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Los Delirios de la Tía Cossa

23 septiembre, 2023

Por Oscar N. Ventura

El Tío Cosa fue un popular integrante de La Familia Adams. Interpretado por el actor Félix Silla, se caracterizaba por una prolífica cabellera que no dejaba ver sus rasgos faciales o corporales, los lentes de sol ubicados sobre la pelambrera, y su comunicación con el resto de los integrantes de la familia mediante agudos y extraños balbuceos.

Montevideo no tiene al Tío Cosa, pero tiene su propia Tía Cossa. La intendente de Montevideo también tiene esos extraños balbuceos y una blonda cabellera que, si bien no tan abundante, le bloquea pertinazmente su capacidad de razonar con coherencia. Quizá efecto de los químicos que se usan para decolarar y teñir femeninas cabelleras, ya sabemos que la química es una ciencia muy destructiva.

Nuestra Tía Cossa llegó a la brillante conclusión de que sacando las papeleras de las plazas públicas estas estarán más limpias (acogiéndose a uno de esos ignotos estudios ad hoc que siempre dicen lo que el gobernante de turno quiere que digan). Ninguna mella hizo en su preclaro pensamiento, teñido de futuros más exaltados, el hecho de que en miles de ciudades del mundo, de Maldonado a Rivera, de Madrid a Nueva York, de Honk Kong a Zaragoza o Bilbao, las papeleras sean un mobiliario urbano imprescindible y ubicuo.

 

Montevideo, capitaneada con mano firme e ignorancia manifiesta, exhibe la malla oro de puntera en la avanzada entre las incultas e incivilizadas ciudades de Europa, USA, Asia y lugares intermedios, suprimiendo esos feos adminículos que servían para que el ciudadano no debiera ponerse en el bolsillo el envoltorio grasiento de la milanesa consumida al mediodía, ni el cremoso envoltorio del helado chorreante, y las servilletas salvadoras de las bocas infantiles.

No, Sres., Sras., y todas las interpolaciones y extrapolaciones pertinentes, Montevideo, faro de luz y cultura en un mundo degenerado, hace que Ud., ciudadano, turista, o simple hurgador en busca de un mendrugo, tenga que recurrir a otras áreas provistas de grasientos, destruidos, y contaminados contenedores, donde con asco y aguantando el aliento depositará su desperdicio. Si los encuentra, claro.

No satisfecha con tal idea digna de un Premio Nobel de urbanismo y organización territorial, nuestra Tía Cossa ha pergeñado ahora una idea aun más rutilante en su inefable afán de convertir a Montevideo en una ciudad agresiva, congestionada, y peligrosa. Basándose en profundos y sesudos estudios que, por supuesto, están tan escondidos como el que justificara el derribo de la casa de Arthur Dent (de recordada fama en La Guía del Autoestopista Galáctico), nuestra suprema rectora del territorio departamental ha decidido regalarnos una magnífica ciclovía doble.

¡Genial idea! pensarán Uds., pequeños saltamontes ingenuos y crédulos. Pues no, resulta que, nuevamente, inspirada en contradecir a las decenas de miles de ciudades que, idiotamente, ponen las ciclovías sobre los lados de las calles, ya sea prohibiendo el estacionamiento u ocupando el lado de la acera del estacionamiento de aquellos, ha decidido innovar instalando las ciclovías… en el medio de 18 de Julio. Imitando a la Avenida Pennsylvania de Washington que se ve en la imagen a la izquierda y de la cual se escribió:

«Una pista central para bicicletas de doble sentido, que encaja entre los carriles para vehículos, crea una experiencia de ciclismo angustiosa que requiere vigilancia tanto sobre los peatones que usan los cruces peatonales como sobre los vehículos a ambos lados

Vean la foto y la amplitud de la Ave. Pennsylvania y compárenla con lo que quieren hacer con 18 de Julio, como se ve a la derecha. La Avda. Pennsylvania tiene 8 carrriles anchos, 18 de Julio apenas llega a 6 angostos, de los cuales, como se ve en la imagen, suprimirían uno que es donde se haría la ciclovía de dos manos. El diseño propuesto tiene importantes peculiaridades:

  1. Suprime una senda de salida, lo que implica que, o bien han estudiado que entran hacia el centro más vehículos de los que salen hacia el Obelisco, o la salida estará un 33% más congestionada que la entrada, implicando, entre otras cosas interesantes, que el tiempo transcurrido para ir del centro al Obelisco será más largo (los ómnibus no podrán pasarse uno al otro) y el tránsito de salida más caótico.
  2. Aparentemente se pondrían unos separadores para proteger la integridad de los ciclistas pero, obviamente, estos son obstáculos agregados que provocarán una cantidad de roces toda vez que un ómnibus o un taxi haga alguna maniobra brusca de aquellas a las que nos tienen acostubrados. Si las barreras son rígidas tendremos un aumento de gasto en chapa y pintura, si no lo son, más de un ciclista lesionado.
  3. Fíjense en la forma en que están resueltas las esquinas. Aparentemente sólo se permitirá que las bicicletas doblen hacia la senda de salida (es decir, hacia la derecha las bicicletas que vayan hacia el Obelisco y hacia la izquierda las que vayan hacia el centro, o viceversa). Eso obliga a que los que vienen hacia el centro, si quieren doblar, tengan que cortar tanto el tránsito del carril vehicular (en un caso enfrentado, en otro en el mismo sentido) como también al de las propias bicicletas. Esto obliga, a su vez, a instalar semáforos que no sólo distingan entre el tránsito vehicular y el de las bicicletas, sino el de estas entre sí. Es decir, tendremos que instalar en cada cruce nuevos semáforos con una logística interesante. Verdes, eso sí.
  4. Si se fijan en la «Guía de Diseño Urbano de Ciclovías: Consejos de NACTO para un ciclismo urbano eficiente y seguro.» que me aportara mi amigo [email protected], verán que el diseño para los puntos de doblaje, las cajas de ciclista (bike boxes), son áreas seguras que ponen al ciclista enfrente de los autos para permitirle un tránsito seguro. Totalmente distinto a lo que se muestra en el croquis de este engrendro.

¿Es totalmente imposible hacer ciclovías en medio de las calles? No, claro que no. El mejor ejemplo, ejecutado por la propia intendencia, es la ciclovía en el cantero central de Avda. Italia (que tiene sus propios problemas, pero bueno). 18 de Julio no tiene las características físicas, tecnológicas o de tránsito para instalar una ciclovía como la que se propone. Mucho más razonable serían ciclovías de dirección única, por San José y Colonia respectivamente, entre la acera y la línea de estacionamiento de automóviles. Cumpliría el mismo propósito sin poner en peligro la integridad física de ciclistas, conductores y peatones.

Por supuesto que probablemente la Tía Cossa no me lea, más interesada en sus periplos mundiales y en realizar obras faraónicas (¿pensaron ya cuánto tiempo va a estar interrumpido el tránsito por 18 de Julio para hacer esta obra?) que eventualmente colaboren con su campaña presidencial.

Y, por supuesto también, todo ciclista que muera en un accidente en esa espantosidad deberá cargarse a la herencia de la Tía Cossa.