La ciudad donde nunca alcanza el dinero, aunque cada vez recaude más

Alain Mizrahi

Montevideo tiene el el mayor presupuesto municipal del país, una masa salarial que no para de crecer y un déficit acumulado de casi 500 millones de dólares. La buena noticia es que los festejos de los 300 años salieron bárbaro.

En 2024, la Intendencia de Montevideo gastó $34.751 millones.
De esa cifra, $16.022 millones – el 46% del total – fueron a pagar sueldos.
Solo $5.401 millones, el 15%, llegaron a inversión en infraestructura.
El resto cubrió “gastos de funcionamiento” como electricidad, combustible, servicios tercerizados, … y los USD 55-60 millones anuales que la IM destina a subsidiar un sistema de transporte público que hoy moviliza un 15% menos de pasajeros que en 2019.

La ecuación es simple. Y lleva décadas sin resolverse.

Más nómina, menos barrio

Entre 2012 y 2024, descontada la inflación (el cálculo es mío con datos del INE), los ingresos reales de la Intendencia crecieron un 27%.
Los sueldos reales crecieron un 59%.
La inversión en obras creció un 25%, por debajo incluso del crecimiento de los ingresos.

Dicho de otra manera: de cada peso nuevo que entró a las arcas municipales, más de la mitad terminó en la nómina. La ciudad recibió las migajas.

El resultado de esta aritmética no debería sorprender a nadie que haya prestado atención:
– El déficit anual de 2024 fue de USD 82,6 millones, OCHO VECES el de 2023.
– El déficit acumulado supera los USD 497 millones.
– La Intendencia ha cerrado en rojo todos los años desde 2020, excepto 2022, cuando registró un superávit de $82 millones de pesos – menos de USD 2 millones – que la administración de turno festejó con la algarabía de quien gana el 5 de Oro.

Pero hay un dato que no aparece en los titulares: de esos USD 497 millones acumulados, más de USD 300 millones no son déficits operativos recientes. Son deudas contraídas por fideicomisos de inversión durante la administración de Daniel Martínez (2016-2019) que vivían alegremente fuera del balance hasta que en 2022 el Tribunal de Cuentas obligó a registrarlas. El «shock de inversiones» de aquellos años fue real, pero se financió parcialmente con deuda que tardó años en aparecer en los libros.

El costo del funcionario promedio

$16.022 millones por concepto de sueldo, dividido por 8.400 funcionarios, dividido por 12 meses, da un promedio de $158.948 de costo mensual por funcionario para el empleador. Aclaración necesaria: ese es el costo total para la Intendencia, – sueldos más aportes patronales más beneficios -, no el sueldo líquido que cobra el trabajador.

Para comparar: el ingreso per cápita de los hogares montevideanos en 2024 fue de entre $50.000 y $55.000 mensuales, según la Encuesta Continua de Hogares del INE. Ingreso POR HOGAR, comparado con el sueldo de un funcionario promedio de la IM.

La brecha es de casi tres veces. No es una crítica a ningún funcionario en particular. Es una señal de que la estructura no es sostenible — y de que quien la financia con sus impuestos no termina de verlo reflejado en la recolección de basura de su barrio.

No siempre fue así

Conviene ser justo con la historia. En 2001, bajo la gestión de Mariano Arana, el presupuesto de la Intendencia se distribuía así: 55% en sueldos, 27% en funcionamiento y 9% en inversión (disculpe el lector que la suma no da 100% por los redondeos).

Los números no los aportó la oposición. Los citó el edil nacionalista Osvaldo Abi Saab en la sesión extraordinaria de la Junta Departamental del 12 de setiembre de 2002 tomándolos textualmente de la propia Contadora General Municipal. Abi Saab aprovechó para recordar algo que hacía al caso: apenas dos semanas después de asumir, el propio Arana y el contador Alfredo Asti se habían comprometido ante la Junta en revertir esa composición del gasto. Dos años después, el perfil era el mismo que en 1975.

La conclusión de Abi Saab no tuvo contemplaciones: _»Entonces, quisiera saber dónde está la revolución frenteamplista en materia presupuestal, cuando el presupuesto del 2001 tiene exactamente el mismo perfil que el que se tuvo en la mitad de la dictadura.»_

El problema estructural no nació hoy, lleva décadas. Y lleva décadas siendo señalado, prometido resolver, y no resuelto.

La paradoja histórica

En términos de distribución del gasto, 2024 es mejor que 2001: menos proporción en sueldos (46% vs 55%) y más en inversión (15% vs 9%). Pero en 2001 la Intendencia no acumulaba un déficit de USD 497 millones. Y en 2024 maneja un presupuesto real considerablemente mayor.

El problema mutó. Antes era peor en estructura. Hoy es peor en resultado fiscal. Y el margen para revertirlo se achica cada año.

Que nadie diga que no se puede

Entre 2016 y 2019, con Daniel Martínez como intendente, la Intendencia registró superávit en tres de cuatro años, ejecutó USD 640 millones en inversiones en el quinquenio y llevó la proporción de gasto en obras al 27% del total en 2019. Mismo partido. Mismo sindicato. Mismas reglas de transferencias del gobierno nacional. Resultado radicalmente distinto. Debo atribuírselo a mejores decisiones de gestión.

Lo que muestran nuestros vecinos

Si el argumento es que Montevideo es un caso especial – demasiado grande, demasiado compleja, con demasiadas carencias heredadas, con demasiado lo que sea – vale la pena mirar qué pasa aquí a la vuelta.

Maldonado destinó en 2023 el 34% del gasto en sueldos y el 26% a inversión. Su costo promedio por funcionario fue de $123.840 mensuales, o sea un 28% menos que en Montevideo. Maldonado tiene sus propios problemas fiscales: un déficit acumulado de alrededor de USD 150 millones según el Tribunal de Cuentas; pero invierte proporcionalmente mucho más en obras con menor costo por funcionario.

Canelones, en cambio, es el caso que más incomoda a quienes buscan excusas estructurales. Gobernado por el Frente Amplio desde 2005 – incluyendo los años de Yamandú Orsi -, el departamento canario encadenó once superávits presupuestales consecutivos entre 2013 y 2023. Gestiona unos 600.000 habitantes con ingresos de $10.315 millones en 2022 – menos de un tercio del presupuesto de Montevideo – y año tras año cerró el ejercicio presupuestal en positivo.

El matiz es importante: el superávit de Canelones es presupuestal. Cuando se incorpora el endeudamiento financiero para obras – fideicomisos de USD 44 y USD 22 millones, entre otros – el resultado de 2023 fue negativo según los datos de la OPP. Nadie administra infraestructura sin deuda. Aun así, la secuencia de once años de equilibrio presupuestal no tiene equivalente entre las intendencias uruguayas, y la IM no puede exhibir nada parecido.

La respuesta habitual desde la IM es que el gobierno nacional la asfixia financieramente. Es parcialmente cierto: las transferencias a Montevideo cayeron 21% entre 2019 y 2023. Pero el subdirector de la OPP señaló públicamente que las proporciones de distribución no cambiaron desde el primer gobierno de Tabaré Vázquez. Y Canelones, con las mismas reglas, lleva once superávits presupuestales.

La frutilla de la torta: los 300 años y el silencio administrativo

En enero de 2024, en pleno año electoral y con un déficit que ya empezaba a acelerarse, la Intendencia organizó los festejos por el tricentenario de Montevideo: cinco escenarios, 40 espectáculos, más de 600 artistas. La fiesta costó $21 millones de pesos.

El dato del costo no lo entregó la Intendencia voluntariamente. El Observador presentó un pedido de acceso a la información pública en enero de 2024. La IM pidió una prórroga en febrero, y luego no respondió. Ante un segundo pedido más específico, tampoco respondió. El número final lo aportó la Junta Departamental meses después, a partir de un pedido de informes de la oposición.

Un detalle menor, pero ilustrativo: los festejos se celebraron en 2024 pese a que la fecha fundacional de Montevideo es objeto de disputa entre historiadores – muchos la sitúan en 1726 y no en 1724. La oposición señaló que la elección del año respondía más al calendario electoral que al calendario histórico. La intendenta Cosse zanjó la discusión con una frase que merece preservarse: «Hay que poner cultura en la calle de manera constante.»

La transparencia, como la inversión en infraestructura, tiene sus limitaciones presupuestales.

2025: mejora el número, persiste la estructura

La nueva gestión de Mario Bergara redujo sustantivamente el déficit en 2025. Según el balance fiscal presentado en marzo de 2026, el resultado negativo pasó de aproximadamente USD 60 millones a USD 18 millones en 2025. Una reducción del orden del 70% que merece reconocimiento.

¿Cómo se logró? Con recortes de horas extra, negociaciones con proveedores para reducir pagos sin incumplir contratos, y ajustes generales de gestión. ADEOM, con su habitual vocación anticipatoria, advirtió que los servicios se resentirían.

Lo que no cambió fue la proporción de sueldos. El propio Bergara lo dijo sin rodeos: los salarios representan «entre el 45 y el 49% del presupuesto» y eso es «natural» porque la Intendencia «primordialmente provee servicios.»

Es una definición interesante: la Intendencia de Montevideo existe, según su propio intendente, primordialmente para pagar sueldos. Las obras, la infraestructura, las veredas, el saneamiento – todo eso entra en el porcentaje que queda.

En 2025 el déficit anual bajó. La estructura que lo genera, no. Y el déficit acumulado de USD 497 millones sigue ahí, esperando que alguien decida cómo pagarlo.

100.000 autos más, las mismas calles.

Entre 2021 y principios de 2026, el parque automotor en Montevideo creció en 100.643 vehículos, de 626.940 a 727.527 unidades. Cien mil autos más en cinco años, sobre la misma red vial, con el porcentaje de inversión en infraestructura más bajo en décadas.

La ciudad crece. La inversión que debería acompañarla, no.

La pregunta que nadie responde

El problema de la Intendencia de Montevideo no es ideológico. Es aritmético. Los ingresos suben. La masa salarial sube más rápido. El subsidio al transporte crece mientras cae la demanda. La inversión queda comprimida al mínimo histórico. El déficit se acumula.

Cuando Arana era intendente, los sueldos representaban el 55% del gasto, y aun así no se llegó a este nivel de endeudamiento. Cuando Martínez fue intendente, con los mismos condicionantes, hubo superávit e inversión récord. Cuando Orsi gobernó Canelones, con menos recursos, cerró once años seguidos en positivo en el ejercicio presupuestal.

El problema no es el partido. Tampoco es la ciudad. Es cómo se toman las decisiones dentro de esa ciudad, con ese partido, año tras año.

Mientras tanto, las veredas siguen rotas. Y los festejos por los 300 años quedaron preciosos.

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