Orsi y la experiencia inmersiva

Hay una etapa muy particular en la vida de los gobiernos.

No es el comienzo, cuando todavía todo es promesa.

Tampoco es el final, cuando ya aparecen las memorias, los balances y los libros titulados «Lo que quisimos hacer y ustedes no entendieron».

Es ese momento intermedio y ligeramente incómodo en el que empiezan a aparecer encuestas feas y los analistas salen a explicar que todavía falta mucho.

Y tienen razón.

Todavía falta mucho.

Pero las encuestas tienen la desagradable costumbre de llegar antes que las explicaciones.

Ante una caída de imagen, el ciudadano común piensa cosas primitivas y anticuadas como bajar impuestos, mejorar servicios o resolver problemas concretos.

La política moderna, en cambio, evolucionó hacia estadios superiores del pensamiento.

Hoy la solución natural es crear un proyecto para mejorar la imagen.

Porque gobernar puede ser complicado.

Pero diseñar un Plan Estratégico Integral de Reposicionamiento Perceptual siempre está al alcance de la mano.

Imagino la reunión.

-Tenemos un problema de imagen.

-Perfecto. Hagamos algo con la imagen.

Es un razonamiento impecable.

Si una persona tiene fiebre, uno le da un medicamento.

Si un gobierno tiene mala imagen, uno cambia la imagen.

La lógica es prácticamente médica.

De hecho, sospecho que ya deben existir algunas iniciativas en estudio.

El primero sería el Proyecto Carisma 2030, mediante el cual cada aparición pública del presidente incorporaría estratégicamente un perro simpático, dos escolares saludando y un productor rural afirmando que «las cosas se están encaminando».

También estaría el Programa Sonrisa País, destinado a determinar científicamente cuál es el ángulo facial que maximiza la cercanía republicana sin caer en el populismo dental.

Más ambicioso aparece el Sistema Nacional de Buenas Noticias, que establece que toda información negativa deberá anunciarse inmediatamente después de comunicar el florecimiento de los lapachos o una reducción en el precio del boniato.

Particularmente interesante resulta la Unidad Ejecutora de Reencuadre Estadístico, cuya misión sería explicar que un 65% de desaprobación no constituye un problema sino una extraordinaria oportunidad de crecimiento.

Después vendría la Mesa Nacional para la Construcción de Optimismo, integrada por consultores, especialistas en lenguaje corporal y señoras que siempre empiezan las frases con «yo lo que percibo desde mi ventana es otra cosa».

Finalmente aparecería la iniciativa más innovadora de todas: el Instituto Uruguayo de Reposicionamiento Perceptual del Naufragio.

Su objetivo sería transformar cualquier dificultad de gestión en una experiencia ciudadana interactiva.

Porque una cosa es un problema.

Otra muy distinta es una oportunidad de mejora.

Una cosa es una crisis.

Otra muy distinta es una etapa de aprendizaje institucional.

La comunicación política tiene algo profundamente conmovedor.

Siempre conserva la esperanza de que la realidad pueda ser derrotada mediante una presentación de PowerPoint.

Como esos restaurantes que cambian el nombre de los platos pensando que nadie va a notar que las milanesas siguen siendo las mismas.

Pero la realidad es un cliente bastante difícil de engañar.

Y ahí apareció una imagen que no logro sacarme de la cabeza.

Imaginen el Titanic.

El barco ya chocó contra el iceberg.

El agua entra por varios compartimentos.

La orquesta sigue tocando.

Y en algún salón de primera clase un equipo de asesores presenta un informe urgente al capitán.

-La buena noticia es que no se acabó el viaje.

-La mala es que existe cierta ansiedad entre los pasajeros.

-Nuestra recomendación es reposicionar la experiencia.

El capitán pregunta cómo.

El consultor cambia la diapositiva.

«El Titanic deja de ser un crucero tradicional para convertirse en una experiencia inmersiva y cercana al océano.»

Durante unos segundos reina el optimismo.

Hasta que alguien pregunta si la experiencia inmersiva contempla chalecos de flotación o si eso queda para la Rendición de Cuentas.

Porque ese es el problema histórico de la política y también de la condición humana.

Hay momentos en los que uno necesita un mejor relato.

Y hay momentos en los que necesita, simplemente, menos agua entrando por la sala de máquinas.

Hasta la próxima, si es que hay…

Otros Artículos de Dannyvile:

[b]Sitio alojado en Montevideo Hosting[/b]