El 8M, el PIT CNT y el desprecio a la causa femenina

El 8 de marzo ha pasado de ser un grito de guerra por la dignidad a convertirse en un escaparate de consignas vacías, donde la esencia del sacrificio de aquellas obreras textiles parece diluirse en una marea de oportunismo político.

Originalmente, este día nació para reclamar lo básico: el derecho a la vida, a un salario que no fuera un insulto y a condiciones que no mataran. Sin embargo, en Uruguay, el PIT-CNT ha decidido que la mejor forma de «homenajear» a la mujer es desviar la atención hacia un enemigo externo y conveniente: el imperialismo estadounidense.

Resulta sorprendente, y profundamente irritante, observar cómo una central sindical decide que el 8M es el escenario ideal para una marcha política de esa naturaleza. Se nos intenta vender la idea de que la lucha contra Washington es, de alguna manera, el motor de la liberación femenina.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Para el relato oficial del PIT-CNT, la respuesta es «todo». Para el sentido común, es un secuestro ideológico. Al transformar una jornada de reivindicación de derechos específicos de la mujer en una protesta contra la Casa Blanca, se hace lo siguiente:
Invisibilización del problema real: Se ignora que el acoso, la brecha salarial y la violencia doméstica ocurren aquí, en Uruguay, independientemente de quién esté sentado en el Despacho Oval.
Instrumentalización: Se utiliza el cuerpo y la causa de la mujer como carne de cañón para una agenda ideológica que poco tiene que ver con la equidad de género y mucho con la lealtad a bloques políticos obsoletos.

La retórica sostiene que el «imperialismo» es el padre del patriarcado y el capitalismo. Según esta lógica, si cae el Tío Sam, las mujeres uruguayas mágicamente dejarán de sufrir. Es una narrativa perezosa.

Luchar contra el imperialismo de EE. UU. beneficia a las mujeres solo en la imaginación de quienes necesitan un villano lejano para no mirar las miserias propias.

Mientras el sindicato levanta banderas contra el «Norte Global», las trabajadoras uruguayas siguen lidiando con un sistema que las asfixia e incluso con una dirigencia sindical que sigue siendo, mayoritariamente, un club de hombres.

Es un insulto a la inteligencia sugerir que la liberación de la mujer uruguaya depende de una proclama contra una embajada. Es la máxima expresión del desprecio por la causa femenina: usar su día para validar una agenda de política exterior. El 8 de marzo debería ser para hablar de ellas, de sus deudas internas y de una realidad palpable, no para jugar a la guerra fría en pleno siglo XXI mientras la causa original brilla por su ausencia.

El resultado es una marcha con destino pactado de antemano, en la que las mujeres participan pero no conducen, aparecen pero no deciden, prestan su nombre pero no imponen su agenda. La guerra fría que el PIT-CNT sigue manteniendo tiene sobrevivientes entusiastas en la cúpula. Las deudas concretas con las trabajadoras uruguayas, en cambio, siguen vencidas. Y sin fecha de pago

Otros Artículos de Caalf:

[b]Sitio alojado en Montevideo Hosting[/b]