Marcelo Martín Olivera
Montevideo no amaneció quebrada en mayo de 2025. Simplemente terminó de confirmarse lo que ya venía oliendo mal hace años. Lo dijo con cierta elegancia el Intendente electo, Mario Bergara: “La Intendencia hoy no tiene una situación financiera floreciente, reluciente”. Lo que no dijo, aunque es imposible ocultar, es que Montevideo está pagando hoy el precio de una gestión marcada por el despilfarro simbólico y una estructura clientelar que puso los impuestos de los montevideanos al servicio de causas estéticas, identitarias o directamente electorales.
Es que, para entender la precariedad de la caja municipal, hay que remontarse no a meses, sino a décadas. Porque aunque en campaña algunos pretendan hablar de «nuevas gestiones», la verdad es que el Frente Amplio gobierna la capital desde hace 35 años. Y lo ha hecho, salvo contadas excepciones, con una lógica alejada de la eficiencia, más cercana al relato que a la realidad. Pero fue en los últimos cinco años, con Carolina Cosse al frente de la Intendencia —hoy Vicepresidenta de la República—, cuando el despilfarro se volvió política sistemática.
Durante la gestión Cosse, se destinaron recursos públicos a contratar shows de cumbia pop bajo el paraguas de “cultura popular descentralizada”, sin ninguna métrica de impacto más allá de los likes en redes sociales. Lo mismo con el festejo de los “300 años de Montevideo. Otro “hito” fue financiar un “Centro de Referencia LGBT” en un edificio alquilado, sin hoja de ruta clara ni objetivo tangible más allá de ser vitrina de identidad política. Crear ciclovías antiestéticas y que enlentecen el tránsito de los barrios que atraviesan, con presupuestos millonarios. Obviamente. También se destinaron $759.660 a un festival de arte lésbico de dos días, en el marco de una licitación orientada a colectivos afines ideológicamente, cuando ni siquiera hay veredas decentes en los barrios céntricos, mucho menos en los periféricos. Ni hablar de la iluminación o la eficiencia en la gestión de residuos.
¿Y el gobierno nacional anterior tiene algo que ver? El intendente electo apunta a “discriminación presupuestal” por parte del gobierno nacional anterior, con recortes al Fondo Metropolitano. Pero el argumento suena a excusa tardía. La Intendencia no quebró por falta de transferencias, sino por mala administración. Los montevideanos no pagaron menos Contribución, ni se les redujo la patente. Fueron los jerarcas departamentales quienes optaron por priorizar lo simbólico por sobre lo estructural, lo testimonial sobre lo concreto.
El estado actual de las finanzas en la Intendencia de Montevideo son el resultado directo de haber estirado mal el presupuesto durante años, prefiriendo invertir en causas que rinden políticamente hacia adentro, pero no mejoran un milímetro la vida del ciudadano común. Administrar con responsabilidad no implica solo tener recursos, sino saber usarlos. Y Montevideo, durante la gestión Cosse, no lo hizo.
Ahora Bergara asume en un escenario condicionado, con margen escaso para obras reales, y obligado a priorizar lo que nunca debió haber sido relegado: limpieza y movilidad. Lo que no queda claro es si está dispuesto a romper con la lógica de su antecesora, o si se limitará a gerenciar lo que otros malgastaron. Gobernar no es militar causas, es administrar recursos. Y si no lo hacen, en cinco años no podrán decir que no se les advirtió.
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