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Olor a azufre

23 mayo, 2024

Juan R. Rodríguez Puppo

Desde que tengo uso de razón no conozco un sola manifestación popular colectiva que se realice en nombre de una causa formalmente abominable. Por el contrario, desde una revolución hasta una marcha callejera todas se realizan en nombre de causas nobles. O por lo menos sensibles para un conglomerado importante de la sociedad.
La Marcha del Silencio de cada 20 de mayo en Uruguay no es la excepción. Al igual que el 1° de mayo o hasta el propio 8M son concentraciones populares en las que podríamos o deberíamos adherir todos. La causa lo habilita.
¿Quién de buena fe en esta sociedad no le interesa que los familiares de desaparecidos obtengan toda la verdad?
No es acaso esta causa una de tantas en las que debería existir una única e idéntica sensibilidad solidaria?
Entonces ¿Por qué este fenómeno social de solidaridad colectiva no se plasma en concentraciones masivas de uruguayos?
La explicación es ¿la derecha es mala?
Esa “derecha” ¿no fue la que se movilizó en el 80 para desafiar a la dictadura militar y se organizó para derrotar al “régimen” en plebiscito o para inducir a los militares a entregar el poder?
Todos esos militantes de partidos tradicionales con vocación democrática y sensibles con los DDHH ¿hoy no quieren ya verdad y justicia?
Es obvio que algo ha sucedido en nuestra sociedad que ha determinado la soledad que se encuentran ese 1 o 2 por ciento de compatriotas que marchan “en Silencio” clamando por Verdad y Justicia.
Digámoslo claro. Muchos decidieron dividir al país entre buenos y malos. Inmiscuyeron la política partidaria en la reivindicación social. Estresaron la paz social instando a no respetar dos pronunciamientos populares en los que podrían también ellos haber mostrado un gesto de concordia. Tuvieron 15 años de gobiernos afines y con mayorías parlamentarias y fueron indulgentes o hasta se hicieron los distraídos” con este tema tan sensible. Un presidente de la República sea del partido que sea es el Comandante en Jefe de las FFAA y tiene el peso y mando suficiente para haber reclamado la verdad sobre el paradero de los desaparecidos. Al menos de los desaparecidos en Uruguay, y podrían haber conseguido para sus propios seguidores una VERDAD que a todos nos llamaría al abrazo fraterno con familiares que esperan algún día tener una tumba donde llorar sus muertos. Pero NO.
Ni Vazquez en dos periodos ni Mujica pudieron. Es más. Hasta hubo situaciones de inexplicable ocultamiento de información que cuesta entender cómo fueron toleradas pacíficamente desde colectivos que generalmente muestran un verbo y modus operandi agresivo.
Los 20 de mayo se vuelven días en los que se confunden el más puro sentimiento de dolor compartido con la más mezquina mirada de aprovechamiento político de una desgracia. Porque además es una marcha hemipléjica (disculpen los verdaderos implicados). Es una marcha que olvida que del otro lado de la tragedia histórica también hubo familias que lloraron muertos o gente que quedó incapacitada para siempre por actos terroristas.
Debería ser una marcha que una -al menos- a los uruguayos que sufrieron la tragedia propia de una guerra. Dividir el asesinato o la tortura categorizando el dolor entre terrorismo de Estado y terrorismo de guerrillas jerarquizando la primera, no solo explica porque la marcha no es compartida por todos sino que además desnuda las razones de un odio a partir del cual nada positivo puede germinar si hablamos de construir un nuevo tiempo de paz.
En esta marcha además se distribuyeron panfletos de odio hacia policías y militares que per se constituyen un delito penal.
Otra muestra que sugiere incitacion al odio que va más allá de la expresión del dolor. Obvio que no habrá nadie que asuma responsabilidad por esos panfletos delictivos.
Para finalizar: Cada vez que oigo o leo “Nunca Más” desconfío y mucho del sentimiento pacifista y democrático del autor del mensaje.
Los dos demonios existieron, y quienes niegan esta realidad generalmente despiden un olor a azufre insoportable que los delata irremediablemente.