible para cualquier cliente, o una atención especial a quien estaba por convertirse en Presidente?

Orsi gobierna un país que valora la austeridad y la cercanía con la gente. Su campaña enfatizó la honestidad y recogió el legado de figuras como Mujica, que convirtió la sencillez en símbolo político. En ese contexto, una rebaja de 25 mil dólares en un vehículo de alta gama, con el timing elegido, genera un contraste que genera suspicacias. Aunque no haya corrupción probada, la imagen presidencial queda impactada con un ruido innecesario en estos tiempos que las encuestan no lo favorecen.

Aquí vuelve la sabiduría romana. No basta con ser honesto. Hay que parecerlo también. Las figuras públicas, todas, operan bajo una exigencia más alta porque encarnan una institución. Cada decisión personal que roza las relaciones entre el poder que se encarna, la institución que se representa y las empresas que hacen negocios con el Estado debe ser examinada con lupa.

No se le pide a Orsi austeridad franciscana ni que vaya a rezar arrodillado en maíz, pero sí prudencia. Evitar situaciones que, aunque legales, alimenten sospechas innecesarias. La confianza en las instituciones y sus representantes se construye con una mezcla de cincuenta/cincuenta, cincuenta de hechos y cincuenta de apariencias cuidadas.

Al final, la lección de César sigue vigente: quien ocupa los más altos cargos no puede permitirse el lujo de que la gente dude. Debe ser intachable. Y, sobre todo, debe parecerlo.

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