Efecto Mimético, la clave tras un linchamiento moral

El efecto mimético y los nuevos linchamientos morales

René Girard sostuvo que los seres humanos imitamos deseos, emociones y conductas. Cuando la tensión social aumenta, los grupos tienden a descargar esa tensión sobre una persona o colectivo que pasa a ocupar el lugar del culpable. Es lo que denominó el mecanismo del chivo expiatorio. El efecto mimético es el contagio del deseo, la indignación y el rechazo. Así nace muchas veces el linchamiento moral colectivo.

René Girard explicó que, cuando muchas personas imitan la misma indignación, el grupo puede unirse contra alguien. Esa persona pasa a ser vista como “el problema”, “el culpable” o “el enemigo”. A eso se le llama mecanismo del chivo expiatorio.

En palabras simples: el efecto mimético muestra cómo una emoción individual puede volverse contagiosa, y cómo una multitud puede terminar atacando a alguien no porque todos hayan pensado por sí mismos, sino porque todos empezaron a imitar la reacción de los demás.

Linchamientos morales 2.0

Muchos creen que las sociedades modernas han superado esta tendencia porque son más tolerantes y menos moralistas. Sin embargo, el fenómeno parece haber cambiado de forma más que haber desaparecido.

El escritor Rob Henderson lo ilustra con un chiste de humor negro:

“Dos psicólogos salen de un bar y ven a un hombre tirado en la calle, destrozado y lleno de sangre tras una agresión. Uno mira al otro y dice: ‘Dios mío, tenemos que encontrar a la persona que hizo esto y ayudarle’.”

La ironía del chiste radica en que la atención se desplaza de la víctima al agresor. Pero también señala algo más profundo: la ilusión de que vivimos en una cultura completamente libre de juicios morales.

En realidad, el estigma no ha desaparecido. Simplemente ha cambiado de objetivo. Algunas conductas que antes eran fuertemente condenadas hoy son vistas con indulgencia o comprensión. Al mismo tiempo, otras faltas pueden desencadenar una reacción social extremadamente severa: expresar una opinión considerada incorrecta, utilizar determinados términos, discrepar de ciertas narrativas dominantes o desafiar consensos culturales.

Desde la perspectiva de Girard, esto no representa el fin del mecanismo del chivo expiatorio, sino una nueva versión del mismo fenómeno. La multitud sigue necesitando señalar a alguien. La diferencia es que los criterios para decidir quién merece la condena han cambiado.

El problema aparece cuando la indignación colectiva deja de buscar la verdad y comienza a buscar culpables. En ese momento, el grupo experimenta una sensación de cohesión moral que puede resultar tan gratificante como peligrosa. Quienes participan sienten que están defendiendo una causa justa, pero muchas veces terminan reproduciendo la misma dinámica de exclusión que dicen combatir.

El efecto mimético nos recuerda una verdad incómoda: los seres humanos somos mucho más proclives a imitar la indignación de los demás de lo que estamos dispuestos a reconocer. Por eso, la verdadera prevención de la violencia colectiva no consiste en encontrar nuevos culpables, sino en aprender a resistir la tentación de sumarnos a la multitud cuando esta exige una víctima.

Las sociedades cambian sus valores. Lo que rara vez cambia es su necesidad de señalar culpables. El nombre del pecado varía; el mecanismo del linchamiento  moral permanece.

 


 

Otros Artículos de Silvana Giachero:

[b]Sitio alojado en Montevideo Hosting[/b]