Cuando los canales «uruguayos» son en realidad sólo «montevideanos»

Si hay una imagen que ilustra lo que somos en el Interior del país, es esa sensación constante de que estamos espiándolo desde afuera, como si Uruguay fuera un edificio y a nosotros nos tocara mirar desde la ventana del fondo. Y con los canales de televisión “uruguayos” ni te cuento.
Acá en Rivera, antes de que apareciera el cable, ¿Qué teníamos?: como reina indiscutible y atracción principal la Red Globo, después estaba Tevediez el canal local que la peleaba/pelea como podía/puede, y el Canal 5 Sodre. Y reinaba la Globo no porque fuéramos fanáticos de las novelas, sino porque era la que tenía una programación impresionante, variada y lujosa, con informativos completos (enfocados a Brasil fundamentalmente) programas de música, películas bastante recientes, dibujos, etc. La globo con su calidad de imagen llegaba sin pedir permiso, sin pedir que le pagaras un peso, sin exigirle a nadie una ceremonia en Montevideo para habilitarla. La Globo entraba limpia, gratis y… universal. Una ironía linda: la tele de un gigante extranjero llegaba con inmejorable calidad a Rivera, pero no la tele uruguaya, que directamente no llegaba ni llega…si no fuera por el cable…
Mientras tanto, los canales “uruguayos” 4, 10 y 12, esos que se llenan la boca diciendo que representan al país entero, jamás pusieron una repetidora acá. Ni una antenita, ni un cable pelado, ni una intención. Nada. Para ellos, el país termina en el arroyo Las Piedras. De ahí para arriba somos una foto borrosa, cuando no un mito urbano. Y eso que son “televisión nacional”.

El cable: el día que por fin aparecimos en el mapa
Cuando el cable aterrizó en Rivera y en todo el Interior, la cosa fue una revolución. Al fin íbamos a ver lo que pasaba en la capital y no enterarnos de todo y con imágenes con un día de atraso por el diario, como ocurría antes de Internet, cuando el chisme viajaba más lento que el tren Tacoma. Igual si vivías en la campaña del interior, la tele no llegaría hasta muchos años después con la televisión satelital, y la única forma de conocer las noticias era sintonizar entre estática y zumbidos, la radio
Gracias al convenio con los cables, los tres canales montevideanos por fin se dignaron a mostrar su señal al «canariaje» y «bayanaje» más allá del muro invisible del centralismo. Por primera vez podíamos mirar el noticiero de la capital en directo y a colores.
Pero como pasa siempre con las cosas buenas en Uruguay, llegó el momento, en 2022/2023 en que esos canales desaparecieron, se esfumaron más rápido que un político cuando le querés pedir un favor.

El lío de la guita: 2022, 2023 y la novela eterna del centralismo
Cuando Equital (la empresa que representa a los canales de Montevideo) se agarró de las mechas con los cables del Interior queriendo cobrarles un precio abusivo, terminó todo como uno se imagina cuando la plata manda: nos apagaron la tele.
Otra vez en cero. Otra vez pagando (caro) un servicio que no tenía lo que la gente necesitaba: ver a los protagonistas de las noticias y en muchos casos, conocerlos, porque su presencia en el interior era/es esporádica y no siempre había/hay posibilidades de ir a verlos o escucharlos personalmente. Asi que, nos quitaron los canales montevideanos y los cableoperadores perdieron clientes como agua entre los dedos. Nadie quiere pagar mucho, por menos.

Y acá estamos de vuelta, atrapados de nuevo en un loop televisivo que no termina nunca. Si no se arregla el asunto antes del 15 de diciembre, chau señales del 4, 10 y 12 para todo el Interior. Los cables del Interior están al borde del nocaut. No pueden perder ni un cliente más; bastante tienen con competir contra internet, el streaming, el IPTV o las antenas satelitales, esas que las autoridades persiguen a pedido de los mismos cables, que las ven como competencia desleal. Tampoco pueden subir la mensualidad, porque la gente ya anda ajustada y paga un numerito que duele. Y ni hablar de explicarle al usuario que “no es culpa nuestra”. El abonado paga y listo, y no quiere saber de internas ni de líos empresariales. Y ojo: esto no es una defensa de los cables. Defender al cable, así como están las cosas, sería abrazar el síndrome de Estocolmo con entusiasmo. NO. Es un reclamo por la democratización de los medios. Si los canales capitalinos no tienen alcance o no quieren invertir en infraestructura para que su señal llegue a 500 kilómetros de Montevideo, bueno, se acepta como parte del juego. Pero si de alguna manera logran llegar, deberían ser gratuitos o, al menos, accesibles. Pero eso los tiene sin cuidado. En Montevideo, los canales siguen jugando al país de un solo barrio. Para ellos, el Interior existe a conveniencia: cuando precisan rating, un toque de color local para rellenar el informativo, o una forma de recaudar más sin tener que salir a vender publicidad.

El cuento es siempre el mismo
Centralismo mata Interior.
La capital decide, el Interior paga.
Los canales cobran, el Interior mira cuando puede.
Y cada tanto, cuando quieren engordar sus cuentas bancarias, aumentan sus precios, y si los cables no se someten a su extorsión abusiva, les cortan la señal y los usuarios del interior perdemos.
Al final, la historia se repite porque nadie, en  su superioridad montevideana  se digna en prender una antena que mire un poquito para el norte.

Y ojo, que si hay un canal que por lo menos intenta ser verdaderamente nacional, ese es el 5. Con todas sus limitaciones, con su estética a veces medio vintage y su estilo más estatal que estelar, el 5 por lo menos tiene antenas en las capitales departamentales. Llega. Existe. No nos mira de lejos como quien mira un mapa viejo donde arriba solo dice “territorio inexplorado”. Y eso, en un país donde la televisión privada parece creer que después de Tres Cruces hay un desierto y luego Brasil, ya es casi un acto de rebeldía. Podés sintonizarlo tranquilo hasta que por algún «recorte de gastos» del gobierno de turno también nos lo quiten. Pero mientras no ocurra eso, no te cobra, no te chantajea, no te amenaza con apagarte la pantalla si los del interior respiramos un poco más de lo debido. Capaz que no es el canal que todos aman, pero al menos hace el esfuerzo de estar presente, que ya es más de lo que pueden decir los otros tres, esos que todavía creen que Uruguay es un monólogo capitalino.

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