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Tabaco, mesura y datos

11 septiembre, 2022

En la última semana se desató una discusión un tanto bizantina sobre el nuevo decreto sobre el empaquetado del tabaco. Graziano publicó un buen artículo de opinión sobre este tema, titulado «Cigarrillos: la salud pública, las tabacaleras y los contrabandistas.» que les invito a leer clickeando sobre el título. En este artículo me propongo darles una visión un tanto diferente, aunque esencialmente coincidente con su punto de vista.

El decreto de la discordia

Empecemos por el principio: ¿qué decretó el gobierno? Pueden leer Uds. mismos ese documento clickeando sobre este enlace (Decreto_del_Ministerio_de_Industria_Energia_y_Mineria) para obtener el archivo pdf. El decreto es corto y, aparte de su fundamentación, tiene cuatro modificaciones y adiciones importantes al decreto vigente, que enumero a continuación:

  1. Se suprime la frase “la apertura de los paquetes de cigarrillos será tipo abatible o ‘flip top’” del artículo 7, lo que permite otros tipos de empaquetado (apertura superior, por ejemplo).
  2. Se permite envoltura de celofán, con la especificación de que no debe ser transparente y no tener ningún tipo de elemento gráfico (modificación del artículo 8).
  3. La modificación del artículo 10 del decreto anterior permite ahora que en el interior de la caja (no el exterior) y eventualmente en el filtro (de color diferenciado al cigarrillo) pueda inscribirse la marca del producto.
  4. Y, finalmente, el Art. 2 de este propio decreto, incluye una penalización extendida desde el importador al minorista que comercialicen cigarrillos que puedan identificarse como contrabando.

Es muy claro que todas estas medidas están dirigidas a que los productores nacionales puedan identificar su producto (cajas y cigarrillos) de tal forma que dificulte la comercialización de productos de contrabando como si fueran legales. No creo que esas medidas sean suficientes para desalentar el consumo de cigarrillos contrabandeados (que es un tema regido estrictamente por la lógica de mercado, son mucho más baratos que los nacionales) pero apuntan a ello.

Muchas personas opinan que la forma de combatir el contrabando sería bajando el precio de los cigrarrillos nacionales, pero eso obvia el hecho de que tal acción incrementaría la posibilidad de fumar, que es algo que el gobierno quiere combatir.

La pregunta clave ahora es ¿estas medidas afectan realmente el combate al tabaquismo? Para aclararlo tenemos que ver datos.

Evolución del tabaquismo en Uruguay

En primer lugar recurramos a la VII Encuesta Nacional de Drogas_en la Población_General de 2019. Hay ahí (pág. 52) una gráfica muy interesante que les reproduzco. Lo que se ve allí es que la prevalencia vida (es decir el porcentaje de quienes han consumido tabaco en su vida) aumenta de 54.7% a 64.6% entre 2001 y 2018. Las otras dos líneas indican lo que pasó en los últimos 12 meses (baja de 26.8% a 32.7%) y en el último mes (baja de 34.5% a 27.9%). Restando ambos números, se ve que en 2001 un 54.7 – 36.8 = 17.9% habían fumado alguna vez en la vida, pero no en el último año, mientras que en 2018 ese guarismo es 64.6-32.7 = 31.9%. Claramente esto indica que pese al incremento de fumadores nuevos (si no no hubiera subido la primera línea) hay cada vez más personas que dejan de fumar (al menos por un año).

En la página anterior hay también una gráfica interesante. Ahí se muestra la prevalencia de consumo de tabaco en los últimos 30 días por franja etárea. Se ve allí que quienes más consumen tabaco están entre los 26 a 35 años (38.4%) y desciende moderadamente para mayores edades, pero muy marcadamente para los más jóvenes. Si extendemos nuestra mirada a ese sector etario (para lo cual nos sirve la IX Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media vemos que el combate al tabaquismo tuvo un marcado efecto en ese sector.

Mirando la gráfica de la izquierda (aunque los números en las líneas y las barras no son muy coincidentes) es claro que hubo una disminución importantísima en el consumo. Y en este caso las tres líneas son paralelas, es decir que quienes dejan de fumar tabaco no son sustituidos por quienes empiezan a hacerlo.

La parte menos optimista de esta situación es que el fumar tabaco entre los jóvenes ha sido sustituido por el fumar marihuana. Mirando la gráfica de prevalencia de consumo de drogas, a la derecha, hay un porcentaje mayor de jóvenes que fuman marihuana que los que fuman tabaco. Desde el punto de vista de las afecciones relacionadas con el consumo de materiales vegetales en combustión (sea tabaco, marihuana o barba de choclo) tales como el cáncer de pulmón, los datos son poco conclusivos. Algunos estudios muestran que el humo de marihuana no parece producir cáncer de pulmón o colorectal [1,2] mientras que otros estudios discrepan [3]. De cualquier forma, es un aspecto que hay que incluir en la baja de consumo del tabaco entre los jóvenes.

El mismo reporte de estudiantes de secundaria que cité antes contiene la gráfica de la izquierda, que muestra que los jóvenes que fuman marihuana aumentaron un 11% entre 2003 y 2021, lo que claramente no compensa el 25% en que disminuyó el consumo de tabaco, pero lo atenúa. Tampoco aumentó el consumo de alcohol (73% en 2003 y 73% en 2021, con algunas oscilaciones intermedias).

La conclusión es que la política antitabaco fue exitosa, más allá de que no sea posible analizar por separado el efecto de cada uno de los componente de ella sobre la disminución del consumo.

¿Retrocedemos con las nuevas medidas?

Para analizar este punto tenemos que ver cuáles son los datos y las recomendaciones internacionales. Hay dos ideas fundamentales. Una es que el remover todos los logos e identificaciones (particularmente coloridas y atractivas) del paquete (lo que se llama paquete plano) hace que el consumidor consuma menos. El otro es que al poner pictogramas repelentes se desestimule el consumo.

Por supuesto, existen diversos estudios sobre este tema. Uno reciente e interesante es el de Australia [4] donde lo que encontraron es que el empaquetado plano tiene efectos sobre el consumidor. En respuesta al empaquetado plano, los consumidores se movieron desde marcas más caras a cigarrillos más baratos, reduciendo su gasto total y la intensidad de ese gasto. Sin embargo, como ahora gastaban menos, aumentó el consumo de unidades de cigarrillos. Esto es fácilmente asimilable a lo que ocurre con el contrabando. Al ser los de contrabando más baratos y no diferenciables de los uruguayos (en principio) el consumo se corre hacia el contrabando.

Por supuesto que el empaquetado, la marca y los logos con colores atractivos son parte importantísima de la venta y el incremento del consumo. Por lo tanto, siguiendo con Australia, implementar el empaquetado plano tiene lógica [5]. Respecto a los pictogramas desagradables, se ha mostrado usando técnicas de mercadeo (asociación con la marca y consumo simbólico) que reducir el espacio que las marcas tienen disponibles para sus propios diseños tiene sentido para reducir el consumo. Por supuesto que hay muchísimo más publicado, incluyendo cómo el empaquetado plano produce efectos contrarios en el consumo de comida basura que el que produce en el consumo de cigarrillos. Y, por supuesto, que la lógica indica que los productos de marihuana deberían tener el mismo tratamiento que los de tabaco [7].

Discusión y conclusiones

Habiendo visto lo anterior ¿dónde estamos ahora?

  1. El empaquetado plano es importante para reducir el consumo –> ¿Se modificó? Pues no, el empaquetado sigue igual (las marcas pueden introducir identificación sólo dentro de la caja, donde no se ve a priori por el comprador).
  2. Los pictogramas actúan como disuasorios –> ¿Se modificó? Pues no, los pictogramas siguen en su lugar y ocupan el mismo espacio que antes.

Claramente ninguna de las dos modificaciones introducidas varían la situación actual. En cambio, sí pueden introducir un sesgo hacia la disminución del contrabando. El fenómeno del contrabando, relacionado con precios mayores de los cigarrillos legales y con la imposibilidad de difrenciar el producto (incluyendo distintos tipos de fraudes) está siendo objeto de estudios académicos serios [8]. En particular, en Uruguay en 2013 se calculaba que entre el 20% y el 30% de los cigarrillos consumidos eran de contrabando. Y según el subsecretario del MIEM Walter Verri, hoy es del 40%.

En suma, las medidas tomadas tienen un impacto ecnómico (en los ingresos y el empleo en las tabacaleras nacionales) sin afectar, de acuerdo a lo que dicen los estudios internacionales, ninguno de los efectos disuasivos de las cajillas planas, la falta de propaganda y los pictogramas disuasorios.

Concluyo, con Graziano, que es todo una tormenta en un vaso de agua.

 

Referencias

[1] Mia Hashibe; Hal Morgenstern; Yan Cui; Donald P. Tashkin; Zuo-Feng Zhang; Wendy Cozen; Thomas M. Mack; Sander Greenland, Marijuana Use and the Risk of Lung and Upper Aerodigestive Tract Cancers: Results of a Population-Based Case-Control Study, Cancer Epidemiol Biomarkers Prev (2006) 15 (10): 1829–1834. doi.org/10.1158/1055-9965.EPI-06-0330

[2] Robert Melamede, Cannabis and tobacco smoke are not equally carcinogenic, Harm Reduction Journal (2005) 2:21. doi.org/10.1186/1477-7517-2-21

[3] Russell C. Callaghan; Peter Allebeck; Anna Sidorchuk,  Marijuana use and risk of lung cancer: a 40-year cohort study, Cancer Causes & Control (2013) 24, 1811–1820. doi.org/10.1007/s10552-013-0259-0

[4] David Underwood; Sizhong Sun; Riccardo A. M. H. M. Welters,  The effectiveness of plain packaging in discouraging tobacco consumption in Australia, Nature Human Behaviour (2020) 4:1273–1284. doi.org/10.1038/s41562-020-00940-6

[5]  Allison Ford; Crawford Moodie; Gerard Hastings, The role of packaging for consumer products: Understanding the move towards ‘plain’ tobacco packaging, Addiction Research and Theory (2012), 20(4):339–347. doi.org/10.3109/16066359.2011.632700

[6]  Janet Hoek; Philip Gendall; Heather Gifford; Gill Pirikahu; Judith McCool; Gina Pene; Richard Edwards; George Thomson, Tobacco Branding, Plain Packaging, Pictorial Warnings, and Symbolic Consumption, Qualitative Health Research (2011), 22(5):630–639. doi.org/10.1177/1049732311431070

[7] Sarah D. Kowitt; R. Andrew Yockey; Joseph G. L. Lee; Kristen L. Jarman; Camille Kempf Gourdet; Leah M. Ranney, The Impact of Cannabis Packaging Characteristics on Perceptions and Intentions, American Journal of Preventive Medicine (2022) in press. doi.org/10.1016/j.amepre.2022.04.030

[8] Maria Elisabet Pizarro; Gabriel Giacobone; Cinthia Shammah; Michal Stoklosa, Illicit tobacco trade: empty pack survey in eight Argentinean cities, Tobacco Control (2022), 32:623–629. dx.doi.org/10.1136/tobaccocontrol-2020-056405