El prisionero

Un paisaje rojizo y oscuro. Eso es todo lo que veo.

A veces aparece algo un poco más brillante, como un destello tímido, pero es raro. No sé por qué pasa. Cuando sucede es hermoso, porque rompe un poco esta penumbra que me rodea desde que tengo memoria.

Los ruidos llegan apagados. Lejanos. Como si alguien hablara desde el fondo del agua o como cuando uno se tapa los oídos con las manos. La verdad es que no entiendo demasiado de este mundo que me toca habitar. Es un mundo extraño.
No siento hambre. Tampoco frío.

A veces, sin embargo, siento miedo. No sé de dónde viene. De pronto aparece una angustia suave, una inquietud que me atraviesa por un momento… y después se va. Todo vuelve a la calma y regreso a mi rutina, que básicamente consiste en estar. Simplemente estar.

Pero últimamente algo cambió.

Cada tanto siento que mi mundo se encoge. Como si las paredes se acercaran lentamente. Aparece una presión rítmica, profunda, y de pronto tengo la sensación de que alguien me abraza muy fuerte. Al principio pasaba de vez en cuando, casi como un juego. Pero ahora sucede más seguido… y dura más. Algo está pasando. Lo sé.

Es una sensación nueva. Extraña. Como si una fuerza invisible me moviera con cuidado dentro de esta pequeña prisión tibia que ha sido mi hogar. Como si quisiera acomodarme. Prepararme para algo que todavía no comprendo.
Y cada vez esa presión es más intensa.

Ahora mismo siento que algo me aprieta. No duele, pero es fuerte. Lleva horas ocurriendo. Sin embargo, curiosamente, no estoy preocupado. Entre una oleada y otra incluso me duermo. Me relajo. Descanso. Supongo que esto terminará en algún momento.

Pero de pronto… todo se acelera.

Siento que me muevo sin querer hacerlo. Algo parece empujarme, como si quisiera expulsarme de este refugio donde he estado desde siempre y al que me he acostumbrado. No sé si me gusta la idea de irme. Después de todo, aquí estaba tranquilo. Aquí todo era suave, cálido, silencioso.
Pero la fuerza que me empuja es imparable.
Y entonces… todo cambia.

El silencio tibio se rompe. Aparecen sonidos nuevos, fuertes, desconocidos. Y una luz. Una luz intensa que atraviesa la oscuridad donde siempre viví.
¿Qué es esto?

De repente siento aire en mis pulmones. Y recién ahora me doy cuenta de que nunca los había usado. El aire entra, quema un poco… y entonces grito. Un grito que me sorprende incluso a mí, porque es el primer sonido que hago en este mundo.

Estoy cansado. Muy cansado.
Y ahora sí tengo miedo.
¿Dónde estoy?
¿Qué lugar es este?

La calidez de mi pequeño universo fue reemplazada por un frío que me estremece. La luz lastima mis ojos acostumbrados a la penumbra. Todo es demasiado grande, demasiado nuevo.

Unas manos gigantes me sostienen. Me siento pequeño. Frágil. Indefenso.

Pero entonces ocurre algo.
Siento un calor conocido. Un contacto suave, familiar. Un abrazo que de alguna manera ya reconozco. Y junto con ese calor llega una voz.
Una voz de mujer.
Una voz dulce que dice:
-Bienvenido, mi amor… sos el bebé más hermoso del mundo.
Y entonces, me calmo.

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