Los musulmanes se han lanzado a la conquista del mundo. No se trata de oleadas de combatientes blandiendo armas al grito de «Allahu akbar». Avanzan mediante una arrolladora y persistente oleada que inunda occidente desde mediados del siglo pasado. Ya están aquí y vienen por lo que queda de nosotros. Lo paradójico es que la izquierda se les ha asociado creyendo que saldrán indemnes.
Lo anterior se deduce del informe reservado (accesible en el enlace) del ministerio del Interior francés que de modo anónimo llegó al diario Le Figaro y fue publicado el pasado martes 20 de mayo. Tres días después, el propio ministerio debió publicarlo en su web oficial. El documento describe la infiltración islamista en la sociedad francesa destinada a establecer la Sharia como ley suprema.
De acuerdo con lo expresado por el ministro francés de Interior, el informe había sido encomendado a funcionarios de Inteligencia en abril de 2024. El resultado fue el documento «Hermanos musulmanes e islamismo político en Francia», que describe los métodos de entrismo de esa organización en la sociedad francesa. (Nota: el término entrismo no es aceptado por la RAE, aunque es de amplia aceptación en ámbitos políticos).
Es preciso señalar que en 2014, el exministro David Cameron había encomendado un informe similar sobre el discurso extremista de ciertas organizaciones musulmanas. Observando lo que ocurre en Gran Bretaña, no habría servido de mucho.
El entrismo nuestro de cada día.
Lo que pareciera un escándalo político en realidad no lo es. El entrismo es una antigua herramienta de la doctrina trotskista, utilizada inicialmente por estos, y luego por múltiples organizaciones y partidos políticos. Consiste en que sus miembros se afilien, ingresen o mimeticen en los partidos políticos importantes o de mayor volumen electoral. Una vez dentro, constituyen grupos o sectores que paulatinamente adoptan posturas más radicalizadas o disidentes en cuanto a los postulados originales del partido o de sus actuales dirigentes.
Para que esto sea posible, resulta fundamental una debilidad de base institucional y de cohesión ideológica en el partido u organización objetiva. En ese plano, los partidos socialdemócratas o centristas, que adolecen de profundas contradicciones internas y lucen acomplejados de cierto ecumenismo político, resultan presa fácil para el entrismo. Llegado el momento de definiciones, ante las habituales posiciones vacilantes o burocráticas de los dirigentes socialdemócratas o centristas, emergen los sectores entristas con posiciones radicalizadas que captan las voluntades de otros integrantes. La dinámica de los hechos puede llegar a crear condiciones de divisiones o rupturas. Resultados que llevarían a los entristas a liderar un caudal electoral, que no es propio, pero que harán converger con las posiciones de izquierda.
Cualquier similitud con nuestra realidad es obra de la casualidad.
El huevo de la serpiente
Los musulmanes entendieron todo. Cambiemos entrismo político por entrismo en sociedades, y obtendremos el cuadro de situación actual. Leyendo el informe, y a Marietta Simons, que analiza el contenido del documento citado y a quien agradecemos su gentileza en compartir sus conceptos, se obtiene que «el informe no habla de redes terroristas, sino de una estrategia ideológica a largo plazo. El objetivo es reconfigurar la sociedad desde dentro, creando una contra sociedad islamista que influya en los jóvenes, las instituciones y el marco normativo francés». Es buena definición, como veremos.
La islamización de la sociedad es el objetivo de la invasión. Para socavar las bases constitutivas y morales de la misma, se apela al adoctrinamiento temprano a través de las escuelas privadas y confesionales, actividades extraescolares y asociaciones deportivas, donde no solo se enseña, sino que también se va imponiendo una visión del mundo islamista en contraposición a los valores republicanos.
De manera paradójica, la socialdemocracia, principalmente la europea, aunque mundial, no vacila en otorgar subvenciones y ventajas a las asociaciones subversivas. Acepta sin reparos que sus universidades reciban aportes condicionantes desde países o entidades musulmanas (ej.: Harvard). Entre las principales fuentes de financiación, según el informe citado, se destacan la International Islamic Charity Organisation (IICO) y la Qatar Charity, que canalizan fondos millonarios a proyectos educativos, religiosos y sociales ligados a los «Hermanos Musulmanes» en Francia.
Además de insertar militantes en la formación profesional, el islamismo forma a sus propios educadores. Sus manuales (obtenidos mediante allanamientos) legitiman el antisemitismo, la yihad y denigran la condición de mujer, entre otros oprobios, todo bajo una erudita apariencia académica. Forman a jóvenes dirigentes en todos los niveles: imanes, activistas, juristas, comunicadores, preparados para infiltrarse en instituciones, medios y ONG. Conformándose, de esta manera, una élite muy activa que difunde preceptos contrarios a los fundamentos de la civilización occidental.
En general, coinciden en que la democracia y la república como forma de gobierno son instituciones decadentes. No oponen algo superador, sino un retroceso a organizaciones de gobierno y sociales pre medievales. Según ellos, occidente ha pasado a ser el símbolo máximo de la degradación moral. Lo «woke» es confluente con este discurso. Demostrando la connivencia de la izquierda. Todo esto es posible por la permeabilidad e inocencia de la sociedad actual y la condescendencia de sus dirigentes.
El velo como arma
Afirma Marietta Simons: «El informe lo deja muy claro: la mujer con el velo es una figura política. Su sola presencia actúa como afirmación ideológica, como ruptura con los códigos comunes europeos. Cuantas más mujeres veladas ocupen el espacio público, más legitimidad visual gana el proyecto islamista. No es emancipación, es una ocupación estética con reglas: cubrirse, callar, separarse, obedecer. El mensaje es disciplinario, no espiritual. La mujer se convierte en soporte identitario: su imagen vale más que su voz; de hecho, su voz no importa. Lo que no logran imponer con argumentos, lo imponen con presencia y presión social».
Ahora el invasor nos vigila. Su principal arma es la acusación de islamofobia. La función de tales denuncias es acallar voces críticas o disidentes. Al igual que las acciones que realizan o intentan realizar la izquierda y la socialdemocracia. Ninguno de ellos tolera la crítica. «Se describe la islamofobia como un arma discursiva central del islamismo político: permite desactivar críticas, desacreditar la laicidad y silenciar a opositores. Incluso un musulmán que cuestione el dogma será tachado de islamófobo/racista, como si discrepar fuera racismo. Bajo un barniz pseudo antirracista, se impone un relato victimista que bloquea el debate».
¿Son todos los que están?
Este informe, que citamos, se refiere exclusivamente a la organización «Hermanos Musulmanes» y su accionar en Francia. Es aquí donde corresponde preguntarse si todo el mundo musulmán comparte sus objetivos. Al parecer, no sería así. De todos modos, la respuesta a esta incógnita estaría en el ruidoso silencio que mantienen ante la barbarie de sus colegas de religión.
Razika Adnani, autora de «Salir del islamismo», explica en entrevista para Le Figaro que la excusa de: “El islamismo no es el Islam” es una expresión que no tiene base histórica ni teológica. Esta distinción tiene consecuencias nefastas en el terreno de la lucha contra el islamismo, porque protege al Islam de todo espíritu crítico y lo presenta como exento de toda responsabilidad por los problemas de radicalismo que surgen.
Por su parte, la izquierda europea, según se aprecia en los datos de las recientes elecciones francesas, entendió que su futuro electoral se asocia con el voto islamista. Asume, y lo vemos también en América, que la misoginia, homofobia en un sistema patriarcal, machista y religioso, junto con el antisemitismo, son solo acciones confluyentes para acceder al poder. Una actitud tan peligrosa como sangrar entre pirañas.
Lo que no estarían entendiendo estos muchachos es que, después de todos nosotros, seguirán ellos.

