La última palabra

Hubo una vez una opinión. Nada heroico ni épico: apenas una opinión con WiFi y mate tibio al lado del teclado. Alguien la escribió, otro la leyó y un tercero respiró hondo antes de contestar. Entonces apareció la palabra moderna. No argumento, no réplica, no hilo aclaratorio de veinte tweets. DENUNCIA.

Al principio la palabra era seria. Se reservaba para amenazas reales, daños concretos, gente que cruzaba líneas gruesas, fluorescentes, imposibles de ignorar. Pero con el tiempo las líneas empezaron a afinarse. Una ironía podía ser provocación. La provocación podía ser agravio. El agravio podía ser violencia simbólica. Y la violencia simbólica, por supuesto, podía ser delito. Y delito, naturalmente, era DENUNCIA.

Entonces empezamos a traducirnos al idioma seguro. Donde antes alguien escribía corrupción, ahora prefería irregularidad. Donde decía incompetencia, mejor descoordinación. Donde decía mentira, mejor relato alternativo. Donde decía acomodo, mejor confianza política. Y si confianza empezaba a generar desconfianza, también era DENUNCIA.

El lenguaje se volvió responsable. Después prudente. Después estratégico. Después inofensivo. Y finalmente ornamental. Ya no se acusa: se sugiere. Ya no se señala: se comparte preocupación. Ya no se critica: se invita a reflexionar. Y si reflexionar suena irónico, DENUNCIA.

La conversación pública empezó a ponerse liviana. Muy liviana. Liviana como comunicado de viernes a las siete de la tarde. Una palabra menos, otra menos, otra menos, hasta que opinar se volvió una actividad de riesgo moderado.

Entonces apareció el método preventivo: antes de publicar, revisar; antes de revisar, consultar; antes de consultar, borrar. Si una palabra puede molestar, sustituirla. Si un concepto puede incomodar, suavizarlo. Si una frase puede ser interpretada, eliminarla.

¿Con qué reemplazamos todo?

Con DENUNCIA.

Así, gobierno puede ser DENUNCIA. Oposición puede ser DENUNCIA. Periodista puede ser DENUNCIA. Ciudadano puede ser DENUNCIA. Meme puede ser DENUNCIA. Mucho más práctico, más higiénico y más institucional.

Pronto no habrá críticas, ni sátiras, ni sospechas, ni preguntas incómodas, ni chistes fuera de horario administrativo. El diccionario se simplificará: una sola palabra, sin matices, sin adjetivos, sin riesgo.

DENUNCIA para afirmar.
DENUNCIA para negar.
DENUNCIA para debatir.
DENUNCIA para educar.
DENUNCIA para disciplinar.

Y cuando alguien pregunte si todavía se puede decir lo que uno piensa, responderemos con tranquilidad cívica, tono moderado y respeto institucional:

LO HABLAMOS EN FISCALÍA.

Hasta la próxima, si es que hay…

@dannyvile

Otros Artículos de Dannyvile:

[b]Sitio alojado en Montevideo Hosting[/b]