Parece que el espíritu navideño en Uruguay no trajo paz, sino más bien un festival de plomo y “buenas intenciones” para un futuro que, como siempre, nunca llega.
Navidad en rojo: Uruguay y el brindis con pólvora
Mientras las familias uruguayas intentaban digerir el asado y el pan dulce, en distintos barrios de Montevideo y el interior se celebraba otra tradición ya consolidada: el intercambio de proyectiles. Entre el 24 y el 26 de diciembre de 2025 quedó confirmado que la “inseguridad” no es una sensación térmica, sino una realidad que quema más que el calor del verano.
Hubo para todos los gustos: balaceras en Tres Ombúes que dejaron hermanos muertos y varios heridos; ejecuciones en plena vía pública en Cerro Norte, Peñarol y Borro. La prensa apenas daba abasto para actualizar el contador de cadáveres bajo el arbolito. Pero tranquilidad: el Ministerio del Interior lo tiene todo “bajo control”… o, al menos, tiene muy bien aceitada la agenda para 2026.
La gestión de Carlos Negro: un nombre, un presagio
El ministro Carlos Negro ha demostrado que su apellido no es solo un dato en la cédula, sino una descripción bastante poética del panorama de seguridad que nos deja. Durante todo 2025, el Ministerio parece haber funcionado bajo la modalidad de “teletrabajo espiritual”: están, pero nadie los ve actuar.
La estrategia del ministro ha sido de una parsimonia digna de estudio. Mientras las bandas narco redibujan Montevideo a fuerza de ráfagas, Negro nos pide paciencia. Su gran promesa, la obra cumbre de la procrastinación estatal, es el Plan Nacional de Seguridad Pública, que, con la velocidad de una tortuga con reumatismo, recién empezará a implementarse en marzo de 2026.
“No hay apuro”, parece ser el lema. Total, 2025 fue solo un año de “diagnóstico” y “mesas de diálogo”. Porque, claro, para frenar una balacera en curso nada mejor que una validación social y un PowerPoint con evidencia científica proyectado sobre la escena del crimen.
Amigos, conocidos y algún que otro capaz
La tan mentada excelencia técnica citada repetidamente por los altos mandos gubernamentales fue reemplazada por el coeficiente de amistad. La selección de ministros y mandos medios siguió la tradición más firme de nuestra política: el acomodo. Primero los compañeros de militancia, después los amigos del asado; el currículum puede esperar.
Es casi enternecedor ver cómo se llenan cargos con personas cuya principal credencial es saber cebar mate en la sede partidaria, mientras el país se desangra. El resultado es un equipo que, ante la crisis, reacciona con la agilidad mental de un caracol que ha tomado toda la cerveza que le dejaron como cebo para eliminarlo.
El resumen del optimismo uruguayo
Para quienes todavía esperan un cambio, recordemos las acciones concretas implementadas en materia de inseguridad hasta finales de 2025:
• Homicidios: observación.
• Robos, hurtos y rapiñas: comprensión social; no olvidar que los delincuentes también son víctimas.
• Narcotráfico: mesas de diálogo. Muchas mesas. Muchísimo diálogo.
Con este negro panorama, si el 31 de diciembre a medianoche escuchás explosiones, no son fuegos artificiales: es la gestión del Ministerio del Interior celebrando otra meta incumplida. ¡Felicidades a los sobrevivientes!
