Uruguay reinventa el pasaporte y el aislamiento

Marcelo Martín Olivera

Uruguay, un país reconocido por su estabilidad y su pasaporte de prestigio, ha tropezado con una decisión administrativa que amenaza con aislar a sus ciudadanos. Desde el 16 de abril de 2025, el gobierno decidió eliminar el campo “Lugar de nacimiento” de los pasaportes comunes, una medida que, aunque alineada con las recomendaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), ha desatado una crisis diplomática y práctica sin precedentes. Alemania y Francia ya han cerrado sus puertas a los uruguayos con estos nuevos pasaportes, y otros países de la
Unión Europea podrían seguir. ¿Cómo llegamos a este punto? La respuesta está en una combinación de improvisación, falta de previsión y una ejecución torpe de una idea que, en su origen, buscaba
igualdad.

Un cambio con buenas intenciones, pero mal ejecutado

El exministro del Interior, quien dejó su cargo el 1 de marzo de 2025, propuso un cambio sensato: unificar los campos “Nacionalidad” y “Ciudadanía” bajo el código “URY” para equiparar a ciudadanos naturales y naturalizados. Esta medida, implementada durante su gestión, corregía un problema real: los pasaportes de ciudadanos legalizados indicaban erróneamente su país de origen
como nacionalidad, generando confusiones y trabas en fronteras internacionales. Era un paso hacia la ugualdad, especialmente para los miles de ciudadanos naturalizados que enfrentaban obstáculos burocráticos en sus viajes.
Sin embargo, la actual gestión decidió ir más allá, “adecuando» los pasaportes al eliminar el
campo «Lugar de nacimiento» el pasado 16 de abril del 2025, según consta en el comunicado
58/2025*, con el argumento de que no es obligatorio según el Documento 9303 de la OACI. Esta decisión, presentada como un avance en derechos humanos, ha resultado ser un error garrafal. Alemania y Francia, han prohibido el ingreso a quienes porten estos nuevos pasaportes, y otros países de la Unión Europea podrían sumarse. El embajador alemán en Uruguay, Stefan Duppel, lo confirmó
el 9 de julio en la red social X: “ni siquiera estancias cortas serán permitidas”. Este no es un problema menor. El pasaporte uruguayo, que en 2023 permitía acceder sin visa a 153 países, ahora enfrenta restricciones que afectan a todos los ciudadanos, naturales o naturalizados, y comprometen su
valor como documento de viaje.

El Ministerio del Interior y el de Relaciones Exteriores aseguran que los cambios fueron comunicados a embajadas uruguayas y extranjeras, pero la reacción de Alemania y Francia evidencia una falla en la
coordinación internacional. ¿Acaso no se consultó a los países del espacio Schengen, donde el “Lugar de nacimiento” es un estándar de facto para la seguridad migratoria?
Mientras el gobierno se escuda en el cumplimiento de normas internacionales de derechos humanos, olvida que las decisiones administrativas tienen un peso geopolítico que no puede subestimarse.

Un impacto directo en los ciudadanos

No se trata solo de que “no todos los uruguayos viajen a Alemania o Francia todos los días”, se trata del valor de nuestro pasaporte, un símbolo de la libertad de movimiento que Uruguay ha construido con años de buena reputación. Cada ciudadano que enfrenta una negativa de ingreso, cada turista que debe replanificar su viaje, cada profesional que pierde una oportunidad laboral en el exterior, es una
víctima de esta decisión mal calibrada. Y mientras los ministerios prometen “trabajar en una solución”, no hay claridad sobre plazos o medidas concretas, dejando a los uruguayos en un limbo diplomático.
El gobierno debe actuar con rapidez y pragmatismo. Restaurar el campo “Lugar de nacimiento” en los pasaportes, manteniendo el código “URY” para todos los ciudadanos, sería un primer paso para recuperar la funcionalidad del documento. Paralelamente, es imperativo negociar con las autoridades europeas para mitigar el daño ya causado. La distinción constitucional entre ciudadanos naturales y
legalizados sigue siendo un desafío, pero no puede ser excusa para decisiones que comprometen la movilidad de todos.
Uruguay merece una administración que comprenda que las decisiones administrativas tienen peso legal y geopolítico. La unificación de «Nacionalidad/Ciudadanía»fue un avance; la eliminación del «Lugar de nacimiento», un retroceso. No podemos permitir que nuestro pasaporte, una llave al mundo, se convierta en un obstáculo. Este error administrativo debe ser corregido antes de que más puertas se cierren. La igualdad es un objetivo noble, pero no a costa de encerrarnos en nuestras propias fronteras.

● https://www.gub.uy/ministerio-relaciones-exteriores/comunicacion/comunicados/adecuacion-pasaportes-uruguayos

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