Cómo las Reglas de Escritura de Amazon pueden transformar el debate público

Escribe Gerardo Sotelo 

En un panorama mediático y de comunicación plagados de noticias falsas, acusaciones desmesuradas, datos manipulados y palabras vacías, las Siete Reglas de Escritura que Amazon ha confeccionado para sus empleados nos invitan a darle más claridad y transparencia a nuestra comunicación, basando nuestras afirmaciones en datos verificables y respetando al público. 

La popular empresa de comercio electrónico, Amazon, ha publicado las claves para una escritura efectiva y persuasiva entre sus empleados. A través de una comunicación clara y concisa, Amazon busca mejorar la forma en que comparte sus ideas, productos o servicios con sus clientes. Las siete reglas son las siguientes:

  • Usar frases cortas (30 palabras o menos) para mayor claridad y concisión en la comunicación.
  • Sustituir los adjetivos por datos concretos y comprobables, para respaldar la información con evidencia.
  • Evitar frases comodín que no aportan valor, como expresiones vacías o clichés que no transmiten información relevante.
  • Aplicar la prueba del «Y qué» para asegurarse de que cada frase y párrafo transmita un mensaje significativo y relevante.
  • Ser objetivo al escribir, basándose en hechos y datos en lugar de opiniones subjetivas, evitando suposiciones o generalizaciones infundadas.
  • Evitar el uso de jerga y acrónimos que puedan confundir al lector. Es importante utilizar un lenguaje claro y comprensible para todos.
  • Respetar el tiempo del lector siendo directo y eliminando cualquier información innecesaria o redundante.

Tal vez parezca una nimiedad, pero estas acciones, más significativas que novedosas, presentan al menos tres elementos que las vuelven significativas: están orientadas a mejorar la eficacia de la comunicación entre las partes, son susceptibles de replicarse en cualquier ámbito de la comunicación interpersonal e interinstitucional y requieren un comportamiento ético.

¿Qué pasaría, por ejemplo, si se aplicaran sistemáticamente entre quienes participamos en el espacio público? Además de clarificar la comunicación y enriquecer la toma de decisiones, ¿podrían acaso convertirse en un cortafuegos contra la acción de manipuladores, demagogos y discursistas varios, que no tienen pruritos en avasallar el discernimiento y buen criterio de las personas?

Políticos, medios de comunicación y líderes de opinión solemos emplear técnicas retorcidas para influir en el auditorio con nuestras creencias y decisiones.

Inundamos el debate público con palabras vacías, clichés, acusaciones infundadas, promesas grandilocuentes y sensiblería, lo que tiene como resultado que nuestra sufrida audiencia se pierda en el laberinto de la desinformación y las opiniones sesgadas.

Las reglas de Amazon pueden ofrecer un respiro en medio del caos y, mejor aún, sepultar las aspiraciones de manipuladores, violentos y vendedores de humo.

Utilizar datos concretos, evitar estereotipos y respetar el tiempo y la integridad del público, bastaría para hacer generar nuestros intercambios un ámbito de mayor honestidad intelectual, y de nuestro clima político, un faro en tiempos oscuros.

Tendrían además un efecto profiláctico, al empujar al basurero de la historia política las prácticas espurias, como las falacias argumentales, los dichos sin fundamento, las generalizaciones infundadas, las afirmaciones sin exposición de consecuencias y, en general, las tácticas manipuladoras.

Un discurso basado en datos comprobables y hechos verificables es esencial para fomentar el entendimiento, el debate informado y la toma de decisiones adecuadas.

Si las argumentaciones van a sustentarse en la comprensión y exposición de la realidad, con sus infinitos matices y contradicciones, no solo mejoramos nuestra comunicación, sino que también promovemos una sociedad menos vulnerable a la manipulación y con mayor capacidad de procesar debates significativos y provechosos.

Es cierto que estas reglas no son una panacea y que seguirlas no erradicará por completo la manipulación, la demagogia y la frivolidad. No obstante, constituyen un paso en la dirección correcta, una herramienta para luchar contra la confusión, la desinformación y el extremismo.

Después de todo, decir la verdad (o aquello que, honestamente, creemos que la expresa mejor) es un comportamiento esencial para quien aspire a tener un debate público saludable.

Las reglas pueden ser también una excelente ocasión de demostrar que, al mejorar la escritura, ayudamos a mejorar el pensamiento, al obligarnos a ordenarlo, exponerlo siguiendo las leyes de la lógica argumental y cuestionar nuestros prejuicios.

No es fácil, claro. Es seguro que algunas personas y organizaciones continuarán manipulando el lenguaje y apelando a falsificaciones de la realidad y golpes bajos. No hay que descuidarse ni obrar con ingenuidad.

En una sociedad abierta y libre como la nuestra, conviven al menos dos perspectivas éticas antagónicas. Por un lado, estamos quienes creemos que existen valores morales que se ubican por encima de nuestras ideas sobre las cosas y que no pueden vulnerarse para obtener una ventaja política.

Por otro, están quienes entienden que la moral es una construcción ideológica que perpetúa la explotación, por lo que se reservan el derecho de saltar por encima de la cerca toda vez que lo consideren adecuado.

Como periodistas, comunicadores y políticos (lo mismo que como docentes, padres y madres, líderes comunitarios, etc.), tenemos la responsabilidad de enfrentar estos desafíos sin traicionar nuestros valores, y comprometernos con la verdad, la honestidad y el respeto integral por nuestros interlocutores.

Si queremos construir una sociedad informada, consciente y pacífica, es fundamental que mejoremos nuestra comunicación tanto en su técnica como en su ética.

Las «Siete reglas de escritura de Amazon» no son solo son una herramienta para mejorar nuestra redacción, sino también una brújula que nos orienta hacia un discurso político más honesto, transparente y eficaz.