Manual de autocrítica con aplauso diferido (O el arte de criticarse a sí mismo en público antes de aplaudirse en privado)

Esta columna también podría llamarse «Cómo el partido de gobierno descubrió que había personas durmiendo en la calle después de un año de gobierno«, pero era demasiado larga y el Sr. Director seguro me iba a retar. De nuevo.

Bien, basta de autolamentos. Retomemos mis divagues de mi columna anterior (https://contraviento.uy/2026/04/08/manual-para-conspirar-bien-y-en-equipo/)

El ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila, dio una entrevista esta semana en la que respondió a las críticas que recibió desde adentro del Frente Amplio por su gestión con las personas en situación de calle. Lo que dijo fue esto: «Hay salidas que uno no entiende mucho.»

Me detuve ahí. Lo releí. Lo anoté en un papel. Lo pegué en la heladera.

«Hay salidas que uno no entiende mucho» es, en mi opinión, la frase política más honesta pronunciada en Uruguay en lo que va del año. No porque sea autocrítica. Sino porque es una honestidad involuntaria, casi un sinceramiento por error. En ocho palabras resume perfectamente la dinámica del Frente Amplio cuando uno de los suyos dice algo incómodo en público: no enojo, no debate, no respuesta política. Perplejidad genuina. Un hombre mirando por la ventana sin entender del todo qué pasó, pero con la vaga sospecha de que algo pasó.

Lo que pasó fue lo siguiente. Rafael Michelini, dirigente del FA, publicó en redes sociales que la situación de calle «hiere su sensibilidad como uruguayo, frenteamplista y hombre de izquierda» y que el gobierno tiene que actuar. «¡Ahora!«, escribió, con signo de exclamación. La diputada Julieta Sierra, del MPP, dijo que el Mides es «el punto más débil del gobierno«. Desde adentro. Del propio gobierno.

Llamé a mi primo Carlos de inmediato. Le conté. Silencio. Después:
-Eso lo coordinaron.
Le pregunté por qué alguien coordinaría criticar a su propio ministro.
-Para que el plan parezca una respuesta.
Y cortó.

Volví a llamarlo diez minutos después. No atendió. Lo cual, viniendo de Carlos, suele ser una forma de confirmación.

La verdad es que no le falta razón, aunque probablemente tampoco la tenga del todo. Porque lo que pasó después es que el gobierno presentó 42 medidas, cuarenta y dos, las conté, para atender la situación de calle, incluyendo la transformación del Plan Invierno en un «Plan 365». Y Michelini, el mismo que había tuiteado con signo de exclamación, celebró el anuncio con otro tuit: «¡Se destrancó el dominó!!!» Con tres signos de exclamación.

El hombre no solo escaló dos signos de exclamación. Está construyendo un indicador político propio. Una especie de índice de entusiasmo progresivo: a mayor cantidad de signos, mayor nivel de satisfacción institucional. Si sigue así, para fin de año vamos a tener un Michelini con siete signos de exclamación anunciando estabilidad macroemocional.

Mi madre, a quien le resumí el episodio mientras ella me preguntaba si había comido, dijo algo que en retrospectiva es lo más lúcido que se dijo sobre el tema:
-¿Y por qué no lo dijeron antes adentro?
Le expliqué que probablemente lo habían dicho.
-Ah —dijo.
Y cambió el tema para preguntarme si quería caldo de pollo.

El secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, salió a defender a Civila con una pregunta que, formulada en voz alta en una rueda de prensa, suena a réplica de obra de teatro:
«¿Qué propuesta hizo Michelini? Es un dirigente político, su sector integra el Secretariado.»

Es decir: el gobierno le pregunta públicamente a su propio dirigente por qué critica en lugar de proponer, cuando el dirigente integra el órgano que se supone que propone o al menos discute lo que otros proponen o tal vez donde otros debieron haber presentado la propuesta antes de difundirla al público… digo… yo que sé…

El círculo es tan perfecto que, si uno lo mira demasiado tiempo, empieza a sentirse observado.

Mi psicoanalista, a quien le mencioné esto porque últimamente lo político y lo terapéutico se me mezclan de una forma que él llama «material rico» y yo llamo «martes»(como esos martes que vienen siempre una vez por semana) me preguntó qué me generaba todo el episodio.

Le dije: una ternura extraña.

Levantó una ceja, como si ya supiera que esto no iba a terminar bien.

Intenté explicarme: hay algo enternecedor en un partido que se critica a sí mismo con tanta pasión y luego se aplaude a sí mismo con la pasión redoblada, en el lapso de 48 horas, por las mismas razones. Es casi una forma de amor. Un amor complicado, ruidoso, con mucho tuit, pero amor al fin.

Anotó algo.

Supongo que anotó «episodio de autorregulación afectiva colectiva con manifestaciones eufóricas intermitentes». O algo peor.

Mientras tanto, las personas siguen durmiendo en la calle.

Que es, si uno hace el esfuerzo de salir de la discusión política por un momento, el único dato que importa.

El gobierno tiene ahora 42 medidas, un Plan 365, y la primera estrategia nacional sobre situación de calle de la historia del país. Que es mucho. Y que llegó, como casi todo en este país, después de que alguien gritó «¡Ahora!» en Twitter con signo de exclamación. Uno, no dos, ni tres.

Civila dijo que él es el primero que se critica. Que la realidad siempre exige más. Que hay salidas que uno no entiende mucho.

Yo tampoco las entiendo.

Hasta la próxima, si es que hay…

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