Las consultas populares de Schrödinger

Anoche tuve un sueño raro. O tal vez no era un sueño. En Uruguay nunca se sabe. Estaba en un laboratorio de física cuántica tratando de entender la política nacional. No parecía el lugar más lógico para hacerlo, pero después pensé que sí: si hay algo que explica el funcionamiento institucional del país es la mecánica cuántica.

En la mesa había una caja. Adentro estaba el famoso gato de Schrödinger. El físico que dirigía el experimento me explicó que el gato estaba simultáneamente vivo y muerto hasta que alguien abría la caja y lo observaba. Yo le dije que entendía perfectamente el concepto, porque en Uruguay pasa algo parecido con las consultas populares.

Un referéndum puede existir y no existir al mismo tiempo.

El científico me miró con interés y tomó nota. Le expliqué que en los años noventa la gente votó contra la privatización de las empresas públicas. Fue un referéndum bastante claro. El pueblo dijo que no. Pero ahora escucho a dirigentes políticos discutir la venta de acciones de esas mismas empresas como si el referéndum fuera un rumor, una leyenda urbana o una experiencia sensorial colectiva que nadie puede confirmar. Entonces el referéndum está y no está. Exactamente como el gato.

El físico se entusiasmó. Dijo que era fascinante, porque implicaba que Uruguay había descubierto una aplicación política de la física cuántica. Le dije que no era la única. Por ejemplo, tenemos la ley de caducidad. Hubo dos consultas populares donde la ciudadanía decidió mantenerla. Sin embargo durante años se discutió cómo ignorar ese resultado sin decir explícitamente que se estaba ignorando. El científico anotaba cada cosa con creciente entusiasmo.

En ese momento abrimos otra caja. Adentro estaba el voto de los uruguayos en el exterior. Ese también tiene comportamiento cuántico. Durante años una parte del sistema político defendió con intensidad casi moral la idea de que la ciudadanía debía decidir en las urnas. Se hizo un plebiscito. La ciudadanía decidió que no. Entonces el voto exterior quedó en un estado curioso: rechazado por el electorado pero defendido políticamente como si el electorado hubiera querido decir otra cosa.

El físico empezó a ponerse nervioso. Dijo que en la física cuántica al menos las reglas son claras. Los estados superpuestos colapsan cuando se observa el sistema. Le expliqué que en Uruguay no. Aquí el estado superpuesto puede durar décadas. El referéndum está vigente cuando conviene citarlo y está derogado cuando conviene olvidarlo.

El científico cerró el cuaderno lentamente. Me dijo que lo que yo describía no era física cuántica. Era algo mucho más complejo. Era política.

En ese momento me desperté. O creo que me desperté. O tal vez todo lo contrario. Porque en mi casa también existen los estados cuánticos. A veces estoy despierto y dormido al mismo tiempo. Todo depende de si mi esposa me está pidiendo que arregle la gotera de la canilla o no. Si me lo está pidiendo, estoy profundamente dormido. Si no me lo está pidiendo, estoy perfectamente despierto. El problema es que, según mi esposa, ese estado cuántico colapsa exactamente en el momento en que ella entra al baño.

Pero cuando me desperté pasó algo todavía más extraño.

Apenas abrí el celular descubrí que el experimento seguía en marcha. Porque Alejandro Sánchez salió a aclarar que defender las empresas públicas no significa dejarlas tal cual están, que algunos neoliberales lo están “abrazando” por querer privatizarlas, pero que él nunca va a estar en ese club.

La idea, según explicó, no sería vender las empresas públicas sino canalizar ahorro privado a través de instrumentos más sofisticados: fideicomisos, obligaciones negociables o sociedades anónimas de propiedad mixta, porque si fuesen solo del Estado los particulares no podrían invertir (¿o estoy errado?). Es más o menos lo mismo, pero con menos olor a Friedman.

Lo cual confirma mi teoría.

En Uruguay el referéndum puede estar vivo y muerto al mismo tiempo.

Y las acciones de las empresas públicas también.

Y ahora que lo pienso, capaz que con las consultas populares pasa lo mismo: existen y no existen al mismo tiempo hasta que un político abre la caja.

Lo que todavía no entiendo es otra cosa.

Si el gato de Schrödinger viviera en Uruguay, ¿también habría que hacer un referéndum para saber si está vivo o muerto?

Hasta la próxima, si es que hay…

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