¿No volverán?

Como la economía es simplemente la acción humana, mal que le pese al estatismo socialista, habría que opinar sobre ella con más cuidado. Salvo que se busque la pobreza dictatorial y final

Por Dardo Gasparré

 

La nota de la semana pasada, que versaba sobre la valorización del peso frente a otras divisas, sus posibles problemas y esbozos de soluciones, originó varias reacciones, críticas y comentarios entre algunos partidarios de la Coalición Multicolor, que la columna, que no elude el debate, tratará caso por caso.

La más indignada fue la reacción en cuanto a los aspectos políticos de las medidas sugeridas, basadas en que no habría que solucionarle ni regalarle nada al Frente Amplio, ni tomar medidas antipáticas que fructificarán después de las elecciones de 2024, sobre todo considerando que el FA se beneficiaría, de ganar, con todos los logros del actual gobierno.

No sólo esta tribuna no coincide con ese método de análisis ni de pensamiento miserable sociopolítico sino que es imposible no atar ese concepto a la posición de Juntos por el Cambio entre 2015 y 2019 frente a cualquier crítica o comentario no elogioso que se le formulara. La respuesta estándar era un soberbio “no vuelven más”, matizada con la acusación de kirchnerista con que se motejaba a cualquiera que osara no estar de acuerdo con las medidas del entonces gobierno.

 También el macrismo creía que sus medidas eran efectivas y valoradas

 Tuvo Macri que pasar por el amargo vía crucis de la derrota para que finalmente aceptara varias de esas críticas y hasta repudiara a los colaboradores que lo habían llevado por el camino equivocado. No es que se crea que en este caso ocurrirá lo mismo, (la columna no es hábil en la formulación de profecías políticas), pero no habría que incurrir en igual confusión de estilo futbolero.

Pero aceptando el argumento por cortesía,  si de todos modos el gobierno estuviera interesado en no hacerle favores a la oposición, no seguiría tratando de aprobar una reforma del sistema de seguridad social solidario, que no solamente es inviable y obsoleto, sino que será modificado en cuanto sea ley por el Frente Amplio, al que se le regala un caballito de batalla invalorable, y se lo empuja a una reforma de la Constitución, a un nuevo gasto-impuesto y se le facilita que disfrute un año de adelanto en la campaña presidencial, que impondrá el Frente con un plebiscito, sistema que hace que la Ley Fundamental sea más fácil de modificar que el Estatuto de Peñarol.

Entrando en el aspecto más importante del enfoque económico, y también respondiendo a algunas críticas, corresponde aclarar, por seriedad técnica, que en este caso particular no cabe hablar de atraso cambiario, como puede haber ocurrido en otros momentos, porque el concepto de atraso implica una acción deliberada que lo provoque, y en este caso, como ya se ha comentado,  se trata de lo que se denomina Dutch Disease, efecto que se produce en los mercados libres cuando una inversión extranjera muy grande, o una exportación extraordinaria, genera una oferta tal de moneda extranjera que eleva el valor de la moneda local.

Para mostrar el efecto que eso tiene sobre el empleo, vale usar un ejemplo argentino, con perdón. Casi al final del segundo período de Menem, cuando ya la Convertibilidad era casi un control de cambios y el valor del peso era super alto, el gobierno se encontró de sopetón con un desempleo de 18%. También la columna ha mostrado su total oposición a cualquier tipo de control cambiario con cualquier motivo.

Las medidas que siempre se exigen que proponga al que opina, pero que se odia tomar

En cambio, su primera sugerencia es abrir la importación. Ello no sólo beneficiará a los consumidores, (la otra cara del trabajador) tanto en surtido como en precio, sino que equilibraría el valor de la divisa. De paso, por una elemental cuestión de aumento de oferta, colaboraría a meter en caja a la inflación, hábito oriental acumulativo mucho más grave de lo que se percibe. Sería instructivo leer al mayor experto en Comercio Internacional, Douglas Irwin, cuyo libro Free Trade Under Fire, (©Princeton University) tiene un aluvión de evidencia empírica: datos, estadísticas, comparaciones, series laborales, de inflación y de actividad. Tal vez sea un buen comienzo para dejar de improvisar. No existe tal compendio probatorio en quienes se oponen a la libertad.

De paso, además de preconizar la apertura de importaciones, la nota de la semana pasada está en contra de todo proteccionismo. No solamente conspira contra el crecimiento de los países, sobre todo los de producción más precaria, sino que destruye el trabajo. Piénsese en lo que significó la globalización comercial para más de mil millones de personas que, mágicamente, dejaron de ser pobres y pasaron casi sin intervalo a ser clase media con educación y recursos.

Difícil resultaría ver en esos dos conceptos, que son los principales argumentos de la nota en cuestión, algo capaz de enojar al electorado o de encresparlo, como acusan los partidistas. A menos que los votos de los empresarios acomodados, prebendarios, corruptos y corruptores, mendigos y dueños del estado, de las licitaciones, de los permisos, de los impuestos y recargos, de las prohibiciones aduaneras y no aduaneras, se multipliquen por diez mil a efectos del escrutinio.

 Las mentiras de “vivir con lo nuestro” y el daño que hacen al empleo

Ninguna mentira mayor que la de hacer creer que eliminar o reducir el “vivir con lo nuestro” dañará el empleo, el bienestar o la calidad de vida. Si la demagogia fuera una acción inteligente, los demagogos abrirían el comercio. A menos que estén prendidos, diría algún suspicaz. No se alcanza a entender coómo esa acción dañaría al voto de la Coalición, como se acusa también. Lo opuesto, sí, tanto en el costo de vida, como en el empleo, como en la contención de la inflación. Claro, muchos años de creer que todo eso se logra con una ley o con una amenaza ha distorsionado el recto pensamiento.

Algunos colegas han expresado su creencia de que tener un sistema de importación abierto, serio y decente no alcanza. Están analizando las cifras del pasado, no las del futuro. Una apertura de la importación implicaría un cambio dramático en la calidad de vida de todas las clases sociales, y no sirve comparar con un sistema de antiimportación como el actual.

La otra medida de fondo sería revisar todos los mecanismos, leyes, reglas, costumbres o estatutos que obligan a las empresas estatales, paraestatales, entes controlados de algún modo y todo sistema de manejo de fondos colectivos, a realizar sus inversiones total o parcialmente en Uruguay, en proporciones diversas. Es en cierto modo otro mecanismo de proteccionismo y limitación de importaciones. Con igual efecto. Tampoco se advierte ahí la validez de la crítica de que este columnista ha cambiado su forma de pensar con relación a los conceptos centrales de la acción humana en la economía.

El exceso de gasto destruye el empleo. Y encarece el costo de vida

Por último, lo que sugiere la nota es la posibilidad de anticipar el pago de deuda y de crear fondos de reserva en moneda extranjera, como Noruega, que no parece sentir la misma necesidad de subsidiar que localmente existe, y tampoco la necesidad de multiplicar su población para transformarse supuestamente en un gran país, concepto algo apolillado, si se permite el término.

Por supuesto que se puede sostener que comprar divisas para pagar deuda puede crear más inflación si para ello se emiten pesos, igual que para crear fondos especiales. Si bien hay maneras de encarar el tema sin generar tales efectos, esto muestra que cuando se aumenta el gasto irreflexivamente también se afecta el mercado de cambios, y fulminantemente también el empleo. El dinero es fungible. Por ahora.

Las críticas gatilladas por la nota anterior provienen de una lectura política algo partidista, y no analizan a fondo las variantes económicas, sino que se basan en apreciaciones coyunturales o en juicios apresurados, y seguramente de buena fe, en la convicción de que se están haciendo grandes avances, que, más allá de reconocer el manejo prolijo de la cosa pública, no se están realizando.  Aunque con total objetividad, no son legal e institucionalmente fáciles de realizar. Menos electoralmente.

Sea lo que fuera que se piense, habría que abstenerse de repetir cualquier frase o tomar cualquier actitud similar al cambista “no volverán”, aunque sea por cábala.