¿Uruguay es un país caro?: el Índice Big Mac

Hay una frase recurrente sobre Uruguay: “somos un país caro”. Es una idea tan instalada que terminó por naturalizarse. Nos parece normal pagar por muchos productos dos o tres veces más que en otros países.

Lo que pocos se preguntan es: ¿por qué somos un país caro?

Una forma de aproximarse a la respuesta es a través del Índice Big Mac. Para quienes no lo conocen, el Índice Big Mac es una herramienta sencilla y divertida de la economía que explica el concepto de Paridad de Poder Adquisitivo. La idea es simple: como una Big Mac es prácticamente igual en todo el mundo (mismos ingredientes, mismo proceso), debería costar lo mismo en todos lados si las monedas estuvieran «en equilibrio».

Actualmente, Uruguay ocupa el segundo lugar del mundo, con una Big Mac que cuesta aproximadamente US$ 8,76, un 43% más cara que en Estados Unidos, país que se utiliza como referencia. Solo Suiza presenta un precio superior.

Si bien el índice no «prueba» que sea caro en todos los aspectos, sí es una señal fuerte de que los precios internos medidos en dólares, son elevados. En otras palabras, confirma esa percepción tan extendida de que vivir en Uruguay cuesta caro.

Ahora bien, hay algo que muchas veces pasa desapercibido. Cuando uno compra una Big Mac en un McDonald’s en Uruguay, no está pagando únicamente carne, pan y queso. Está pagando también una enorme carga de impuestos directos, impuestos indirectos y una larga lista de costos que el Estado incorpora a través de tarifas públicas, regulaciones y aportes que terminan trasladándose al precio final.

Si descontáramos esa carga tributaria y esos sobrecostos, el precio de la Big Mac caería aproximadamente un 44%, pasando de US$ 8,76 a alrededor de US$ 4,91. Con ese valor, Uruguay dejaría de figurar entre los países más caros del mundo y pasaría a ubicarse aproximadamente en la segunda mitad del ranking.

¿Y qué significa eso?

Que lo caro no es la hamburguesa; lo que es caro es soportar la carga impositiva que alimenta al estado uruguayo. Ese es el problema en el fondo, que el Estado se sienta a la mesa y se come casi media hamburguesa antes de que vos le des el primer mordisco.

Cada impuesto puede parecer pequeño cuando se lo analiza por separado. Pero cuando se acumulan el IVA, el IMESI, los aportes patronales, las tarifas públicas infladas, el costo del combustible, la burocracia y las regulaciones, el resultado termina siendo un precio final muy superior al que tendría en un mercado menos castigado.

La cantidad de impuestos que soportan los ciudadanos de este país es directamente proporcional al tamaño del estado. Tenemos una estructura que asfixia al que produce, al que invierte y al que emprende. El «Costo Uruguay» es la soberbia política de querer un Estado que haga todo y lo haga caro.

El resultado es un país donde el salario real pierde poder de compra. El uruguayo no es más pobre porque produzca menos; es más pobre porque una parte creciente de lo que produce se destina a sostener una estructura cuyo costo no se traduce en servicios de la calidad que los contribuyentes financian.

Mientras no entendamos que el verdadero “Costo Uruguay” es el costo del Estado, seguiremos apareciendo entre los países más caros del mundo.

No es la hamburguesa, no es el pan, y ni siquiera es el sueldo del que te atiende. Es el peso de un Estado que nos está saliendo carísimo a todos.

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