Esta semana se supo que hubo una fuerte demanda por instrumentos de deuda en UI. Traducido: la gente está muy interesada en protegerse de la inflación. Todo esto en un contexto donde, oficialmente, la inflación está bajo control. Lo cual simplifica bastante las cosas: ya no hace falta que la inflación suba para preocuparse por ella, alcanza con que esté ahí, diciendo “estoy acá”.
Es una buena señal. Cuando la economía está estable, lo primero que hace la gente es cubrirse de esa estabilidad. No por desconfianza, sino por respeto. Sería irresponsable exponerse innecesariamente a un escenario que viene funcionando según lo previsto.
El ministro de Economía, Gabriel Oddone, ha insistido en que no habrá sorpresas tributarias y que el escenario está encauzado. Es un mensaje tranquilizador. Sobre todo porque viene acompañado de un mercado que, ante tanta tranquilidad, decide no confiarse. Es una forma de equilibrio institucional: uno transmite certezas y el otro se asegura de no tomarlas al pie de la letra.
En ese sentido, la política económica ha dado un paso más. Ya no se trata solo de estabilizar variables, sino de generar condiciones para que nadie dependa demasiado de ellas. La estabilidad, bien entendida, no es algo que se usa, sino algo que se evita usar sin protección.
El economista Mauricio De Rosa ha explicado que los agentes reaccionan a expectativas. Es decir, no importa tanto lo que se dice, sino lo que la gente cree que puede pasar igual. Es un sistema elegante: uno comunica certezas y los demás actúan en consecuencia… en consecuencia de las dudas. Y en ese margen entre lo dicho y lo supuesto es donde ocurre casi todo lo importante.
Algunos analistas ya hablan de una economía en la que el riesgo no desaparece, sino que se distribuye con criterio. Cada uno asume el suyo, pero lo hace de forma preventiva, para no tener que asumirlo después. Es una manera eficiente de anticiparse al pasado.
Cubrirse es la forma más eficiente de creer.
El resultado es bastante armonioso. El gobierno transmite calma, el mercado se cubre, y los técnicos explican que ambas cosas no solo no se contradicen, sino que son una señal de madurez. Uruguay ha logrado algo notable: que la desconfianza también sea interpretada como confianza. Incluso podría decirse que, en ciertos niveles, confiar demasiado empieza a ser visto como una forma de imprudencia.
En definitiva, la economía está tan bien que conviene protegerse. No por nada en Uruguay el optimismo siempre viene con respaldo en UI. Es un optimismo responsable, que no niega los riesgos, sino que los acompaña de cerca, como para no perderlos de vista.
Porque si algo aprendimos es que, cuando todos dicen que no pasa nada, no pasa nada… hasta que pasa. Y cuando pasa, por suerte ya estábamos preparados para explicar que en realidad no pasó tanto.
Hasta la próxima, si es que hay…
