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La escalada de la fe. 100 días de guerra en Israel.

16 enero, 2024

Escribe Giuliano Giupponi.

 

 

El 7 de octubre del 2023 el espanto se desató en el Medio Oriente. Tras el repugnante ataque terrorista de Hamás, Israel inició los preparativos para adentrarse en la guerra. Ni los más precisos analistas podían imaginar qué fue lo que desataría ese ataque. Mucho menos que serían más de 7 los frentes contra los que confrontaría Israel. Gaza, Cisjordania, Líbano (Hezbollah), Siria, Yemen, Irán, la diplomacia y el TPI.

Primera etapa, el detonante.

 

El detonante fue el ingreso de Arabia Saudita al acuerdo de Abraham. Riad esperaba sellar la paz con Jerusalén y tomar el ejemplo de Egipto, Marruecos, Baréin, etc. y comerciar en vez de lidiar. Ese acuerdo llevaba a otros que involucraba a India y un oleoducto y gasoducto que llevaría el petróleo y gas directo a Europa a través del Mediterráneo.
Dejar fuera de combate a dos de los grandes de la región oriental de Asia, China e Irán, generaría reacciones.
China perdería su posición de la «Ruta de la Seda» en su comercio con Europa e Irán perdería su razón de ser de un gobierno que necesita del conflicto para justificar su represión interna, con un poder muy cuestionado luego de la «Revolución del Velo» y la represión desatada.

Teherán ordenó el ataque con sus proxys e inició un juego de ajedrez muy complejo que tiene un final impredecible y que afecta ya a 4 de los 5 continentes.

Segunda etapa y objetivo cumplido.

 

El objetivo de Hamás y de Irán fue cumplido ampliamente. Aunque los objetivos de ambos son diferentes, tienen su punto de contacto en Israel.

Hamás pretendió desprestigiar a Israel y un gobierno tambaleante, presentando a la única democracia de Medio Oriente como un país genocida y asesino ante el grito de libertad palestino, un engaño muy efectivo y efectista. Para ello empleó la táctica más ruin e inmoral, exponer a su población civil al exterminio por las armas israelitas. La reacción a la bestialidad del ataque palestino fue igualmente brutal, se invadió toda la Franja de Gaza, con el objetivo de exterminar a Hamás.

El dilema fue qué hacer con la población civil, que siendo usada como escudo humano por Hamás, quedó en medio de los bombardeos, con sus consecuencias. A pesar de que Israel usa a rajatabla la táctica de «Roof Knocking», Hamás se encargó de que los civiles, especialmente niños, no evacuaran ante el aviso israelí del punto exacto del bombardeo. Eso nos ha dejado imágenes horrorosas de bajas civiles, entre las que sin dudas se encuentran miles de niños muertos y heridos.

Esas imágenes demolieron la imagen internacional israelí y generaron repudio en amplios sectores de occidente. Las principales capitales del mundo sufren a diario de manifestaciones a favor de Hamás y de Palestina. La mayoría de ellas desafiando los valores, culturales, morales y de convivencia de los países anfitriones, proclamando incluso la caída de occidente entre sus consignas.

La caída en la opinión pública de Israel legitimó en varias partes del mundo el ataque a judíos o a ciudadanos que no apoyan la causa palestina, así se vieron diferentes tipos de pogromos en Los Angeles, New York, Londres, Copenhague, París, Barcelona, Berlín, etc. Esa legitimación desató una furia antisemita contenida por décadas que terminó con la presentación por parte de Sudáfrica de una denuncia por genocidio contra el Estado de Israel y sus gobernantes. Esa denuncia, como tantas otras resoluciones de un organismo que demuestra nuevamente su inutilidad, la ONU, evita mencionar los atroces hechos del 7 de octubre, cuando 1.139 israelíes fueron asesinados de las maneras más brutales e indecibles que se puedan imaginar, unos 3.500 fueron heridos, 247 fueron secuestrados y aún hoy 5 permanecen desaparecidos.

Tercera etapa, ampliación del conflicto.

La invasión a Gaza se produjo de manera razonablemente rápida, teniendo en cuenta la complejidad del entorno y la preparación previa de los terroristas para intentar contener la reacción del Tzahal que se previó acertadamente como rápida y brutal. Hoy más del 45% de Gaza se encuentra bajo control israelí, ese 45% es poco más que escombros. El 55% en manos palestinas contiene al resto de los casi 2 millones de gazatíes, a quienes Egipto impide la evacuación hacia el Sinaí por temor a que se infiltren dentro de Egipto y nuevamente comiencen a atacar Israel desde allí.

 

Instalada la invasión a Gaza, contenidos los ataques de Hezbollah desde el Líbano y Siria y manteniendo a raya las protestas en Cisjordania, Irán activó su siguiente arma, los hutís del Yemen. Teniendo en sus manos el norte del país y luego de 8 años de guerra civil con apoyo militar chino, ruso, pero fundamentalmente iraní, se dispuso a cerrar el Estrecho de Bab el-Mandeb al tráfico comercial global, exceptuando barcos chinos y rusos.

Dejando de lado la retórica infantil, los hutís, con apoyo militar iraní, comenzaron a hostigar la ruta de comercio del Mar Rojo atacando con drones y misiles todo barco que estuviera a su alcance. A pesar del volumen de ataques, los resultados fueron en extremo magros, aunque la sola amenaza de ataques disparó el precio de fletes y seguros, ya que muchas compañías optaron por tomar la ruta del Cabo de Buena Esperanza, rodeando África para llegar a su destino. 14 días más de navegación con sus costos.
Ante esta situación, EEUU llamó a formar una coalición que asegure el tráfico marítimo. Al llamado se sumaron Reino Unido, Canadá, Australia, Italia, Francia, Países Bajos, Noruega, entre otros.

Se inició un rápido despliegue en el Mar Rojo que logró derribar casi todos los misiles y drones lanzados, aunque la amenaza continuó siendo real y el despliegue se tuvo que ampliar.
Con la llegada del Uss Dwight D. Eisenhower a la zona, la Task Force tomó forma y comando hasta llegar al 11 de enero.

Cuarta etapa, diversificación de la contienda.

El 11 de enero, la Task Force del Uss Dwight D. Eisenhower y una escuadrilla británica desde Chipre atacaron diversos blancos en Yemen, bases de radar, depósitos de armas, almacenes militares, bases de las milicias, aeropuertos, puertos, zonas de lanzamiento de misiles y drones, y diversa infraestructura militar y logística fueron atacados. Misiles y misiones aéreas fueron empleados. F/A-18F y Eurofighter Typhoon se desplegaron para lanzar misiles antirradares y bombas de precisión Paveway IV que golpearon el territorio hutí.

Según se informó, se lanzaron entre 70 y 80 misiles Tomahawk que golpearon y destruyeron diversos blancos en Sana’a, la capital, Al-Hudayah, principal puerto hutí, Zabid, Taiz, Dhamar, Sa’dah, Sayyan, Al Hazm. Las misiones fueron exitosas, y la respuesta antiaérea fue casi nula.

Por parte de la coalición no se dieron cifras de bajas hutís, pero los hutís informaron 5 muertos y 7 heridos leves, aunque no parecen cifras reales.
Es probable que la capacidad de ataque hutí haya sido disminuida, pero de ninguna manera eliminada.

Como respuesta a los bombardeos sobre Yemen, y que el gobierno iraní responsabiliza a Israel por el ataque en Kerman llevado a cabo por ISIS, Teherán el día 15 de enero ataco desde Basora, la base militar de EEUU, el consulado de EEUU y supuestas oficinas del Mossad en Erbil, al norte de Irak. Al menos 9 misiles Fateh 110 fueron lanzados junto a una decena de drones Shahed.

Y aunque algunos misiles cayeron cerca de la base militar estadounidense en el aeropuerto de Erbil y cerca del consulado, los que sí dieron en el blanco fueron los dos que demolieron la mansión del empresario petrolero kurdo Peshraw Dizayee, quien resulto muerto junto a su esposa y al menos otras dos personas en el ataque. Este empresario era el principal exportador de crudo iraquí con destino a Israel. El ataque fue asumido por la Guardia Revolucionaria iraní. Se cree que fue el empresario el objetivo del ataque iraní para mermar logísticamente a uno de los enemigos de Irán.

Quinta etapa?

Claramente, Irán pretende que el conflicto que inició el 7 de octubre a través de Hamás se extienda a la región y que se involucren varios países OTAN y aliados más. A pesar de las consecuencias, Irán y sus proxys han preparado a sus Basij, niños soldados, para un conflicto al que no se le ve claramente ni un fin, ni un final.

Así, Irán podría aprovechar el actual momento de estrés de la cadena industrial militar de occidente que opera al límite de su capacidad, al tiempo que lucha por ampliarse aún más, abasteciendo a Ucrania e Israel y tomando previsiones por conflictos latentes en Corea y Taiwán. Esa ventana de oportunidad para Irán puede lograr que la teocracia chiíta pueda consolidar su poder en la región en una hoy aparente e impensada alianza por conveniencia con los Hermanos Musulmanes que gobiernan Turquía y que ambicionan quedarse con gran parte del Kurdistán iraquí y sirio.
También intentan sacar rédito del momento de confusión y falta de liderazgo que las elecciones en EEUU le han impreso a su política exterior, bloqueando ayudas bélicas a los países mencionados, en especial del ala trumpista del Senado.

En medio de esto, China espera paciente para resolver por las armas el conflicto de una sola China y que EEUU no tenga la capacidad de responder a pesar de su presencia en la región. Mientras que Taiwán espera por un mejor futuro que el actual.

En la medida que Trump se acerca a la Casa Blanca, el apoyo a Ucrania se diluye y la colaboración con Israel se dilata. Eso es aprovechado por los enemigos de occidente, Rusia, Irán y sus simpatizantes y aliados para empujar una situación que los favorece. Perece que los nuevos Balcanes están entre el Golfo Pérsico y el Mar Rojo, esperemos que se puedan atenuar las ansias de guerra que algunos países están imprimiéndole al mundo y que nos podría empujar a un holocausto nuclear.