Ayer mi mujer volvió del supermercado con una cara que solo reservo para cuando me olvido de pagar algo importante o para cuando el psicólogo me sugiere que mi optimismo es, en realidad, un mecanismo de negación. “No hay leche de la cooperativa”, me dijo, como si estuviéramos ante una tragedia clásica. Yo intenté serenidad: “No es desabastecimiento; es minimalismo lácteo”.
Es fascinante lo que está logrando nuestra cooperativa insignia. Mientras el mundo compite con yogures funcionales y marketing emocional, aquí se ensaya una propuesta radical: si no hay producto, no hay discusión sobre el producto. El conflicto pasa a ser el bien más estable.
Me contaba mi amigo el psicólogo, que de vacas no sabe nada pero de histerias colectivas es un experto, que lo que ocurre en las asambleas es una instalación artística de larga duración: productores que no llegan a fin de mes, un sindicato que no se baja del ring y autoridades que proponen soluciones con la tranquilidad de quien jamás tuvo que ordeñar nada que respire.
Los directivos, que representan a los propios productores, redactan carpetas satinadas con palabras como “sustentabilidad” y “competitividad”, términos que suenan tan bien que es casi una lástima que no se puedan beber en el desayuno. Los tamberos, socios y dueños formales de la cooperativa, madrugan, arriesgan capital, tierra y crédito, y descubren que sus ingresos muestran una timidez notable frente a los sueldos de ciertos empleados de planta, que no dependen del humor de la vaca ni del precio internacional de la leche en polvo. En esta versión del cooperativismo, el riesgo es rural y el salario es contractual.
Se habla de tercerizar, vender, rediseñar. Yo propongo algo más práctico y patriótico: que la próxima negociación se haga dentro de un tanque de enfriamiento a cinco grados bajo cero, sin micrófonos, sin asesores y, sobre todo, sin café caliente. El equilibrio aparece con sorprendente rapidez cuando los dientes empiezan a marcar el ritmo.
Mientras tanto, la leche se sigue derramando y yo, por las dudas, me estoy tomando el café solo, no sea cosa que la realidad me dé la razón antes de tiempo.
Hasta la próxima, si es que hay…
